PARTIDO JUSTICIALISTA: LA UNIDAD DE LOS IGUALES. -Primera Parte- (por Nicolás Roberto Juárez Campos -miembro fundador del Grupo Yatasto-)

EL MILAGRO PERONISTA

Escribo con la amarga convicción de que hemos perdido casi tres décadas. Son demasiados años sin resolver esta cuestión como para pretender no pagar precio alguno. Pese a ello, el “milagro peronista” es haber permanecido. Busquemos la respuesta, entonces, en el mismo general Perón. Lo dice claramente en su Actualización Doctrinaria: “Si aparece un hombre que me pueda reemplazar a mi, no habrá problemas; si no aparece ese hombre es indispensable reemplazarlo con una organización….El hombre que dirige una revolución necesita de una organización. Debemos buscar la forma de vencer el tiempo”.

Permanece y permanecerá el Perón doctrina, pero hay que cubrir el  vacío dejado por el Perón conductor. Aceptemos la realidad: Después de Perón. . . los peronistas. La lealtad al general se expresa hoy trabajando por la organización del Movimiento y el Partido. La única conducción posible es hoy la organización.

Hay una generación peronista que sabe qué es la organización política. Es la juventud del general, aquella que lo acompaño en el largo exilio y protagonizó, junto a los trabajadores de la “columna vertebral”, el  triunfo, porque el regreso fue el triunfo de Perón y de esas camadas de la juventud argentina. En esos militantes con vocación y experiencia orgánicas está el germen de la organización que el peronismo espera y reclama.

Hay que asumir el compromiso que la hora impone. Desoír los cantos de sirena que convocan a derivas, a divisiones, que ya nos arrastraron más de una vez al fracaso y la vergüenza. No nos debe interesar la supuesta “organicidad” de algunos sectores, ni la falsa representatividad de los paracaidistas, ni el gatopardismo renovador de los falsos tecnócratas.

En Salta, hay una generación de militantes peronistas, protagonistas de la larga epopeya que eclosiona en octubre/2007, que sobrevivió estoicamente “afuera” del “aparato” partidario mientras al PJ lo vaciaban ideológicamente los burócratas de turno, sin negar su calidad de peronistas, que fue carne de cañón en las internas y que hizo campañas electorales para algunos que no lo merecían.

Es la militancia peronista que en Octubre/2007 contribuyó al triunfo del compañero Juan Manuel Urtubey y hoy se organiza sabiendo lo que muchos otros se empeñaron en ignorar, utilizando la liturgia “peronista” y negándolo a Perón: Que solo merecen conducir aquellos militantes que buscan el triunfo únicamente sobre los enemigos de nuestro pueblo y nunca sobre la simple derrota de otros compañeros.

CUANDO EL CONSENSO  DISFRAZA EL CONFLICTO SOCIAL

La Escuela de Frankfurt, encabezada por el filósofo neomarxista Jürgen Habermas, impuso hace más de treinta años a las democracias occidentales la teoría del consenso. Esto dio por resultado que “el consenso o acuerdo de los grandes partidos políticos” y las múltiples “mesas de consenso social” patrocinadas por los lobbies e instituciones de la sociedad civil, se transformaran en el fundamento moral de nuestras menguadas democracias.

Así nada cambió, solo se transformó la genuina representación democrática y el sufragio universal y secreto en una verdadera farsa, porque vienen a justificar las decisiones ya tomadas de antemano por el acuerdo de los grandes partidos y los grupos económicos que sostienen su accionar.

Para revertir esta situación surge entonces el disenso, en su función ético-política por antonomasia, como origen de la legitimidad política de la democracia pluralista y participativa. No ya democracia acuerdista, de pactos o logias que se caracterizan por tomar las decisiones antes de la deliberación, transformando la deliberación de las partes en un simulacro pour la galerie. El disenso es el origen del pensamiento y la conducta alternativa al orden o la normalidad constituida. El disenso enriquece el obrar humano y consolida una sociedad plural, al mismo tiempo que invalida cualquier intento homogeneizador o totalitario.

Muchos militantes peronistas sostenemos que el disenso, sobre todo desde las sociedades dependientes, es lo que permite crear teoría crítica, tanto en ciencias sociales como en filosofía y la limitación de ambas disciplinas radicaba hasta el 2003, en esta incapacidad de pensar críticamente.

El disenso nos permite explicar la vigencia de  un pensamiento único que tiene su proyección política en lo políticamente correcto, sea a través del progresismo socialdemócrata, sea en el neoliberalismo conservador, los dos brazos de la tenaza político-ideológica que aprisiona al mundo que comenzó en el siglo XXI.

Durante años en el PJ salteño ha primado el consenso de los grupos económicos que sustentaban las gestiones gubernamentales, disfrazando los conflictos sociales con la retórica del consenso. Los problemas sociales se discurseaban pero no se resolvían. Esa “unidad” de sectores en el PJ- tan proclamada durante años- que tenía su fundamento en el pensamiento consensual, ha concluido en un estruendoso fracaso en Octubre/2007: los diferentes consensos en el PJ terminaban haciendo lo que imponía el neoliberalismo conservador, siendo su consecuencia en la gestión gubernamental: mayor injusticia, pobreza, desempleo, marginalidad, menor educación, salud, etc.

UNA CATEGORIA DEL PENSAMIENTO POPULAR

El disenso que proponemos se instaure en el PJ a partir de noviembre, es estructuralmente una categoría del pensamiento popular, en tanto que el consenso es una apropiación de la izquierda progresista - históricamente alejada de lo popular - para lograr la democracia deliberativa que tiene mucho de ilustrada  y también, aunque en otro sentido, una apropiación del liberalismo como acuerdo de los poderosos (G8, Davos, FMI, Comisión Trilateral, Bildelbergers, etc.).

El disenso niega el monopolio de la productividad de sentido a los grupos o lobbies de poder, para reservarla al pueblo en su conjunto, más allá de la partidocracia política.

La alternativa que proponemos es pensar a partir del arraigo de nuestras identidades nacionales, que conforman la ecúmene hispanoamericana, sumergiéndonos en la idea política y cultural de gran espacio, de Patria Grande, de nuestro genius loci dijera Virgilio. Es desde los movimientos populares que se realiza la oposición real a las oligarquías financieras transnacionales y al imperialismo desterritorializado. La ecúmene hispanoamericana es, sustancialmente, disyuntiva al nuevo orden mundial. Samuel Huntington, ideólogo del hombre white, anglosaxon and protestans, sostiene que el mundo hispano es el enemigo de la unidad e identidad estadounidense y no sólo porque lo penetra con miles de inmigrantes, sino porque sus valores son disímiles, distintos, diferentes.

Así el pensamiento consensual nos dice que la crisis de representatividad política radica en la corrupción de los políticos y propone múltiples mecanismos para purificarlos (eliminación de listas sábanas, no repetición de los mandatos, declaraciones juradas de bienes, etc.), que no son de suyo malos, pero no llegan al meollo del problema, pues son pensados desde el pensamiento conformista, consensual. Por el contrario pensar desde el disenso, implica caracterizar la crisis de representatividad, desde la anulación de la política, dado que había cesado el principio de soberanía de las naciones.

La mutilación de la idea de soberanía nacional, archivando el principio que nada hay sobre la nación más que la nación misma, anuló toda política nacional autónoma. ¿De qué servía elegir, mejorando los mecanismos de representación, hipotéticamente a los mejores, si las decisiones políticas se tomaban desde los centros de producción de sentido que nos eran ajenos? Claro está, que el consenso - aquel status questionis al que debería arribar el disenso- ya había sido establecido de antemano, por los poderes indirectos o los lobbies ajenos a los intereses de los pueblos.

El consenso y sus cultores, la izquierda progresista y el neoliberalismo, siempre ha quedado atado a la idea contrato social, por eso hoy los más “revolucionarios” proponen un nuevo contrato social, como solución a los problemas actuales.

Por el contrario, los peronistas proponemos el disenso práctico- político desde las comunidades, es decir, aquellos conjuntos de hombres y mujeres que no sólo comparten leyes, lenguas y creencias, sino también valores y vivencias históricas- luchas por ser en el mundo-  que son las respuestas que se están dando, punto a punto al modelo de one world, desde el gobierno nacional y provincial.

En el PJ debemos lograr una interpretación genuina de lo que nos acontece y sucede, no filtrada por ideologías extrañas al pensamiento nacional, popular e industrialista del peronismo. Esto último sólo nos lo permite el disenso como método, sobre todo dado nuestro carácter de ecúmene iberoamericana, para entender las razones por las cuales el pensamiento emancipador de nuestro tiempo tiene su hogar en lo que José Martí apropiadamente denominaba “nuestra América” y no en las metrópolis imperiales. Queremos mucha participación en la vida interna partidaria para que los dirigentes sean los más representativos, de la Argentina del Bicentenario.

Para desarrollar una fecunda síntesis teórica y práctica, capaz de promover y facilitar los procesos emancipatorios, los dirigentes peronistas “bicentenaristas”  y el pensamiento crítico suramericano deberán navegar por un océano erizado de toda clase de acechanzas, pero también pletórico de grandes promesas. Solo el disenso en el debate de ideas y acciones a instrumentar, nos permitirá constituir en el peronismo un valiosísimo e indispensable mapa de navegación.

MEJOR EL CONFLICTO QUE EL ANTAGONISMO

La politóloga belga Chantal Mouffe analiza la Argentina y el escenario internacional, bajo la lógica de su idea “agonista” de la disputa política en las sociedades democráticas. Afirma que lo político se construye a través de lo que denomina un “consenso conflictivo” entre diversos actores, entendiendo que hay principios éticos-políticos que van a ser interpretados de manera distinta y que eso es algo positivo, que no hay que tratar de llegar a una sola interpretación. Por el contrario, sostiene, si el conflicto no asume una forma agonista (de combate) puede volverse un antagonismo peligroso.

Agrega la politóloga que “si uno quiere avanzar en la política democrática es necesario definir a un adversario, al que se le reconocen su legitimidad y ciertas reglas...”. En la Argentina, “… la que mantiene un discurso antagónico, es la oposición que trata de deslegitimar y tener una posición frontal todo el tiempo…”.

En el PJ a construir, el debate político también debe asumir una forma “agonista”, permitiendo que distintos proyectos se enfrenten. Hay adversarios porque hay poderes que es necesario poner en cuestión. La democracia no significa, como bien afirma Chantal Mouffe, llegar al consenso a toda costa. Cuando se arriba a él, es desde el disenso.

En la democracia no todos los conflictos tienen que darse sobre la base de la lógica “amigo-enemigo”. El otro no es un enemigo a destruir, es - sobre la base de una relación agonística - un adversario.

Esa lógica adversarial es la política y es fundamental cómo se construye esa relación, que garantiza una democracia participativa y no meramente procedimental. El pensamiento liberal es incapaz  de pensar lo político en esos términos, porque desde esa concepción, la política siempre es pensada como administración de intereses económicos.

Lo sustantivo es debatir sobre la acumulación de poder por parte de las clases y grupos subalternos y explotados, la lucha ideológica como factor decisivo para el crecimiento de la organización y voluntad populares y los problemas y dilemas que surgen en torno a la problemática de “hacerse del poder”, reforzando la idea del poder como  dimensión esencial para la producción del cambio social sustantivo. Ninguna transformación estructural de la sociedad salteña puede realizarse si no se construye un nuevo orden estatal, una nueva institucionalidad estatal. Albert Einstein recomendaba: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo...”.

LA DEMOCRACIA Y EL CONFLICTO

En el PJ hay una visión clave que debemos analizar: es el vínculo entre democracia y conflicto. Desde la corporación mediática nos bombardean con la idea de la crispación y de que la política es antagónica al conflicto. Es una estrategia articulada por el establishment para mantener el statu-quo del neoliberalismo conservador. Por el contrario, el conflicto es el núcleo de la democracia; no hay democracia sin conflicto.

La problemática originaria de la democracia, desde los griegos, es el litigio por la igualdad, que significa que en la medida en que existe una descripción que es absolutamente imaginaria respecto de una igualdad que no es natural (porque tanto la igualdad como la desigualdad no son naturales, son construcciones culturales), lo que sostiene la democracia es que el conjunto de sus miembros puede aspirar a la igualdad. Además lo que tenemos son “democracias realmente existentes”, como expresa el politólogo Philippe Schmitter.

Y a partir de esa decisión que inaugura la democracia se inaugura lo político, porque lo político es el lugar de la disputa de los desiguales por la igualdad. Por lo tanto, pensar que el conflicto es antagónico a la democracia es sostener que la desigualdad es el fundamento de toda relación social, no sólo en un sentido material sino también en un sentido simbólico-cultural. Si queremos democratizar algunas dimensiones del sistema, necesariamente tenemos que confrontar con ciertos intereses.

En el PJ salteño el pensamiento único neoliberal, estaba encarnado en muchos dirigentes de conducción y aún hoy continúa vigente en muchas prácticas partidarias y son los responsables del Estado privatizado  que el compañero Urtubey ha heredado sin beneficio de inventario en diciembre/2007. Privatización que se explica, porque el gobierno y el PJ, conducido por “neoliberales”, había travestido su finalidad y trabajaba para los lobbies económicos, sea ejecutando políticas, sea sancionando leyes contrarias al bien común general del pueblo que los llevó al poder. Algunos de esos “dirigentes” todavía pululan en los mentideros políticos, discurseando con apolillados lenguajes rescatados de los arcones de la doctrina de la seguridad nacional y de las retóricas implementadas en los noventa.

Cuando el compañero Urtubey configuró la CAP (Comisión de Acción Política) en el PJ, abrió la caja de Pandora, pero no lo hizo como un mero gesto espectacular, de esos que se agotan en el instante de ser producidos. Lo hizo sabiendo que aquello que se abría contaminará las disputas por el presente, el futuro y el pasado. En Salta se había afianzado un régimen social de acumulación concentrado y excluyente, y la democracia representativa- entendida sólo como un mecanismo formal - lo reprodujo naturalmente, más allá de las buenas o malas intenciones de quienes resultaban electos.

Desde el PJ, en los años noventa, se contribuyó a construir en Salta una sociedad excluyente y un Estado privatizado. Ya Discépolo ilustraba con un ejemplo a Mordisquito: “Había gente que, así como unos hacen tangos, pañoletas o mandados….ellos hacían pobres. ¡Fabricaban pobres…....La verdad es que entre vos y yo la diferencia está en el punto de vista. Porque si los dos vemos la misma realidad y tenemos reacciones distintas es porque uno de nosotros está mirando sin ver…!”. El criterio de “ciudadanía inclusiva”, que solo puede lograrse con una industrialización de pleno empleo, no integraba la agenda gubernamental y partidaria, en los años del “peornismo” menemista.

La utopía del PJ en los noventa, consistía en la pretensión de barnizar las “instituciones democráticas” sin alterar la naturaleza de la factoría colonial agraria de la Provincia de Salta. Por tal razón, dichas instituciones eran sumamente frágiles y vaciadas de protagonismo popular. Se transparentaba desde la gestión gubernamental, una Salta arcaica e inmóvil, la expresión de  la divisa de Augusto Comte: Ni reacción, ni revolución”.

NOSOTROS SOMOS PERONISTAS

Nosotros somos peronistas, no caballeros” afirmaba William Cooke para incentivar a recuperar esos valores que antaño caracterizaron al peronismo: irreverencia ante lo establecido injustamente, compañerismo, solidaridad, ganas de ser mejores y más felices. Muchos compañeros intuimos lo espeso del aire de época y sabemos que el kirchnerismo ha tocado algunas fibras íntimas del poder, quebrando la inercia de la repetición neoliberal y rompiendo la monotonía insoportable de la larga siesta del fin de la historia proclamada a los cuatro vientos por la retórica de la dominación. El kirchnerismo  nos ofrece la imagen de una gramática plebeya y entrañable, permitiéndonos sacudirnos la barbarie de los noventa.

La conducción fáctica del PJ por el compañero Urtubey, aún con las dificultades leguleyas que existieron, inauguró la reintroducción desordenada de la política y del conflicto en una escena partidaria devastada por la neobarbarie del neoliberalismo y el cholulismo gerencial.

Hay que llevarse del consejo de Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar, “inventamos o erramos”. En noviembre, mes de la Soberanía Nacional, y a partir de la asunción  política legítima del PJ por el compañero Urtubey, los justicialistas debemos crear nuevos mecanismos de participación ciudadana y popular. Nuevos referentes culturales. Nuevos proyectos de asociación. Habituarnos al debate agónico y al disenso, convencidos de que la querella en torno del populismo, de sus herencias y legados será una de las grandes batallas cultural- políticas del presente político argentino y suramericano.

Los justicialistas debemos asumir que la correcta defensa de nuestra identidad política y doctrinaria radica en el mantenimiento del ser colectivo de un pueblo en medio del cambio histórico que se produce, alentando todas aquellas expresiones que consoliden y expresen de mejor manera nuestra identidad. Es el aspecto que nos determina en lo que somos, entendido no como una cosa siempre idéntica, sino como aquello que nos hace ser a nosotros mismos.

LA UNIDAD DE LOS IGUALES

Nuestra propuesta es la unidad de los iguales pero partiendo de las premisas que hemos analizado. Nos oponemos a la unidad consensual del neoliberalismo, garantía de continuación de un conservadurismo antiperonista en  la estructura desideologizada del aparato. Debe quedar definitivamente en el pasado el PJ acuerdista, conformista, conciliador, demoliberal, que lo acarreó a su eclipse histórico. El vaciamiento ideológico y doctrinario, transformó a muchos dirigentes, como diría Jauretche, en mediocres, decadentes y tristes.

Durante años la conducción del PJ estuvo en manos de una dirigencia domesticada, cuyo único horizonte eran los cargos públicos a alcanzar para usufructuar las prebendas que el régimen otorga a quienes utiliza como cómplices para encubrir la dominación y la explotación con un manto de representatividad y legitimidad democráticas. “Todos somos iguales” repetía constantemente la dirigencia pejotista adocenada, pero “algunos eran más iguales que los otros”. Esa dirigencia elitista de “operadores” y “gerentes” no debe existir jamás en el PJ, si queremos recuperar el espíritu doctrinario e ideológico del peronismo germinal.

Los “gerentes” instrumentaban desde el PJ, una acción ejecutiva y de ejecutivos, que en el interior del partido causó estragos: se advertía en el auge de esos profesionales vestidos a la moda, pero desnudos de escrúpulos, que buscaban ganar espacio con un nuevo legado basado en que el pueblo peronista, renuncie a los “rituales” desordenados y plebeyos que le dieron vida, y que las masas obreras sean reemplazadas por  grupejos de licenciados cuarentones aromados con perfume francés.

En ese contexto, el establishment le empezó “a dar letra” a la conducción del PJ para dejar de seguir la verdadera letra, la de la doctrina. Si la “derecha empresarial gorila” le vendió un recetario de sofismas económicos, cierta izquierda sindical no se quedo atrás y agitó el cascabel de la necesaria “democratización”- no del partido- sino del movimiento, argumento que omite lo que verdaderamente se busca: convertirlo en un partiducho liberal más, en lo que finalmente se convirtió el Partido Justicialista en los noventa.

TRANSFORMAR LA ESPERA EN ESPERANZA

Éramos briznas de multitud y el alma de todos nos redimía….lo que yo había soñado e intuido durante muchos años estaba allí presente, corpóreo, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto. Eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaban sus tareas de reivindicación” (Raúl Scalabrini Ortiz)

El justicialismo no es “comer tallarines los domingos con la vieja”, como decía Lorenzo Miguel. Tampoco es lo del Mono Gatica, que se contradecía: “Si yo nunca me metí en política, siempre fui peronista...”. El justicialismo es un movimiento revolucionario que nació para transformar la Argentina en un país industrial, inclusivo, igualitario e inserto en la Gran Nación Suramericana. En Octubre del 2007 Urtubey transformo la espera de la siesta medieval, en esperanza de una Salta industrial y justa.

A partir de Noviembre del 2010 la esperanza será la lucidez de la crítica, porque el futuro existe en tanto nos proyectemos hacia él, comprendiendo que “la historia es la política del pasado y la política la historia del presente” (George Winter).

En Octubre/2007 acompañamos al compañero Urtubey a tomar “la Bastilla” del gobierno, ahora, en noviembre conquistaremos el Partido Justicialista y le daremos el contenido ideológico de nuestra Revolución, que es la que nació el 17 de Octubre de 1945, con los “cabecitas negras” humedeciendo sus pies en la fuente de Mayo, transformando a un coronel sindicalista, en el líder popular de un gran movimiento de masas. Debemos nutrir al Justicialismo de ideas, militantes y organización.

El peronismo no nació en nuestra Patria para dar explicaciones racionales a los satisfechos, sino para dar respuesta a los necesitados. Al reconocerlos en lo más hondo de su condición humana, los hizo participar de los bienes de una civilización que ellos creaban. Los liberó de la esclavitud de sus privaciones, y les reconoció el derecho a ser felices, por ser humanos. Por eso, los dignificó, haciéndolos artífices de su propio destino.

Por ello, cuando proponemos la Unidad de los Iguales, nos referimos a los militantes peronistas que tienen un compromiso permanente por la causa popular que el peronismo representa y saben que “la política es lucha”, como escribió alguna vez  Max Weber.

EL CAMBIO ES REVOLUCIONARIO

Todo proceso de transformación de una sociedad que involucre un cambio de sus estructuras para crear condiciones de mayor justicia social, es revolucionario. Por eso el peronismo es una revolución trascendente. La vigencia del peronismo está dada por la transformación que operó en la sociedad argentina y no por los resultados electorales, que fueron consecuencia de esa voluntad transformadora.

Convocamos a todos los militantes peronistas a “barajar y dar de nuevo”, para luchar a partir de Noviembre en el Partido Justicialista, que es el hogar del que nunca nos fuimos espiritual e ideológicamente , por nuestra originalidad, la única e irreemplazable identidad política que nos hace “ser” justicialistas y nada más que justicialistas.

Encontrar esa originalidad, es el mandato histórico de la hora, como magistralmente lo expresa Leopoldo Marechal: “… El surubí le dijo al camalote: / no me dejo llevar por la inercia del agua: / yo remonto el furor de la corriente, / para encontrar la infancia de mi río”.

Salta, 19 de setiembre de 2010. Nicolás R. Juárez Campos

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