UN YRIGOYENISTA NO ES ANTIPERONISTA (por Nicolás Roberto Juárez Campos -miembro fundador del Grupo Yatasto-)

Ante un nuevo aniversario del golpe cívico-militar del 6 de setiembre de 1930 que derroca a Hipólito Yrigoyen, es prioritario buscar en la genealogía del radicalismo histórico, los factores que actualmente continúan obstaculizando el accionar del radicalismo. Sepan disculpar los radicales salteños, que un peronista se meta de buena onda en la historia de “primos hermanos”, porque al fin y al cabo la historia suramericana es una cuestión de familia.

1.- A comienzos del siglo XX, el poeta nicaragüense Rubén Darío denominaba a Buenos Aires la París de América del Sur. La oligarquía argentina, dueña de vacas, granos y de enormes extensiones de tierra, también era propietaria de la alta cultura importada de Francia y la principal protagonista de la belle époque austral. Era la época dorada en que se “tiraba manteca al techo” y una de sus hijas dilectas, la escritora Victoria Ocampo, describía: “... he oído desde la infancia, en los mares de alfalfa y de trigo argentinos, rumor de versos franceses…”.

En la cultura de la elite terrateniente argentina predominaba lo francés, pero en la economía, sustentada en el modelo agroexportador, dominaban los ingleses. Gran Bretaña era importador de las materias primas que se producían en la Argentina y los ingleses eran los dueños de la mayoría de los frigoríficos, los medios de transporte terrestres y marítimos, y los de comunicación argentinos.

En 1916, el intelectual Leopoldo Lugones, que a fines del siglo XIX era un activista afiliado al Partido Socialista Argentino, publicó en el diario La Nación su oda “ a los ganados y a las mieses”, el núcleo de la riqueza de la elite conservadora, produciendo una ruptura con el afrancesamiento de la cultura argentina y desplegando un nacionalismo también de elite, desaprensivo con la “turba” inmigrante. En 1923, Lugones era el orador que en las conferencias patrocinadas por la Liga Patriótica y el Círculo Tradición Argentina, elogiaba a Benito Mussolini. Además, frecuentaba a los militares que, apoyados por los civiles armados de derecha, planeaban el derrocamiento de Yrigoyen. Lugones fue el hombre de consulta del general golpista José Félix Uriburu.

El General industrialista, Juan Domingo Perón, recuerda en sus memorias:”..Lugones se había presentado al general Uriburu en el Jockey Club, y se había ofrecido incondicionalmente, el general pensaba utilizarlo en lo que lo consideraba más útil: escribiendo..”. Hacia principios de 1930, Leopoldo Lugones (hijo), jefe de la policía política, fue célebre en la Argentina por haber usado por primera vez la “picana eléctrica”, que se utilizaba para arrear ganado, en el cuerpo de los opositores políticos, como instrumento de tortura.

En 1938, el escritor Lugones se suicidó. Su nieta Susana “Piri” Lugones, hija del policía, fue la primera mujer del escritor Rodolfo Walsh y como militante de Montoneros, sería secuestrada en 1977 por los comandos terroristas de la Marina, torturada con el instrumento que había inventado su padre y asesinada en la ESMA. La “Piri” solía decir: “Soy la nieta del escritor y la hija del torturador”.

2.- El primer presidente argentino del siglo xx fue el conservador Julio Argentino Roca, devenido en propietario de grandes extensiones de campo luego de su “Campaña al Desierto”, desierto que no era tal, sino que estaba habitada por pueblos originarios, convenientemente diezmados por su afán civilizatorio. Durante su segunda presidencia, en 1902, se sancionó la Ley de Residencia que autorizaba al gobierno a expulsar del país a cualquier extranjero considerado indeseable, sin juicio previo. El fundamento de esta medida persecutoria era que la Argentina no sólo importaba trabajadores, sino también ideologías presentes en las organizaciones sindicales de la época. Ello corrobora la influencia significativa que desempeño la inmigración en la formación de un país plural.

El fin de la hegemonía del conservador Roca fue producto, entre otras cosas, de la creciente politización de los sectores urbanos: la clase media y los obreros inmigrantes. La clase media se nucleaba en la Unión Cívica Radical (UCR), llamada a liderar la transformación del gobierno oligárquico, en un gobierno de democracia representativa, con la incorporación en 1912 de la ley de voto secreto y obligatorio para todos los ciudadanos argentinos (Ley Sáenz Peña).Los inmigrantes fueron el motor de la democratización en nuestro país. Era la Argentina “roja” que la elite dominante combatiría con represiones brutales a las protestas sociales callejeras.

La “nacionalización” de la participación política encumbró al caudillo radical Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen, quien ganó las elecciones presidenciales en 1916. El caudillo popular fue el primer presidente hijo de un inmigrante y el movimiento que encabezó fue la alternativa a la república conservadora. Las presidencias de Yrigoyen priorizaron la intervención del Estado - en una configuración primaria de lo que sería después el Estado de Bienestar- para disputarle a la oligarquía terrateniente su rapaz monopolio de la riqueza básica del país y pretende democratizarla con el control político del gobierno.

Las medidas económicas que implementa Yrigoyen facilitan a la pequeña burguesía rural cierta forma de crédito barato, de transportes, de comercialización. A la pequeña burguesía urbana la defiende con el cargo público, la legislación social, las jubilaciones, la reforma a la ley de arrendamientos. Incentiva la construcción de un sistema financiero nacional basado en bancos oficiales (Banco Agrícola), la creación de una marina mercante, la defensa de la industria forestal, el desarrollo de la red ferroviaria para que no sólo sirviera a los intereses de los exportadores de granos y una intensificación de la explotación nacional de los recursos petroleros. Todas estas decisiones del caudillo se insertan en el cuadro de una política de modernización de la vieja estructura agraria, sin embargo no habia todavía entre sus preocupaciones de gobierno plan alguno para reducir la dependencia industrial del país.

En el período de entreguerras la Argentina continuaba siendo el “granero del mundo”, aunque se iniciaba una lenta crisis del modelo agroexportador y se veía obligada a sustituir importaciones y generar un proceso de industrialización básico. Además, cambiaron las estrategias de los capitales de las principales potencias económicas y, por consiguiente, los capitales británicos y estadounidenses comenzaron a producir en el extranjero para reducir costos de transporte, conseguir materias primas más baratas y fortalecerse en la competencia.

El incipiente proceso de industrialización argentino encontró un importante estímulo en la inversión extranjera. Llegaron al país empresas como Ford, General Motors, Standard Electric, General Electric y Standard Oil, entre otras.

En 1922 se creó la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) y la Argentina sería, a partir de entonces, un país productor de petróleo, con una de las cuencas más ricas del planeta. La lucha por el control de estos recursos y la intervención del Estado a favor de una política industrial nacional, con un mercado interno potente y una distribución de la riqueza más equitativa, estaría en el trasfondo de los sucesivos golpes cívicos-militares del siglo xx, invariablemente fomentados por un sector de la oligarquía terrateniente y de la burguesía agroexportadora, representada por el Ejército.

El primer golpe de Estado de 1930, no tiene su razón predominante, solamente en la puja entre el proyecto nacionalizador yrigoyenista y los intereses de las petroleras extranjeras, especialmente las estadounidenses. Es verdad que los EEUU comenzaban a expandir su “patio trasero”- México y Centroamerica- hacia América del Sur, pero la caída de Yrigoyen también responde a una descomposición mortal del radicalismo.

3.- Como consecuencia de la gran crisis capitalista de 1929, Inglaterra y otros países industrializados decidieron proteger su producción colonial, en tanto que en la Argentina prevalecían lineamientos liberales que daban su apoyo a inversiones de capital estadounidense. En verdad, la propiedad de la tierra y los niveles de rentabilidad obtenidos por el comercio mundial y la industria, no tenían un curso de reinversión en la Argentina.

La elite dominante, antecesora de Hugo Biolcati, de patrón de acumulación rentístico, no sostuvo un proceso de industrialización básica en el país, y cuando se produjo la crisis, el modelo agroexportador colapsó porque la Argentina tenía una situación de absoluta dependencia de la importación de productos manufacturados, y del mercado mundial.

A causa de la recesión mundial, el comercio internacional disminuyó más del 60%, al tiempo que los precios de la producción primaria cayeron abruptamente y la consecuencia inmediata fue un empobrecimiento generalizado de los sectores populares. Aparecen en la zona del Puerto de Buenos Aires las primeras aglomeraciones precarias: los “barrios de las latas”. Se detienen los flujos migratorios, el Estado ya no los impulsa. La elite conservadora argentina no quería, como proclamaba, un crisol de razas: no quería ciudadanos, quería mano de obra barata y sumisa.

El radicalismo de Yrigoyen impidió que las “colonias” extranjeras quedaran acampadas en el país como tales, dando cauce político a los hijos de la inmigración, los hijos del chacarero y del comerciante o profesionales de la nueva hornada, se mezclaron con la corriente nacional que se restauraba. Si su identificación no ha sido total, cúlpese de ello al mitrismo que quedó en posesión de los medios de la cultura y de los instrumentos de vehiculización de las ideas. Pero la base del movimiento yrigoyenista, no la dio solo “la pampa gringa”, sino el criollaje de ascendencia federal y autonomista.

La senilidad del caudillo radical no le impidió enfrentar los designios de la Standard Oil, particularmente en Salta, donde funcionarios del régimen habían proclamado el derecho del “federalismo” para quebrar una política nacional en materia energética. Además tenía el propósito de crear una estructura ferroviaria nacional con los denominados “Ferrocarriles de fomento”, tendientes a desarrollar la economía de las provincias olvidadas del Norte, ferrocarriles que Juan B. Justo llamaría “verdadera carcoma de la riqueza pública”. Yrigoyen se proponía reiniciar la obra del ferrocarril a Huaytiquina, paralizada por el radical conservador antipersonalista de Alvear, durante 6 años.

Esas decisiones de Yrigoyen, de carácter nacionalista agrario y defensivo explican el Convenio celebrado con Gran Bretaña a través de la misión presidida por Lord D’Abernon, que introducía al Estado como protagonista principal en un sector del comercio exterior, estableciendo un tratado de gobierno a gobierno. El gobierno argentino y el inglés se abrían recíprocamente crédito por un valor de 100 millones de pesos durante dos años. Con este sistema se soslayaba a los trusts de comercialización de cereales y carnes, pieza esencial del sistema oligárquico imperial desde hacía medio siglo.

En política exterior, Yrigoyen defendió la neutralidad y la autodeterminación de la Argentina ante el mundo y lo demostró, cuando en presencia del Presidente electo norteamericano Hoover, manifestó el disgusto del gobierno argentino por la ocupación de Nicaragua y Santo Domingo, declarando: ”…los hombres deben ser sagrados para los hombres y los pueblos para los pueblos…” y ordenó al buque de guerra argentino para que saludara únicamente la bandera de Santo Domingo.

El diario “La Fronda”, dirigido por Francisco Uriburu- conspicuo diputado conservador y primo del futuro golpista del 6 de setiembre- aprovecha para injuriar a Yrigoyen desde la derecha y publica con el título “Abrazando a los negritos” un texto de antologia: “… La tiranía enternece a Yrigoyen, sobre todo si es centroamericana, es decir, manejada por negritos mediocres y enfermizos que son de su misma raza y de su misma mentalidad…. Y éstos le retribuirán la fineza con gestos simiescos, colgando de los árboles por la cola..”.

En otra oportunidad analizaremos al radicalismo antipersonalista de Marcelo T.de Alvear. Todas las fuerzas antiyrigoyenistas y antipopulares levantaron la cabeza a partir del momento en que Alvear se hizo cargo del gobierno. Su gabinete era una clara demostración de su “independencia” con respecto al caudillo radical Yrigoyen. Si su ministro de Hacienda Víctor Molina proclamaba orgullosamente su doctrina “librecambista”, la actitud de Alvear hacia la reforma universitaria, el gran movimiento cultural que había apoyado Yrigoyen en 1918, se volvía abiertamente hostil, interviniendo las Universidades Nacionales del Litoral y Córdoba y modificando sus estatutos, que reflejaban las conquistas reformistas. La conspiración antiyrigoyenista se inició en el seno del gobierno de Alvear (1922-28); su ministro de guerra el general Agustín P. Justo, inspiró a la logia militar precursora del levantamiento de 1930.

4.- El golpe de 1930 a Yrigoyen, significó el retorno del conservadurismo al poder. La Corte Suprema de Justicia de la Nación lo avaló, inaugurando una práctica que se repetiría en la historia política argentina del siglo XX. Leopoldo Lugones, resumió el credo golpista: “…Ha sonado otra vez, para el bien del mundo, la hora de la espada…”. El general Uriburu- con el apoyo de conservadores tradicionales y nacionalistas de derecha- encabezó este golpe de Estado que terminó con el gobierno constitucional del caudillo radical Yrigoyen, quien había iniciado su segunda presidencia en 1928, después de ganar las elecciones con la bandera de la nacionalización del petróleo.

Uriburu, salteño, conocido por sus pares como “von Pepe” por su pasión germanista, contaba entre sus asesores a los ideólogos más reaccionarios del nacionalismo clerical. El Ejército, transformado en partido del orden y representante de la derecha oligárquica que perdió la posibilidad de acceder al poder por la vía electoral desde la vigencia del voto secreto (Ley Sáenz Peña), se concibió a sí mismo anterior a la conformación de la Nación y con esa concepción, se considero convocado siempre a “custodiar los valores nacionales”, supuestamente desmadrados por la democracia de masas.

Lo que compartieron todos los gobiernos militares del siglo XX, fue una política económica liberal, que dejaron en manos de los representantes de la gran burguesía agroexportadora, de la banca y las grandes empresas extranjeras. Todos compartieron un “nacionalismo de cartón” que se agotaba en discursos, mientras las decisiones sobre los grandes intereses nacionales se elaboraban en los centros económicos mundiales. La única excepción de un movimiento generado en el seno del Ejército, que no compartió estos parámetros, fue el peronismo.

La presidencia de Uriburu obedeció a los intereses pro británicos, que buscaban marginar al radicalismo para perfeccionar el control económico. Los conservadores encontraron en el fraude electoral organizado la solución para vencer al radicalismo en las urnas.

A diferencia de lo que ocurrió en los EEUU con el New Deal propuesto por Franklin Delano Roosevelt, con su política industrial a ultranza e intervencion estatal en el desarrollo económico; en la Argentina la dictadura de Uriburu refuerza un curso económico liberal que no propiciará el desarrollo industrial, sino que consolida la dependencia económica de Inglaterra, al intentar mantener a rajatabla el modelo agroexportador.

5.- El golpe militar de Uriburu inicia en la Argentina la “Década Infame”, y engendrará no sólo el huevo de la serpiente golpista, sino también las bases de un nuevo movimiento político y social que incidirá en la constitución de la modernidad argentina, a partir del advenimiento del peronismo.

Las causas externas de la asonada del 6 de septiembre, como expresamos anteriormente, son: la crisis mundial iniciada en 1929; las intrigas petroleras; la movilización oligárquica, periodística y política de la oposición cipaya, de izquierda a derecha. Pero la causa interior, más profunda , es que Yrigoyen había agotado totalmente su ciclo y el radicalismo tradicional tocaba a su fin. Las imprecisiones aparecían cuando entraban en juego problemas que podían afectar las bases agropecuarias en que primordialmente se apoyaba y en la capitulación ante las ideas históricas de la oligarquía que enfrentaba.

La falta de cohesión social de las multitudes que seguían a Yrigoyen determinó que sólo pudieran manifestarse a través de su jefatura personal y su patriarcalismo ya carecía en 1930 de sustentación. La ausencia de una burguesía industrial definida, imprimió al nacionalismo agrario y popular un carácter puramente defensivo, en tanto subsistiesen las condiciones del Estado liberal oligárquico nacido por la expansión de un mercado mundial estable. La crisis mundial señala el fin del radicalismo histórico.

Solo un nuevo movimiento nacional democrático, cuyo protagonista fuera el proletariado argentino, podía llevar más adelante la bandera de la revolución empuñada por Yrigoyen. La clase obrera industrial estaba todavía en formación. Debían transcurrir aún 15 años para que los trabajadores “nacionalizados” por obra de la industrialización, que atrajo a los “cabecitas negras”, levantasen resueltamente el estandarte de la revolución en un nuevo período de la historia de la Argentina y de América Latina.

En el seno mismo de la Década Infame los “jóvenes turcos”, militantes del nacionalismo democrático, inician una tentativa de regeneración del radicalismo. Estos jóvenes fundarán poco después FORJA( Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), que continuaría en un plano más elevado la tradición revolucionaria del viejo radicalismo; sus actos y sus ideas ayudaran a crear las condiciones políticas para el surgimiento del peronismo en 1945. FORJA era , en cierto sentido, una continuación del radicalismo de Yrigoyen, y desde otro punto de vista, una anticipación del Peronismo. FORJA finaliza su prédica nacional y popular, en la gran movilización del “subsuelo de la patria”, el 17 de Octubre de 1945.

La historia del radicalismo les señala a sus cuadros más esclarecidos que Un “yrigoyenista” no puede ser antiperonista. Un “alvearista”, por su condición de antiyrigoyenista, es intrínsecamente antiperonista. Un “yrigoyenista” no dudaría en conformar un Frente político con el único justicialismo auténtico: el industrialista.

Por su parte, un radical “alvearista” integraría un contubernio con el “peornismo disidente” de Juan Carlos Romero, Macri, Carrió y otros defensores del Primer Centenario y el programa económico rentístico-financiero de Martínez de Hoz y Cavallo .

Estas reflexiones seguramente harán los radicales que en el futuro reivindiquen el Radicalismo histórico del gran caudillo Hipólito Yrigoyen y de FORJA en su nuevo derrotero político nacional.

ADELANTE RADICALES!! HACIA UNA SALTA INDUSTRIAL Y LATINOAMERICANA.

Salta, 3 de setiembre de 2010. Nicolás R. Juárez Campos.

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