“MI DESTINO ES LA RESISTENCIA DE LAS CONVICCIONES” (ARTIGAS)
Lo que no le perdonarán nunca al peronismo los intereses proimperialistas de adentro y de afuera es su carácter de Movimiento de emancipación nacional y continental. Porque el proyecto de independencia de ayer sigue siendo el mismo de hoy, aunque las armas agresoras se carguen ahora con pólvora cultural y económica. Es un proyecto que se define por su enfrentamiento a todas las formas y fórmulas de colonialismo y neocolonialismo, cualquiera sea el color de la bandera que enarbole. Ese es su profundo y trascendente sentido histórico.
El peronismo, como expresión contemporánea del movimiento nacional emancipador debió soportar desde sus orígenes la más formidable y persistente campaña de desprestigio, de infamia y desinformación urdida por la maquinaria imperialista. La campaña difamadora orquestada por los intereses de la antipatria se mantiene igual a sí misma desde nuestros orígenes independentistas. La corporación mediática despliega como nunca su histórico poder deformante. Ha sido fundada para esa misión y amaestrada para la faena. Su fuente de recursos es la publicación de todo aquello que obstaculice el futuro de la Nación y el proceso autoconsciente de su historia.
“… HOY ES SIEMPRE TODAVÍA...” (ANTONIO MACHADO)
En Salta, la única forma de contrarrestar la política agresiva de la oposición neoconservadora, es con una nueva conducción y organización del PJ. Cualquier peronista sabe muy bien que quien más enseñó sobre organización política y quien más reclamó la organización e institucionalización del movimiento fue justamente su fundador y jefe.
Durante mucho tiempo las autotituladas dirigencias justicialistas han mantenido ex profeso la desorganización del Movimiento con la intención de “armar” un partidito que cumpliera las funciones de aparato electoral y pudieran controlar. Así les fue a los traficantes de Perón.
Actualmente, con el compañero Juan Manuel Urtubey, estamos ante la posibilidad de construir una verdadera conducción política, fiel al mensaje y ejemplo del más grande argentino del siglo XX.
En la construcción de la nueva autoridad del Movimiento hay que empezar por el principio, esto es, por el pensamiento de Perón. El General ha dejado en nuestras manos todo lo que un pueblo puede esperar de uno de sus mejores hijos: 1) Nos deja un ejemplo de vida heroica, modelo para la juventud; 2) Una obra revolucionaria que transformó una colonia en Nación soberana; 3) Un proyecto nacional, fruto de cuarenta años de servir al país y reflexionar sobre su destino; 4) Su pensamiento político, como guía irrefutable que alumbre nuestra marcha hacia la victoria de Argentina y Suramérica.
El florentino Maquiavelo advertía a los nobles Médicis que il rimanente lo dovemo fare noi. Y así será.
DE AQUELLOS POLVOS, ESTOS LODOS
En la última década el PJ se convirtió en un partido de lotófagos. Cuenta Homero en
Para su sorpresa los lugareños los reciben con gran deferencia, ofreciéndoles compartir su alimento, una planta llamada loto. Sin saberlo, están en el país de los lotófagos. Quien ingiere este alimento olvida el pasado, pierde noción de quien es, de donde viene y hacia donde se dirige. Por ello los compañeros de Odiseo se niegan a zarpar, se encuentran sin proyectos, sin lazos, sin pasado. Han caído en el olvido.
La dirigencia travestida de los últimos años, intentó en el PJ borrar el pasado y la experiencia revolucionaria del peronismo, rompiendo definitivamente sus lazos con éste. Para lograrlo instrumentó “unidades” o “reconciliaciones” electorales, que se basaban en la inexistencia de la memoria y en el olvido de su historia.
La nueva conducción del Partido, como Odiseo, debe obligar a los compañeros a salir de ese estado de sopor, de ese conformismo, de esa falta de memoria.
Para comenzar a recuperar nuestra memoria histórica es relevante reflexionar sobre la derrota peronista en las elecciones democráticas del 30 de octubre de 1983, hecho inédito en su historia.
El peronismo fue derrotado tres veces: el 16 de setiembre de 1955 por “
El “misterioso” Gorriarán Merlo dijo desde México que el triunfo había sido “contra el fascismo”, mientras el ex Secretario de Hacienda de Martínez de Hoz, Juan Alemán, explicaba en la edición del 14 de noviembre de 1983 del diario Ámbito Financiero: “… la destrucción de la clase obrera y la transformación de un gran número de trabajadores en vendedores ambulantes fueron las causas del triunfo de Alfonsín…”. Al final cerraba el comentario, atribuyéndose el mérito, con un “…de nada, Don Raúl…”. Afirmación correctísima ya que el golpe cívico-militar de 1976 desarticulo en lo económico el aparato productivo que se había iniciado con la política de sustitución de importaciones y destruyó al movimiento obrero argentino.
Un país sin fábricas, reprimarizado, era un país políticamente mucho más seguro. No sólo reprimieron a la militancia vinculada a las organizaciones armadas, sino toda forma de resistencia obrera; defenderse de la patronal y atacar al gobierno era una misma cosa, y recibían idéntica respuesta. Y esta versión liberal del modo de producir se impuso por el terror directo sobre la clase obrera industrial. En Plaza de Mayo, cuando triunfa Alfonsín, los jóvenes radicales cantaban:” Paredón, paredón/ a todos los negritos que votaron a Perón…”. Había sido derrotado el Justicialismo y con él la mejor política social que es el empleo y la inclusión.
Comenzó la apología del “voto inteligente” y la sorprendente afirmación de que “el pueblo no se equivoca”. Sin embargo Neustadt advertía a los vencedores sobre la existencia de seis millones de peronistas “químicamente puros”, advertencia que no fue desoída ya que días más tarde, desde las marquesinas del liberalismo, partía la propuesta del bipartidismo como reaseguro de la estabilidad del sistema democrático.
El inefable golpista Mariano Grondona, en tono catedrático, solía explicar: “…siempre hay dos partidos, uno democrático, que respeta las libertades y otro justiciero… justicialista… pero en serio” (léase: no peronista; hoy “Peronismo Federal”).
La ilusión mejor guardada (la derrota electoral del peronismo) alcanzó materialidad efectiva. El peronismo era- desde esa perspectiva- el principal responsable de la debacle nacional y para resolverla bastaba con la “construcción de un objeto nuevo: una “democracia republicana y liberal”, sostiene el historiador liberal Luis Alberto Romero[1]. Para el académico lo ocurrido en 1983 contiene el corte histórico decisivo, un punto y aparte, y no la continuidad del ciclo iniciado en 1976.
En realidad, es la misma concepción que informa la línea histórica Mayo-Caseros, según la cuál Mayo no se hizo para construir una Nación como un fin en sí misma, sino como un simple medio para conseguir lo que más tarde Caseros consolidó: la creación de un sistema institucional que encuentra su razón de ser, como toda la concepción de la “intelligentzia”, en la célebre máxima “Civilización o barbarie”.
Según esta concepción el fin último no es la Nación sino las instituciones: la República , la Constitución , la democracia liberal, etc. Así lo expresa claramente la frase de Esteban Echeverría, que figura al pie de su estatua: “…Los esclavos o los hombres sometidos al poder absoluto no tienen Patria, porque la Patria no se vincula a la tierra natal, sino al libre ejercicio de los derechos ciudadanos…”. De esta forma lo nacional se encuentra subordinado a lo institucional. Y la traición a la Patria no deviene de negar su soberanía, sino de alterar el orden institucional. Es el eterno divorcio que siempre ha existido entre el marco institucional y el país real. Las dos Argentinas que señalaran Alberdi (el viejo), Scalabrini Ortiz, Monseñor Zaspe y hasta Eduardo Mallea.
En Europa y otras ecúmenes, lo institucional se encuentra subordinado a lo nacional, es decir que la Nación se organiza mediante las instituciones, es fin y no un medio, al revés de lo que sostienen nuestros iluminados.
De acuerdo a esto, no es difícil comprender las razones por las cuáles los golpes de estado se inician con el surgimiento de los movimientos nacionales: con Yrigoyen primero y Perón después. Es decir, cuando el sistema liberal tambalea ante el proyecto del Movimiento Nacional.
De acuerdo a esto, no es difícil comprender las razones por las cuáles los golpes de estado se inician con el surgimiento de los movimientos nacionales: con Yrigoyen primero y Perón después. Es decir, cuando el sistema liberal tambalea ante el proyecto del Movimiento Nacional.
Y más claro resulta aún comprender las causas por las cuales todavía se niega la existencia legal de
Así las cosas, en esta nueva etapa, los peronistas debemos sumar esfuerzos para que el país institucional y el país nacional no marchen paralelos, porque ello no es asegurar la estabilidad, sino negar el pleno ejercicio de la soberanía, es decir, atentar contra la vigencia de una democracia participativa y postergar el destino nacional.
Cierta prensa amarilla y reaccionaria salteña, responsabiliza al Compañero Urtubey de haber “destruido” a otros partidos al conformar el Frente en Octubre/2007, entre ellos al Partido Renovador. Esta interpretación antojadiza, considera que la idea de país nacional encierra la fórmula de partido único, y que por lo tanto conduce al totalitarismo (otra vez la opción falsa: “soberanía o libertad”, “lo colectivo- la masa informe- o lo individual- privado y exquisito”, “democracia o sindicatos”, etc.).
Por supuesto no se hace ninguna alusión al hecho de que el país nacional está estructurado bajo la forma movimientista (participativa, por lo tanto democrática), que es policlasista, que reconoce la contradicción primordial de Nación/ Imperio y que el nacionalismo de un país oprimido, no es igual que el nacionalismo de un país opresor, etc.
Contra la moda que reivindica el parlamentarismo europeo como la panacea de las nuevas democracias en Latinoamérica, yo coincido con el politólogo argentino Ernesto Laclau, que defiende la necesidad de presidencialismos fuertes. Para las democracias latinoamericanas, dice: “…soy partidario de la reelección presidencial indefinida. No en el sentido de que vayan a elegirse presidentes de por vida, sino que éstos puedan presentarse a elecciones una y otra vez. Porque cuando la voluntad colectiva de cambio se ha aglutinado alrededor de ciertos significantes, imágenes y nombres, la discontinuidad de ese proceso puede llevar a la reconstrucción del viejo régimen sobre la base de diluir el poder en una serie de comités y corporaciones de distinto tipo…”.
APRENDAMOS DE NUESTROS PENSADORES
Un Movimiento, como el nuestro, sempiternamente acusado de “culto de la personalidad” en lo referente a Perón y Evita, suele soslayar con injusticia a algunos de sus más preclaros servidores, como si no hubiesen contribuido decisivamente a su corpus doctrinario, a su praxis en el gobierno y la legislación, y su continuidad evolutiva. Es correcto señalar a Arturo Sampay, como el padre jurídico de
Es importante que la nueva conducción del PJ rescate al compañero Arturo Sampay, quién durante el primer peronismo fue no “el poder” sino, con más propiedad, “el saber”, detrás del “trono”.
Con la discusión actual sobre los dos modelos político-económicos en pugna en Argentina, verificamos que lo valioso siempre retorna; que la esencia prevalece sobre lo accidental y que no sólo la organización “vence al tiempo”, sino también la idea de permanente vigencia, y la figura que nos lega un paradigma de carácter y conducta al servicio de causas justas y nobles.
Hoy Arturo Sampay no dudaría en reeditar su concepto del ‘55, y nos diría que la ecuación histórica que está en juego no es: “El Espíritu Santo o Perón”, sino “Peronismo industrialista o la vuelta de la Argentina del Centenario”.
NO ROMPE PLATOS EL QUE NO LOS LAVA
Pensar la historia es tarea difícil. Pero pensar en ella para transformar la vida de los hombres, es más difícil aún. Para la nueva conducción del PJ será un imperativo ético y su práctica política. Debemos acortar la distancia entre el pensar y el hacer, comprometer el pensamiento con la vida. Los peronistas debemos multiplicar en nuestros corazones los panes. Pensar la historia es pensar la política. La historia no se repite mecánicamente, lo que supervive, en todo caso, es el símbolo de las luchas populares, lo que quedó inconcluso en esa historia. Ella nos incita a cumplir lo incumplido, como diría Sabina: “Que gane el Quiero la guerra del Puedo”.
La historia de los últimos 20 años, nos muestra que el orden liberal- conservador que rige a partir del derrumbe de la bipolaridad Capitalismo vs. Comunismo, estableció un Mundo Unipolar bajo la égida de los ideales liberales en economía y conservadores en política.
En ese contexto, el peronismo que - como movimiento político- no es liberal ni conservador, se transformó - como partido político - en un partido de “oportunistas” que a contrapelo de los ideales movimientistas y contestatarios sostenidos por Juan D. Perón, se sumó al orden liberal- conservador a partir de 1989 con la asunción de Carlos Menem, modelo repetido en Salta por el PJ y por el gobierno provincial, conducidos por Juan Carlos Romero.
A nivel nacional Duhalde convalida lo propuesto por el gobierno socialdemócrata de De la Rúa , su antecesor, que forma parte por vocación – y no como el peronismo por extrañamiento de sí – del proyecto mundialista del “capitalismo casino”.
Sin embargo, a pesar de la hegemonía de la globalización financiera las respuestas y rechazos se multiplican, no sólo por el estado de injusticia social, sino porque el modelo liberal- conservador no respeta las diferencias. Y como en Argentina la diferencia política la establece el peronismo como movimiento de masas, no puede existir política nacional viable con la exclusión del movimiento peronista. He aquí la explicación, del imperativo histórico de los compañeros Kirchner y Juan Manuel Urtubey, de conducir el PJ nacional y provincial.
“SE CANTARA EN LOS TIEMPOS SOMBRÍOS/ TAMBIÉN SE CANTARA SOBRE LOS TIEMPOS SOMBRÍOS...” (B. BRECHT)
La conducción anterior del PJ no disentía con la oposición más que en puntos secundarios, integrando una especie de “totalitarismo democrático”, porque compartían la misma ideología que tenía como dios monoteísta al Libre Mercado.
Todo conciliábulo hecho a espaldas de los ideales del peronismo, afecta a la gobernabilidad política del Estado y torna inverosímil su realización. Entre las categorías permanentes de análisis de la metapolítica tenemos la “colonización cultural a través de los mass media” y en contraposición, la de la “movilización popular”, concepto tan caro a la naturaleza del peronismo heredado del 17 de octubre de 1945, como contenido ideológico insustituible de su práctica política.
Es que el peronismo de Perón y Evita, manejaba otro sentido de democracia diferente a la versión demoliberal conservadora. Recordemos las palabras de Perón ese memorable 17 de octubre: “Esta es la verdadera fiesta de la democracia, representada por un pueblo que marcha a pie durante horas para llegar a pedir a sus funcionarios que cumplan con el deber de respetar sus auténticos derechos…”.
El pueblo movilizado y militante realiza sin intermediarios la gestión democrática por antonomasia: hacer saber, por acclamatio, a sus gobernantes que es lo que quiere. Perón le otorga a la movilización una dimensión política como “pueblo en marcha”, que crea en los gobernantes las condiciones para la decisión justa. En el nuevo PJ, debemos comprender que la movilización tiene ese sentido profundo y único.
Con la restauración de la “movilización popular” y enarbolando la idea del valor del disenso en el debate ideológico partidario, derrotaremos a los teóricos del consenso vacío de sentido. Para abrir una brecha en el dogma consensual del PJ, es fundamental ejercer la libertad intelectual y realizar la deconstrucción de la falsa “unidad”, esa empresa de superchería montada por los ideólogos del consenso antiperonista. El mimetismo con el orden liberal- conservador, en el PJ salteño, fue de tal magnitud, que reinaba el no-pensamiento y el vacío.
EL CONTINENTALISMO SURAMERICANO
El peronismo debe ganar la durísima batalla cultural requerida para iluminar un nuevo sueño colectivo y organizar una nueva clase dirigente, porque triunfar en la pulseada por la construcción de una nueva subjetividad garantizara la transformación molecular de la conciencia colectiva argentina.
Los suramericanos, estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo tipo de Estado, resultante de los procesos de integración regional que será el único protagonista real del siglo XXI en la construcción de un orden multipolar: el Estado continental industrial.
Pero los tiempos turbulentos que corren nos exigen inéditas formas de repensarnos para estar a la altura de los acontecimientos históricos. Juan Domingo Perón percibió, previó y proyectó desde una asociatividad dinámica entre la idea y la praxis la teoría del continentalismo, como fase previa al universalismo en el proceso evolutivo histórico.
El continentalismo suramericano de Perón es el aporte teórico-práctico más compacto por su vigencia en el campo de las relaciones internacionales para reconstruir un camino de desarrollo endógeno desde nuestras capacidades reales, sin desconocer la globalización y materializar en el mapa del mundo, como afirmó Juan Pablo II, el “continente de la esperanza”.
Salta, 7 de Octubre de 2010. Nicolás R. Juárez Campos.
[1] “Veinte años después: un balance” en “La historia reciente. Argentina en democracia”, Marcos Novaro y Vicente Palermo. Edhasa, 2004
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