PARTIDO JUSTICIALISTA: LA UNIDAD DE LOS IGUALES. -Primera Parte- (por Nicolás Roberto Juárez Campos -miembro fundador del Grupo Yatasto-)

EL MILAGRO PERONISTA

Escribo con la amarga convicción de que hemos perdido casi tres décadas. Son demasiados años sin resolver esta cuestión como para pretender no pagar precio alguno. Pese a ello, el “milagro peronista” es haber permanecido. Busquemos la respuesta, entonces, en el mismo general Perón. Lo dice claramente en su Actualización Doctrinaria: “Si aparece un hombre que me pueda reemplazar a mi, no habrá problemas; si no aparece ese hombre es indispensable reemplazarlo con una organización….El hombre que dirige una revolución necesita de una organización. Debemos buscar la forma de vencer el tiempo”.

Permanece y permanecerá el Perón doctrina, pero hay que cubrir el  vacío dejado por el Perón conductor. Aceptemos la realidad: Después de Perón. . . los peronistas. La lealtad al general se expresa hoy trabajando por la organización del Movimiento y el Partido. La única conducción posible es hoy la organización.

Hay una generación peronista que sabe qué es la organización política. Es la juventud del general, aquella que lo acompaño en el largo exilio y protagonizó, junto a los trabajadores de la “columna vertebral”, el  triunfo, porque el regreso fue el triunfo de Perón y de esas camadas de la juventud argentina. En esos militantes con vocación y experiencia orgánicas está el germen de la organización que el peronismo espera y reclama.

Hay que asumir el compromiso que la hora impone. Desoír los cantos de sirena que convocan a derivas, a divisiones, que ya nos arrastraron más de una vez al fracaso y la vergüenza. No nos debe interesar la supuesta “organicidad” de algunos sectores, ni la falsa representatividad de los paracaidistas, ni el gatopardismo renovador de los falsos tecnócratas.

En Salta, hay una generación de militantes peronistas, protagonistas de la larga epopeya que eclosiona en octubre/2007, que sobrevivió estoicamente “afuera” del “aparato” partidario mientras al PJ lo vaciaban ideológicamente los burócratas de turno, sin negar su calidad de peronistas, que fue carne de cañón en las internas y que hizo campañas electorales para algunos que no lo merecían.

Es la militancia peronista que en Octubre/2007 contribuyó al triunfo del compañero Juan Manuel Urtubey y hoy se organiza sabiendo lo que muchos otros se empeñaron en ignorar, utilizando la liturgia “peronista” y negándolo a Perón: Que solo merecen conducir aquellos militantes que buscan el triunfo únicamente sobre los enemigos de nuestro pueblo y nunca sobre la simple derrota de otros compañeros.

CUANDO EL CONSENSO  DISFRAZA EL CONFLICTO SOCIAL

La Escuela de Frankfurt, encabezada por el filósofo neomarxista Jürgen Habermas, impuso hace más de treinta años a las democracias occidentales la teoría del consenso. Esto dio por resultado que “el consenso o acuerdo de los grandes partidos políticos” y las múltiples “mesas de consenso social” patrocinadas por los lobbies e instituciones de la sociedad civil, se transformaran en el fundamento moral de nuestras menguadas democracias.

Así nada cambió, solo se transformó la genuina representación democrática y el sufragio universal y secreto en una verdadera farsa, porque vienen a justificar las decisiones ya tomadas de antemano por el acuerdo de los grandes partidos y los grupos económicos que sostienen su accionar.

Para revertir esta situación surge entonces el disenso, en su función ético-política por antonomasia, como origen de la legitimidad política de la democracia pluralista y participativa. No ya democracia acuerdista, de pactos o logias que se caracterizan por tomar las decisiones antes de la deliberación, transformando la deliberación de las partes en un simulacro pour la galerie. El disenso es el origen del pensamiento y la conducta alternativa al orden o la normalidad constituida. El disenso enriquece el obrar humano y consolida una sociedad plural, al mismo tiempo que invalida cualquier intento homogeneizador o totalitario.

Muchos militantes peronistas sostenemos que el disenso, sobre todo desde las sociedades dependientes, es lo que permite crear teoría crítica, tanto en ciencias sociales como en filosofía y la limitación de ambas disciplinas radicaba hasta el 2003, en esta incapacidad de pensar críticamente.

El disenso nos permite explicar la vigencia de  un pensamiento único que tiene su proyección política en lo políticamente correcto, sea a través del progresismo socialdemócrata, sea en el neoliberalismo conservador, los dos brazos de la tenaza político-ideológica que aprisiona al mundo que comenzó en el siglo XXI.

Durante años en el PJ salteño ha primado el consenso de los grupos económicos que sustentaban las gestiones gubernamentales, disfrazando los conflictos sociales con la retórica del consenso. Los problemas sociales se discurseaban pero no se resolvían. Esa “unidad” de sectores en el PJ- tan proclamada durante años- que tenía su fundamento en el pensamiento consensual, ha concluido en un estruendoso fracaso en Octubre/2007: los diferentes consensos en el PJ terminaban haciendo lo que imponía el neoliberalismo conservador, siendo su consecuencia en la gestión gubernamental: mayor injusticia, pobreza, desempleo, marginalidad, menor educación, salud, etc.

UNA CATEGORIA DEL PENSAMIENTO POPULAR

El disenso que proponemos se instaure en el PJ a partir de noviembre, es estructuralmente una categoría del pensamiento popular, en tanto que el consenso es una apropiación de la izquierda progresista - históricamente alejada de lo popular - para lograr la democracia deliberativa que tiene mucho de ilustrada  y también, aunque en otro sentido, una apropiación del liberalismo como acuerdo de los poderosos (G8, Davos, FMI, Comisión Trilateral, Bildelbergers, etc.).

El disenso niega el monopolio de la productividad de sentido a los grupos o lobbies de poder, para reservarla al pueblo en su conjunto, más allá de la partidocracia política.

La alternativa que proponemos es pensar a partir del arraigo de nuestras identidades nacionales, que conforman la ecúmene hispanoamericana, sumergiéndonos en la idea política y cultural de gran espacio, de Patria Grande, de nuestro genius loci dijera Virgilio. Es desde los movimientos populares que se realiza la oposición real a las oligarquías financieras transnacionales y al imperialismo desterritorializado. La ecúmene hispanoamericana es, sustancialmente, disyuntiva al nuevo orden mundial. Samuel Huntington, ideólogo del hombre white, anglosaxon and protestans, sostiene que el mundo hispano es el enemigo de la unidad e identidad estadounidense y no sólo porque lo penetra con miles de inmigrantes, sino porque sus valores son disímiles, distintos, diferentes.

Así el pensamiento consensual nos dice que la crisis de representatividad política radica en la corrupción de los políticos y propone múltiples mecanismos para purificarlos (eliminación de listas sábanas, no repetición de los mandatos, declaraciones juradas de bienes, etc.), que no son de suyo malos, pero no llegan al meollo del problema, pues son pensados desde el pensamiento conformista, consensual. Por el contrario pensar desde el disenso, implica caracterizar la crisis de representatividad, desde la anulación de la política, dado que había cesado el principio de soberanía de las naciones.

La mutilación de la idea de soberanía nacional, archivando el principio que nada hay sobre la nación más que la nación misma, anuló toda política nacional autónoma. ¿De qué servía elegir, mejorando los mecanismos de representación, hipotéticamente a los mejores, si las decisiones políticas se tomaban desde los centros de producción de sentido que nos eran ajenos? Claro está, que el consenso - aquel status questionis al que debería arribar el disenso- ya había sido establecido de antemano, por los poderes indirectos o los lobbies ajenos a los intereses de los pueblos.

El consenso y sus cultores, la izquierda progresista y el neoliberalismo, siempre ha quedado atado a la idea contrato social, por eso hoy los más “revolucionarios” proponen un nuevo contrato social, como solución a los problemas actuales.

Por el contrario, los peronistas proponemos el disenso práctico- político desde las comunidades, es decir, aquellos conjuntos de hombres y mujeres que no sólo comparten leyes, lenguas y creencias, sino también valores y vivencias históricas- luchas por ser en el mundo-  que son las respuestas que se están dando, punto a punto al modelo de one world, desde el gobierno nacional y provincial.

En el PJ debemos lograr una interpretación genuina de lo que nos acontece y sucede, no filtrada por ideologías extrañas al pensamiento nacional, popular e industrialista del peronismo. Esto último sólo nos lo permite el disenso como método, sobre todo dado nuestro carácter de ecúmene iberoamericana, para entender las razones por las cuales el pensamiento emancipador de nuestro tiempo tiene su hogar en lo que José Martí apropiadamente denominaba “nuestra América” y no en las metrópolis imperiales. Queremos mucha participación en la vida interna partidaria para que los dirigentes sean los más representativos, de la Argentina del Bicentenario.

Para desarrollar una fecunda síntesis teórica y práctica, capaz de promover y facilitar los procesos emancipatorios, los dirigentes peronistas “bicentenaristas”  y el pensamiento crítico suramericano deberán navegar por un océano erizado de toda clase de acechanzas, pero también pletórico de grandes promesas. Solo el disenso en el debate de ideas y acciones a instrumentar, nos permitirá constituir en el peronismo un valiosísimo e indispensable mapa de navegación.

MEJOR EL CONFLICTO QUE EL ANTAGONISMO

La politóloga belga Chantal Mouffe analiza la Argentina y el escenario internacional, bajo la lógica de su idea “agonista” de la disputa política en las sociedades democráticas. Afirma que lo político se construye a través de lo que denomina un “consenso conflictivo” entre diversos actores, entendiendo que hay principios éticos-políticos que van a ser interpretados de manera distinta y que eso es algo positivo, que no hay que tratar de llegar a una sola interpretación. Por el contrario, sostiene, si el conflicto no asume una forma agonista (de combate) puede volverse un antagonismo peligroso.

Agrega la politóloga que “si uno quiere avanzar en la política democrática es necesario definir a un adversario, al que se le reconocen su legitimidad y ciertas reglas...”. En la Argentina, “… la que mantiene un discurso antagónico, es la oposición que trata de deslegitimar y tener una posición frontal todo el tiempo…”.

En el PJ a construir, el debate político también debe asumir una forma “agonista”, permitiendo que distintos proyectos se enfrenten. Hay adversarios porque hay poderes que es necesario poner en cuestión. La democracia no significa, como bien afirma Chantal Mouffe, llegar al consenso a toda costa. Cuando se arriba a él, es desde el disenso.

En la democracia no todos los conflictos tienen que darse sobre la base de la lógica “amigo-enemigo”. El otro no es un enemigo a destruir, es - sobre la base de una relación agonística - un adversario.

Esa lógica adversarial es la política y es fundamental cómo se construye esa relación, que garantiza una democracia participativa y no meramente procedimental. El pensamiento liberal es incapaz  de pensar lo político en esos términos, porque desde esa concepción, la política siempre es pensada como administración de intereses económicos.

Lo sustantivo es debatir sobre la acumulación de poder por parte de las clases y grupos subalternos y explotados, la lucha ideológica como factor decisivo para el crecimiento de la organización y voluntad populares y los problemas y dilemas que surgen en torno a la problemática de “hacerse del poder”, reforzando la idea del poder como  dimensión esencial para la producción del cambio social sustantivo. Ninguna transformación estructural de la sociedad salteña puede realizarse si no se construye un nuevo orden estatal, una nueva institucionalidad estatal. Albert Einstein recomendaba: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo...”.

LA DEMOCRACIA Y EL CONFLICTO

En el PJ hay una visión clave que debemos analizar: es el vínculo entre democracia y conflicto. Desde la corporación mediática nos bombardean con la idea de la crispación y de que la política es antagónica al conflicto. Es una estrategia articulada por el establishment para mantener el statu-quo del neoliberalismo conservador. Por el contrario, el conflicto es el núcleo de la democracia; no hay democracia sin conflicto.

La problemática originaria de la democracia, desde los griegos, es el litigio por la igualdad, que significa que en la medida en que existe una descripción que es absolutamente imaginaria respecto de una igualdad que no es natural (porque tanto la igualdad como la desigualdad no son naturales, son construcciones culturales), lo que sostiene la democracia es que el conjunto de sus miembros puede aspirar a la igualdad. Además lo que tenemos son “democracias realmente existentes”, como expresa el politólogo Philippe Schmitter.

Y a partir de esa decisión que inaugura la democracia se inaugura lo político, porque lo político es el lugar de la disputa de los desiguales por la igualdad. Por lo tanto, pensar que el conflicto es antagónico a la democracia es sostener que la desigualdad es el fundamento de toda relación social, no sólo en un sentido material sino también en un sentido simbólico-cultural. Si queremos democratizar algunas dimensiones del sistema, necesariamente tenemos que confrontar con ciertos intereses.

En el PJ salteño el pensamiento único neoliberal, estaba encarnado en muchos dirigentes de conducción y aún hoy continúa vigente en muchas prácticas partidarias y son los responsables del Estado privatizado  que el compañero Urtubey ha heredado sin beneficio de inventario en diciembre/2007. Privatización que se explica, porque el gobierno y el PJ, conducido por “neoliberales”, había travestido su finalidad y trabajaba para los lobbies económicos, sea ejecutando políticas, sea sancionando leyes contrarias al bien común general del pueblo que los llevó al poder. Algunos de esos “dirigentes” todavía pululan en los mentideros políticos, discurseando con apolillados lenguajes rescatados de los arcones de la doctrina de la seguridad nacional y de las retóricas implementadas en los noventa.

Cuando el compañero Urtubey configuró la CAP (Comisión de Acción Política) en el PJ, abrió la caja de Pandora, pero no lo hizo como un mero gesto espectacular, de esos que se agotan en el instante de ser producidos. Lo hizo sabiendo que aquello que se abría contaminará las disputas por el presente, el futuro y el pasado. En Salta se había afianzado un régimen social de acumulación concentrado y excluyente, y la democracia representativa- entendida sólo como un mecanismo formal - lo reprodujo naturalmente, más allá de las buenas o malas intenciones de quienes resultaban electos.

Desde el PJ, en los años noventa, se contribuyó a construir en Salta una sociedad excluyente y un Estado privatizado. Ya Discépolo ilustraba con un ejemplo a Mordisquito: “Había gente que, así como unos hacen tangos, pañoletas o mandados….ellos hacían pobres. ¡Fabricaban pobres…....La verdad es que entre vos y yo la diferencia está en el punto de vista. Porque si los dos vemos la misma realidad y tenemos reacciones distintas es porque uno de nosotros está mirando sin ver…!”. El criterio de “ciudadanía inclusiva”, que solo puede lograrse con una industrialización de pleno empleo, no integraba la agenda gubernamental y partidaria, en los años del “peornismo” menemista.

La utopía del PJ en los noventa, consistía en la pretensión de barnizar las “instituciones democráticas” sin alterar la naturaleza de la factoría colonial agraria de la Provincia de Salta. Por tal razón, dichas instituciones eran sumamente frágiles y vaciadas de protagonismo popular. Se transparentaba desde la gestión gubernamental, una Salta arcaica e inmóvil, la expresión de  la divisa de Augusto Comte: Ni reacción, ni revolución”.

NOSOTROS SOMOS PERONISTAS

Nosotros somos peronistas, no caballeros” afirmaba William Cooke para incentivar a recuperar esos valores que antaño caracterizaron al peronismo: irreverencia ante lo establecido injustamente, compañerismo, solidaridad, ganas de ser mejores y más felices. Muchos compañeros intuimos lo espeso del aire de época y sabemos que el kirchnerismo ha tocado algunas fibras íntimas del poder, quebrando la inercia de la repetición neoliberal y rompiendo la monotonía insoportable de la larga siesta del fin de la historia proclamada a los cuatro vientos por la retórica de la dominación. El kirchnerismo  nos ofrece la imagen de una gramática plebeya y entrañable, permitiéndonos sacudirnos la barbarie de los noventa.

La conducción fáctica del PJ por el compañero Urtubey, aún con las dificultades leguleyas que existieron, inauguró la reintroducción desordenada de la política y del conflicto en una escena partidaria devastada por la neobarbarie del neoliberalismo y el cholulismo gerencial.

Hay que llevarse del consejo de Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar, “inventamos o erramos”. En noviembre, mes de la Soberanía Nacional, y a partir de la asunción  política legítima del PJ por el compañero Urtubey, los justicialistas debemos crear nuevos mecanismos de participación ciudadana y popular. Nuevos referentes culturales. Nuevos proyectos de asociación. Habituarnos al debate agónico y al disenso, convencidos de que la querella en torno del populismo, de sus herencias y legados será una de las grandes batallas cultural- políticas del presente político argentino y suramericano.

Los justicialistas debemos asumir que la correcta defensa de nuestra identidad política y doctrinaria radica en el mantenimiento del ser colectivo de un pueblo en medio del cambio histórico que se produce, alentando todas aquellas expresiones que consoliden y expresen de mejor manera nuestra identidad. Es el aspecto que nos determina en lo que somos, entendido no como una cosa siempre idéntica, sino como aquello que nos hace ser a nosotros mismos.

LA UNIDAD DE LOS IGUALES

Nuestra propuesta es la unidad de los iguales pero partiendo de las premisas que hemos analizado. Nos oponemos a la unidad consensual del neoliberalismo, garantía de continuación de un conservadurismo antiperonista en  la estructura desideologizada del aparato. Debe quedar definitivamente en el pasado el PJ acuerdista, conformista, conciliador, demoliberal, que lo acarreó a su eclipse histórico. El vaciamiento ideológico y doctrinario, transformó a muchos dirigentes, como diría Jauretche, en mediocres, decadentes y tristes.

Durante años la conducción del PJ estuvo en manos de una dirigencia domesticada, cuyo único horizonte eran los cargos públicos a alcanzar para usufructuar las prebendas que el régimen otorga a quienes utiliza como cómplices para encubrir la dominación y la explotación con un manto de representatividad y legitimidad democráticas. “Todos somos iguales” repetía constantemente la dirigencia pejotista adocenada, pero “algunos eran más iguales que los otros”. Esa dirigencia elitista de “operadores” y “gerentes” no debe existir jamás en el PJ, si queremos recuperar el espíritu doctrinario e ideológico del peronismo germinal.

Los “gerentes” instrumentaban desde el PJ, una acción ejecutiva y de ejecutivos, que en el interior del partido causó estragos: se advertía en el auge de esos profesionales vestidos a la moda, pero desnudos de escrúpulos, que buscaban ganar espacio con un nuevo legado basado en que el pueblo peronista, renuncie a los “rituales” desordenados y plebeyos que le dieron vida, y que las masas obreras sean reemplazadas por  grupejos de licenciados cuarentones aromados con perfume francés.

En ese contexto, el establishment le empezó “a dar letra” a la conducción del PJ para dejar de seguir la verdadera letra, la de la doctrina. Si la “derecha empresarial gorila” le vendió un recetario de sofismas económicos, cierta izquierda sindical no se quedo atrás y agitó el cascabel de la necesaria “democratización”- no del partido- sino del movimiento, argumento que omite lo que verdaderamente se busca: convertirlo en un partiducho liberal más, en lo que finalmente se convirtió el Partido Justicialista en los noventa.

TRANSFORMAR LA ESPERA EN ESPERANZA

Éramos briznas de multitud y el alma de todos nos redimía….lo que yo había soñado e intuido durante muchos años estaba allí presente, corpóreo, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto. Eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaban sus tareas de reivindicación” (Raúl Scalabrini Ortiz)

El justicialismo no es “comer tallarines los domingos con la vieja”, como decía Lorenzo Miguel. Tampoco es lo del Mono Gatica, que se contradecía: “Si yo nunca me metí en política, siempre fui peronista...”. El justicialismo es un movimiento revolucionario que nació para transformar la Argentina en un país industrial, inclusivo, igualitario e inserto en la Gran Nación Suramericana. En Octubre del 2007 Urtubey transformo la espera de la siesta medieval, en esperanza de una Salta industrial y justa.

A partir de Noviembre del 2010 la esperanza será la lucidez de la crítica, porque el futuro existe en tanto nos proyectemos hacia él, comprendiendo que “la historia es la política del pasado y la política la historia del presente” (George Winter).

En Octubre/2007 acompañamos al compañero Urtubey a tomar “la Bastilla” del gobierno, ahora, en noviembre conquistaremos el Partido Justicialista y le daremos el contenido ideológico de nuestra Revolución, que es la que nació el 17 de Octubre de 1945, con los “cabecitas negras” humedeciendo sus pies en la fuente de Mayo, transformando a un coronel sindicalista, en el líder popular de un gran movimiento de masas. Debemos nutrir al Justicialismo de ideas, militantes y organización.

El peronismo no nació en nuestra Patria para dar explicaciones racionales a los satisfechos, sino para dar respuesta a los necesitados. Al reconocerlos en lo más hondo de su condición humana, los hizo participar de los bienes de una civilización que ellos creaban. Los liberó de la esclavitud de sus privaciones, y les reconoció el derecho a ser felices, por ser humanos. Por eso, los dignificó, haciéndolos artífices de su propio destino.

Por ello, cuando proponemos la Unidad de los Iguales, nos referimos a los militantes peronistas que tienen un compromiso permanente por la causa popular que el peronismo representa y saben que “la política es lucha”, como escribió alguna vez  Max Weber.

EL CAMBIO ES REVOLUCIONARIO

Todo proceso de transformación de una sociedad que involucre un cambio de sus estructuras para crear condiciones de mayor justicia social, es revolucionario. Por eso el peronismo es una revolución trascendente. La vigencia del peronismo está dada por la transformación que operó en la sociedad argentina y no por los resultados electorales, que fueron consecuencia de esa voluntad transformadora.

Convocamos a todos los militantes peronistas a “barajar y dar de nuevo”, para luchar a partir de Noviembre en el Partido Justicialista, que es el hogar del que nunca nos fuimos espiritual e ideológicamente , por nuestra originalidad, la única e irreemplazable identidad política que nos hace “ser” justicialistas y nada más que justicialistas.

Encontrar esa originalidad, es el mandato histórico de la hora, como magistralmente lo expresa Leopoldo Marechal: “… El surubí le dijo al camalote: / no me dejo llevar por la inercia del agua: / yo remonto el furor de la corriente, / para encontrar la infancia de mi río”.

Salta, 19 de setiembre de 2010. Nicolás R. Juárez Campos

LA RURAL Y LA GUERRA DE LAS CAMISETAS (por Nicolás Roberto Juárez Campos -miembro fundador del Grupo Yatasto-)

1.- El presidente de la Sociedad Rural Argentina, Hugo Biolcatti, hizo mendaces declaraciones en la inauguración oficial de la 67º muestra ganadera, agrícola, industrial y comercial de la Provincia de Salta, realizada el último fin de semana de agosto: “… que el sistema tributario de la Argentina es precario..”; respecto de las diferencias con las otras entidades rurales: “….siempre las hemos tenido, por algo somos cuatro y no una….”.Destacó sobre las retenciones, que en la Mesa de Enlace “…unos privilegian la segmentación sobre la eliminación de las retenciones; otros queremos que no nos quiten nuestro dinero a la espera de su devolución….”. Finalmente, se refirió al Gobierno Nacional, diciendo:” El pueblo le puso límites a los exceso del poder…”.

Después de leer esas declaraciones es necesario hacer un poco de memoria sobre el origen de la Sociedad Rural Argentina, sus integrantes y el significado de su accionar político-económico en la historia nacional, con su núcleo de poder en la Pampa Húmeda: “Una extensión de tierra plana, perfecta y naturalmente irrigada, del tamaño de Francia; una capa de humus que a veces alcanza un metro de espesor. Tierra ubérrima, donde al cabo de una siesta bajo el ombú, uno descubre que le han crecido flores en los bolsillos…, como la describió un comentarista inglés a la pampa úberrima argentina.

El 10 de agosto de 1866, en una casa de la calle Bolívar,  64 personas  – entre las que había 15 ingleses y 2 italianos- firman el Acta de fundación de la Sociedad Rural. La nueva organización reunía a los más poderosos terratenientes de la Provincia de Buenos Aires. Su primer presidente fue José Alfredo Martínez de Hoz (abuelo de quien sería Ministro de Agricultura y Ganadería en el gobierno de Guido y  luego Ministro de Economía durante la dictadura cívico-militar que presidía Videla).

El sociólogo José Luis de Imaz, en su análisis de la clase dirigente en el período 1936/1961 (“Los que mandan”-Editorial Eudeba) dice sobre la conformación de la Sociedad Rural : “…el elenco estable dirigente de la Sociedad Rural lo forman ya las mismas, ya distintas personas de un grupo básico de familias…”, que cubren el 50% de los cargos más importantes en las distintas comisiones directivas. El porcentaje descendió al 7% en 1951 y la coincidencia con la fecha no es casual: el auge del peronismo asustaba a los terratenientes.

En su análisis aparecen, junto a los apellidos tradicionales (Pueyrredón, Pereyra Iraola, Peralta Ramos, Alzaga Unzúe, Anchorena, Pereda, Durañona, Mariano Casares, Mulhall, López Lecube, etc.), otros repetidos con frecuencia- Firpo, Menéndez Behety, Braun Menéndez- , familias de origen diverso, que gozan de un prestigio equivalente a las anteriores, aunque no son “tradicionales” porque sus latifundios no se ubican  en la provincia de Buenos Aires.

De tal modo- asegura De Imaz- “parece correcta la identificación del más alto nivel de la Sociedad Rural con la propiedad agropecuaria en la provincia de Buenos Aires…”. De esto se desprende otra afirmación: la Sociedad Rural sólo representaba a los grandes terratenientes. En sus  cuadros no tienen lugar los medianos y pequeños propietarios locales, ni los chacareros y arrendatarios. En la comisión directiva de la Rural había- desde 1936 a 1946- sobre 18 miembros, 14 latifundistas. Los apellidos de la Sociedad  participaron del poder político desde 1904, y el que no fue ministro, fue secretario de Agricultura y Ganadería , de gobiernos constitucionales- como el de Yrigoyen- o producto del fraude- como el de Agustín P. Justo – y de todas las dictaduras cívico- militares.

2.- El origen de la concentración de enormes extensiones en pocas manos, reconoce un antecedente histórico preciso, la denominada “Conquista del Desierto”: expediciones contra el indio y sus tierras. En “El Paraíso Terrateniente” (Fichas- Buenos Aires 1972) el historiador Milcíades Peña sostiene que: “en mantener ese orden inmutable que otorgaba a Buenos Aires el monopolio de la Aduana, coincidían la burguesía comercial y los estancieros. Pero aquélla pretendía unificar el país para ensanchar así el mercado interno, con el cual lucraría colocando las mercancías que importaba de Europa, sin preocuparse demasiado de la suerte de los ganaderos bonaerenses. Los estancieros, en cambio, no tenían interés en arriesgar un solo centavo de sus ganancias en pro de la unificación nacional. Del resto del país sólo querían tranquilidad y que no perturbara la ampliación de sus empresas terratenientes sobre las vastas extensiones desiertas de la provincia de Buenos Aires..”.

Fue la acción militar del Estado ganadero-comercial la que amplió esas extensiones. La campaña iniciada por Rosas en 1830, que continuó la anterior de Martín Rodríguez en 1821, transformó la tierra conquistada en los primeros latifundios. Hacia 1830 se incorporaron a la explotación ganadera los territorios de lo que se llamó “el nuevo sur”. Una extensión que iba desde el extremo noroccidental de la provincia de Buenos Aires hasta la actual ciudad de Bahía Blanca. En esa zona se afirmó y consolidó la oligarquía terrateniente. La tierra conquistada al indio fue entregada a individuos y familias a precios increíblemente bajos o regaladas, como forma de pago por acciones militares o lealtades políticas. Hacia 1914 se verifica un retardo en el proceso de expansión y crecimiento, tal como se había diseñado a partir de 1880. Pero el modelo no entra en crisis hasta el “crack” internacional de 1929/30.

El 31 de agosto de 1930 - seis días antes del Golpe del 6 de setiembre - el público que asistió a la inauguración de la Exposición abucheó a Juan Fleitas, ministro de Agricultura de Yrigoyen, quien se retiró sin pronunciar su discurso. Unos días antes el partido Conservador, acompañado de los liberales, había publicado un documento “golpista” contra el gobierno radical. Entre los firmantes estaban varios “hombres de la rural” el terrateniente de la provincia de Buenos Aires, Federico Pinedo (pariente del diputado del PRO y ministro de Economía de Justo), Nicanor Costa Méndez y Aurelio Amoedo.

La relación de los representantes de la Rural con el primer peronismo tuvo un punto de ruptura con el Estatuto del Peón Rural (1944) y la ley de arrendamientos, ambos anticipatorios  del golpe cívico-militar de 1955.

En 1946 Juan Domingo Perón creó el Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio Social (IAPI), entre cuyas funciones estaba la de comprar toda la producción agropecuaria del país, pagada a valores del mercado interno, y luego comercializarla en el exterior a valores internacionales. Con la diferencia resultante, el gobierno promovía diversas actividades industriales y una redistribución de la renta inédita en la Argentina hasta ese momento.

En 1955, tras el golpe de la Revolución Fusiladora, el Presidente de la Sociedad Rural, Juan José Blaquier le envió una carta al presidente de facto Pedro E. Aramburu, en la cuál le rogaba: “… Hoy más que nunca es necesario aunar el esfuerzo de todos, y muy en particular del hombre de campo, para consolidar la economía de la Nación desquiciada por las autoridades del régimen depuesto, a cuyo efecto desde ya ofrecemos nuestra más amplia y decidida colaboración. Quiera la Divina Providencia iluminar los designios de vuestra patriótica gestión gubernativa a fin de que el país, al retomar la senda de la legalidad, pueda encararse hacia la meta de los grandes designios…”. Para la Rural, la dictadura es la legalidad.

La Sociedad Rural, en 1955, consideraba al peronismo como “… una amenazante espada de Damocles que se cernía sobre el destino de esta tradicional entidad…”(Anales de la SRA, Buenos Aires, número 2, febrero de 1956).

3.- En la Gobernación de Oscar Allende en la Provincia de Buenos Aires- gobierno constitucional de Arturo Frondizi - con respecto a las disposiciones impositivas adoptadas, la Rural denunció “un plan general tendiente a sovietizar el agro”. Pocos meses después de la asunción de Illia, la Rural dijo que “se volvía a caer en una política demagógica que trata de salvar votos..”.

Como era de esperar, el golpe que derrocó a Illia contó, con el apoyo solidario de la Rural. Onganía llegó a la Feria de Palermo en una noble carroza. El presidente de la Rural, Francisco Fano, dijo en su discurso:”… Si en todos ha renacido la esperanza…..Colaboremos con las nuevas autoridades en su acierto, que será nuestro acierto…”. Claro que, un año después, la política agraria fue duramente criticada por la Rural, considerando que algunas de las medidas que afectaban los intereses terratenientes tenían “fundamentos colectivizantes”.

El sociólogo argentino Ricardo Sidicaro, comprueba en su estudio “Poder y crisis de la gran burguesía agraria”(Argentina, hoy. Siglo XXI. 1983) que “..cualquier referencia a una posible modificación de estructura de distribución de la propiedad rural era firmemente rechazada…Aún cuando podía tratarse de recomendaciones realizadas por organismos internacionales de carácter técnico como la FAO o la CEPAL, las mismas eran absolutamente desestimadas considerándolas contrarias a los intereses generales del país…”.

Meses antes de las elecciones de 1973 y ante la evidencia del inminente triunfo del peronismo, la Rural advirtió que “no se debe incurrir en el error de creer que la eficiencia general mejorará mediante un castigo impositivo, ya que los esfuerzos y la imaginación de los hombres se concentran hacia las actividades más rentables, como lo demuestran las leyes permanentes de la economía…”. La Sociedad Rural amenazaba entrelíneas: se reducirían al mínimo las inversiones en el campo y se trasladarían los ingresos a otras actividades de especulación e intermediación.

La guerra con el gobierno peronista se desató a partir del “impuesto a la renta potencial de la tierra” y el anteproyecto de Ley Agraria. El secretario de Estado de Agricultura y Ganadería, ingeniero Horacio Giberti (recientemente fallecido), defendió el impuesto porque sólo afectaría a las grandes explotaciones. El anteproyecto de Ley Agraria, que nunca fue sancionado, trataba de asegurar la “función social” de la tierra. Se establecía, entre otras cosas, que el arrendatario debía ser indemnizado por el propietario al término de su contrato, para compensar de ese modo las inversiones que hubiera realizado en los campos. Se preveía, además, la expropiación o arrendamiento legal de tierras ociosas.

La Rural rechazó la idea y el proyecto y lo denunció como “un factor de destrucción de la producción agropecuaria”. La Sociedad Rural se apresuró a señalar que “..el pueblo voto por la doctrina y la filosofía justicialista y no para que, a través de conceptos similares se pretenda introducir ideas ajenas al sentir nacional..”. Cualquier cosa antes que la “colectivización” de la propiedad. La Rural se opuso a todos los equipos económicos del gobierno constitucional, menos a uno: el que dirigió Celestino Rodrigo.

Desde fines de 1975, la Rural encabezó y lideró todas las movilizaciones patronales contra el gobierno. Así, la Rural apoyó el nuevo golpe cívico-militar de 1976. En marzo de 1980 la Rural se oponía al retorno de la democracia y afirmaba: ”…sobre lo que no puede caber duda es que el retorno al pleno funcionamiento democrático del país ha de depender en todos los casos de una aplastante sensación de madurez en el cuerpo cívico de la Nación, cosa que por el momento nadie puede afirmar que haya ocurrido…”.

En marzo de 1977, al cumplirse el primer aniversario del Golpe cívico-militar, la Sociedad Rural Argentina y la Cámara de Comercio Argentino-Norteamericana financiaron juntas un aviso publicitario en el diario The New York Times que se editaba en EEUU. El aviso se titulaba:” Argentina: un año de progreso”. Las organizaciones defensoras de los derechos humanos estiman que, para entonces los “grupos de tareas” ya habían hecho “desaparecer” a diez mil personas. Pero a quien conociera la historia argentina, no podía sorprender la actitud tomada por la Sociedad Rural. Fue sólo uno más de los consecuentes y expresos apoyos a las sucesivas dictaduras que asolaron el país.

Frente al gobierno democrático de Alfonsín y ante los rumores de expropiación, la Rural advirtió:”…no cabe ninguna duda que en estos momentos de crisis el agro puede convertirse una vez más en la herramienta decisiva para la solución de los problemas argentinos….pero para que eso suceda la primera condición es la de seguridad jurídica de la propiedad….”. El presidente Alfonsín, contestó: “…desde el punto de vista jurídico nadie puede sostener que la propiedad de la tierra es absoluta e intangible hasta el punto de no admitir limitaciones. A veces el bien común exige la expropiación por el hecho de su extensión, de su explotación deficiente o nula, o por la miseria que de ello resulta a la población..”. Pero, aclaró Alfonsín: “… la expropiación de la tierra no se encuentra entre los puntos programáticos del partido que me eligió como su candidato presidencial… no son tiempos para una política de expropiaciones..”.

Es importante recordar que el doctor Carlos Yeregui, militante de la línea Renovación y Cambio del Partido Radical, elaboró el proyecto agrario que presentó la Unión Cívica Radical en 1972 y el Documento de Rosario, donde se sostiene la necesidad de una reforma agraria, basada en tres factores: social, económico y político.

Los hechos históricos descriptos, prueban en forma contundente la mendacidad de las expresiones de Hugo Biolcati en la Rural de Salta: con respecto a que “el sistema tributario de la Argentina es precario”, decimos que la Rural es la primera evasora impositiva, negándose sistemáticamente a contribuir con el desarrollo industrial argentino. Ha colaborado con todos los golpes cívico-militares ocurridos durante el siglo XX, por ello, es esencialmente antidemocrática. Es antiperonista, por su oposición a la industrialización. Cuando un gobierno pretende modificar mínimamente la estructura agraria en beneficio del desarrollo productivo de todos los argentinos, la Rural invoca que se está afectando “los intereses generales del país”. Por ello, su retórica preocupación por “los pobres” es hipocresía. Los terratenientes argentinos, nucleados en la Sociedad Rural, controlan desde hace un siglo los principales resortes del poder.

4.-  En la contratapa de Página 12 del domingo 1º de Agosto pasado el filósofo José Pablo Feinmann analiza el mendaz e hipócrita discurso de Luis Biolcati en la Sociedad Rural de Palermo : “….que la culpa de la desgracia argentina la tenían los golpes de Estado que habían derrocado a gobiernos constitucionales”. Pero la cumbre de la impostura, de la impudicia patraña, llegó con la preocupación por los pobres. Notable: ellos fueron los que crearon el hambre durante la fiesta de los noventa. “Hay que decirlo claro:  quienes crearon a los hambrientos por su sed infinita de ganancias no tienen derecho a hablar del hambre..”.

“Un discurso plagado de mentiras asombrosas,... pocas veces se ofreció a la ciudadanía un dislate más profundo…. Biolcati fija el momento esencial de la grandeza argentina en el primer centenario. Ese centenario que fue la fiesta de ellos… de la oligarquía….”.

Este caudal de mentiras repetido en la Sociedad Rural de Palermo y en nuestra Provincia, es sostenido por el diputado nacional Alfredo Olmedo, y un séquito de periodistas “ruralistas”, que tergiversan y silencian las  verdaderas causas que generaron tantos pobres e indigentes en nuestro territorio.

La discusión sobre el hambre y las respuestas que se proponen desde el neoconservadorismo antiperonista ocultan en forma  sistemática cualquier consideración sobre los orígenes de ese proceso vergonzoso.

Lo social es indivisible de lo económico. En consecuencia, deben tratarse conjuntamente  las cuestiones económicas y sociales. Los planes sociales focalizados a atender los problemas urgentes de la pobreza extrema son indispensables. Pero son sólo paliativos si la política económica es una fábrica de desempleo, exclusión y pobreza. Sólo en un escenario de crecimiento de la producción y el empleo, como el iniciado en el 2003 en Argentina y en diciembre/2007 en Salta, las políticas sociales y la solidaridad darán plenamente sus frutos de construir una sociedad participativa, sin pobreza, que fortalezca la autoestima de cada ser humano al sentirse actor de una empresa común y no sujeto de la asistencia social.

La Argentina puede y debe descansar en sus propios recursos para erradicar la pobreza. El país cuenta con los medios necesarios, que permitirán alcanzar niveles razonables de ocupación de la capacidad productiva instalada y de la mano de obra, elevando la tasa de ahorro e inversión y el crecimiento del producto. El ahorro interno debe ser, como en el resto del mundo, la fuente principal del financiamiento de la inversión. La inversión privada es un complemento importante de la inversión doméstica en la medida en que contribuya a la integración del  sistema productivo, a incorporar tecnología y a ampliar el acceso de la producción argentina a los mercados internacionales.

Arturo Jauretche llamaba a la Guerra de Secesión estadounidense la “guerra de las camisetas”, porque combatieron el Norte, que quería fabricarlas , y el Sur, al que sólo le convenía exportar el algodón. Y decía que la grandeza económica de EEUU radicaba justamente en el triunfo del Norte industrial. En Argentina, la Sociedad Rural ligada a la agroexportación y a las grandes finanzas, pretende seguir ganando la “guerra de las camisetas”.

La Argentina formó su modelo exportador con un fuerte contenido rentístico. Lo fundamental de la riqueza de la vieja oligarquía terrateniente es la renta de la tierra y ello impidió  que el país ingrese en el desarrollo industrial al mismo tiempo que Canadá o Australia. Los estancieros, cuando se cayó el modelo agroexportador en 1929, podrían haber invertido en la industria y no lo hicieron.

Había en aquella clase dirigente una indolencia que tenía su anclaje en la tranquilidad que le brindaba aquel modelo, que garantizaba  una alta tasa de ganancia con una mínima inversión, ganancia que se multiplicaba al cobrar sus ventas en libras oro y pagar los insumos, servicios y salarios en pesos devaluados, los que los llevaba a promover la permanente devaluación del peso. Un artículo  del influyente periódico inglés Finantial Times, afirmaba que el”… mayor enemigo de la moneda argentina sana han sido los estancieros….su interés radica en poder pagar sus gastos con papel moneda y obtener altos precios en oro por la venta de sus productos…porque de este modo el oro les provee de tierra y mano de obra baratas…”.

De esta forma la Argentina exportaba junto con su materia prima miles de puestos de trabajo que hubieran podido emplearse en nuestro país si aquella clase terrateniente hubiese optado por la industrialización. Esta diferencia era cubierta con la toma compulsiva de deuda externa.

El proceso de industrialización, que se profundiza con el peronismo en el año 1945 y concluye con el golpe cívico-militar de 1976, es el período  de mayor crecimiento de la historia argentina, más que en el modelo agroexportador y muy superior al financiero. Lo paradójico de nuestro país es que la minoría ha logrado convencer a la mayoría de que el modelo que más favoreció a esta última, generó la decadencia del país. Ésta continúa siendo la tragedia argentina.

En el modelo agroexportador el habitante del país es apenas un productor al que cuanto menos se le pague mejor; para el modelo industrialista, el habitante es un productor-consumidor cuyo salario y condiciones de vida son esenciales para la continuidad del modelo para que funcione la rueda virtuosa producción-consumo-producción.

La riqueza del campo es prioritaria para un país como la Argentina y el trabajo de los productores, la mayoría de los cuales no pertenecen a la tradicional oligarquía ganadera, debe ser reconocido y apoyado por el Estado. Actualmente en la Argentina se desarrollan importantes nichos de la cadena agroalimentaria, un sector estratégico a partir de las ventajas comparativas que ofrece el país.

El desafío es elaborar un proyecto económico nacional que complemente la actividad agropecuaria con la industrial y tienda a un aumento de la producción armónica de riqueza que permita su justa redistribución, debido a la función recaudadora y mediadora de un Estado fuerte y presente.
Salta, 10 de setiembre de 2010.
Nicolás R. Juárez Campos.

EL 2001 EN EL ESPEJO DEL PRESENTE (publicado por Ricardo Forster en Buenos Aires Económico -14/09/10-)

Durante los años ‘90, de hegemonía neoliberal, un único relato parecía ocupar la totalidad de la escena. Época caracterizada por el afán incansable de los sepultureros: había muerto, en primer lugar, el socialismo junto con el derrumbe del sistema soviético; morían, por inanición y decrepitud, las ideologías igualitaristas que fenecían mientras avanzaba global y dominante la democracia liberal; se desvanecían los movimientos tercermundistas mientras sus antiguas y utópicas visiones eran tragadas por el fango de violencias y decadencias que concluyeron, en muchos casos, en barbarie y genocidio; se declaraba, desde el centro del poder imperial, que vivíamos los días del fin de la historia y la entrada al reino del mercado universal en el que circularían libres y sin ataduras las más inverosímiles mercancías despachando al museo de la historia los viejos y decrépitos nacionalismos; se iniciaba el desmontaje del estado de bienestar junto con la entronización de la economía de mercado; muerte también, aunque previamente anunciada por los grandes debates de la filosofía francesa de los ‘60, del sujeto con sus inevitables correlatos: el pueblo, la clase obrera, las masas… todos antiguos y fenecidos mitos de una modernidad que había entrado en su etapa posmoderna.

Algunos, más aventurados, anunciaron la era del fin del trabajo, el tiempo de las nuevas tecnologías desplazando a los seres humanos y habilitando la entrada definitiva a la sociedad del hedonismo y el consumo. Como gigantescos museos visitados por contingentes de turistas, la historia y sus conflictos servirían como mercancía cultural para el divertimento de individuos aburridos y de multitudes apáticas.

Como una extraña venganza de la historia, el 11 de septiembre de 2001 todas esas muertes que anunciaban la llegada definitiva del tiempo del mercado y de la democracia liberal desplegando sus virtudes por las más variadas geografías, se sacudieron mientras dos aviones, guiados por inauditos terroristas provenientes de un pasado inverosímil, destruían el símbolo mayúsculo del poder del dinero y del capitalismo estadounidense.

El derrumbe pavoroso de las Torres Gemelas, si bien no supuso la caída del Imperio, cuya época todavía no ha concluido aunque las señales de su decadencia sean más que evidentes, sí desmoronó las fantasías de una época que creía haber alcanzado la eternidad al mismo tiempo que había acallado, para siempre, los estruendos del conflicto en el interior de un mundo definitivamente conquistado por la supremacía del liberal-capitalismo.

Para los estadounidenses el 11/9 fue un día de espanto y perplejidad, lo imposible había acontecido, la inexpugnable fortaleza había sido herida en su centro simbólico generando, en esos primeros días, un extraordinario pánico. Para el resto del mundo parecía evidente que una época, algo efímera pero que se había ofrecido como sepulturera de todas las anteriores épocas y como la clausura final de la historia, también ofrecía su rostro demudado y las señales claras de su obsolescencia.

Entre nosotros, habitantes del sur del mundo, el 2001 no concluyó con el derrumbe de las torres sino que se manifestó, bajo características absolutamente propias, en los días calientes de diciembre cuando la ilusión primermundista y la fantasía del uno a uno estallaron en mil pedazos dejando al descubierto una sociedad devastada, un Estado desguazado y un país en situación de catástrofe. La ficción desplegada por la convertibilidad menemista y continuada por la Alianza, que fue la forma que adquirió en estas latitudes el neoliberalismo, concluyó “con éxito” lo diseñado por Martínez de Hoz haciendo añicos los últimos restos del estado de bienestar que todavía sobrevivían más allá de los avatares posteriores al ‘55, aniquilando gran parte del aparato productivo y afianzando un nuevo patrón acumulativo del capitalismo que, desde el ‘76 en adelante, estaría signado por la especulación financiera y el brutal endeudamiento. Nuestro 2001 acabó de evidenciar la tragedia social generada por décadas de sistemática destrucción del trabajo y de los derechos sociales.

Mientras que los países centrales siguieron apostando a las políticas neoliberales, políticas que los llevarían a la fenomenal crisis del 2008 que todavía sigue acechando a sus economías, en la Argentina, y a partir del gobierno de Néstor Kirchner, se inició un proceso que buscó invertir el núcleo del modelo que nos había conducido al desastre. Lo que al inicio fue una denodada batalla por salir del “infierno” luego, y cuando le tocó el turno a Cristina Fernández, se convirtió en una franca decisión por redefinir la matriz de la distribución de la renta en un país que había visto de qué modo, y a lo largo de varias décadas, esa matriz llevó el sello de la creciente desigualdad.

El conflicto por la renta agraria fue el punto de partida de lo que hoy se vuelve a disputar, conflicto al que le siguieron otros no menores que involucra en primer lugar a la corporación mediática pero que también atraviesa los otros núcleos concentrados de la economía.

En la Argentina, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos y en Europa, donde los respectivos Estados nacionales salieron a rescatar a los grandes bancos causantes de la crisis para luego responsabilizar, en un ejercicio de cinismo único, al “excesivo gasto social” como el causante de los desequilibrios fiscales, la respuesta fue proteger el salario, afianzar el mercado interno y recuperar el fondo de las pensiones que había sido enajenado a la especulación financiera. Los resultados están a la vista. Lejos de quedar atrapados en la crisis, como sí ocurrió en otras ocasiones no tan lejanas, se pudo sortear con éxito el momento más difícil para llegar, en esta segunda parte del 2010, a tasas de crecimiento que no dejan de sorprender.

El espejo del 2001 sirve para reconocer nuestro presente, nos permite diferenciar la actualidad, la que nos ofrece la forma de cierta reparación a través, por ejemplo, de la asignación universal, de esa otra época signada por las políticas neoliberales que nos condujeron hacia el abismo.

Por eso resulta imperioso no perder de vista quiénes y por qué desplegaron entre nosotros aquellas políticas que se nutrieron ideológicamente del consenso de Washington pero que heredaron los objetivos trazados en la noche de la dictadura por Martínez de Hoz y sus socios.

Saber reconocer las genealogías, es decir, poder evidenciar de qué modo las corporaciones y sus operadores políticos (el famoso “grupo A” de la oposición en el Congreso) siguen actuando de acuerdo con ese modelo que llevó a la Argentina hacia el páramo de la desigualdad, la injusticia y la pobreza, constituye una tarea fundamental si es que no queremos que la derecha liberal-conservadora vuelva a determinar un destino desgraciado para las mayorías populares.

DOCUMENTO DEL CONSEJO NACIONAL DEL PARTIDO JUSTICIALISTA (Ciudad de Corrientes, Provincia de Corrientes, 26 de agosto de 2010)

El Consejo Nacional del Partido Justicialista manifiesta un fuerte y contundente respaldo a la Presidenta de la Nación, Dra. Cristina Fernández de Kirchner que es víctima de ataques arteros y presiones aviesas y malintencionadas por parte de la oposición política y la manipulación de los monopolios de comunicación que no se resignan a la estricta subordinación a la Constitución y las leyes que reglamentan su ejercicio.

La valiente y enfática posición de nuestra Presidenta de la Nación en defensa de la libertad de expresión y el libre acceso a la información de todo el pueblo argentino, choca permanentemente con la acción tenaz y deliberada del Grupo Clarín y sus socios circunstanciales, que pretenden preservar sus privilegios surgidos al amparo de dictaduras y gobiernos débiles y claudicantes.

El informe “Papel Prensa: la verdad”, muestra claramente la actitud inescrupulosa de quienes, sin miramientos, pretenden acumular poder sin el mínimo cumplimiento de los requisitos legales, soslayando la voluntad soberana del pueblo argentino. Logran, finalmente, amparándose en la irrestricta libertad de expresión existente en la República Argentina, distorsionar la realidad, ocultar la verdad, tanto por acción como por omisión.


Respaldamos las acciones de ejercicio pleno de las atribuciones constitucionales para poner un freno a la concentración mediática que pretende legitimar un discurso único y hegemónico a favor de los grupos más concentrados de la economía, cuyo único interés es engrosar sus ganancias sin límites violando todas las leyes existentes.

Papel Prensa es una prueba contundente. La acción de nuestra Presidenta ha sido respetar la estricta división de poderes. El Poder Judicial deberá evaluar las pruebas documentales para verificar la existencia o no de delitos de lesa humanidad. El Poder Legislativo, deberá aprobar o no una iniciativa tendiente a declarar el interés público en la producción de papel, establecer un marco regulatorio y garantizar el acceso de todos los diarios de la República Argentina a la provisión de este insumo básico en precio y condiciones equitativas.

La Justicia deberá investigar sin presiones corporativas la existencia o no de administración fraudulenta e infiel y el modo de adquisición de la empresa. El Congreso deberá demostrar su plena autonomía respecto a los grupos monopólicos. Así lo ha planteado nuestra Presidenta en estricto cumplimiento de los principios republicanos de gobierno.

La mentira sistemática irrita y busca lesionar la credibilidad y la confianza del pueblo argentino en las instituciones democráticas. Mienten cuando consideran que la extinción de la licencia de Fibertel restringe la libertad de expresión. Mienten cuando consideran que la defensa enfática de papel para todos los diarios, constituye una restricción a la libertad de prensa o constituye una persecución política.

En el mismo sentido, es propicia nuestra presencia en la provincia de Corrientes para manifestar nuestro más enérgico rechazo al Proyecto Ayuí, con el que estas mismas corporaciones mediáticas pretenden: apropiarse de un río, inundar ocho mil hectáreas de bosques nativos y contaminar al río Uruguay y sus poblaciones ribereñas, pretendiendo violar el tratado binacional.

Nuestro lema es y seguirá siendo: MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA.

Sin ningún tipo de condicionamientos. Con el respeto a la diversidad y a las convicciones. Sin manipulaciones.

Luchamos por un fútbol para todos. Y lo logramos.

Luchamos por televisión digital para todos. Y estamos avanzando.

Luchamos por una Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y logramos un contundente respaldo en el Congreso. Solamente la actitud vergonzante de legisladores que perdieron la votación y jueces serviles a los intereses monopólicos, pudieron retrasar su instrumentación. Pero hoy estamos avanzando con un fuerte respaldo popular en su reglamentación y ejecución para terminar con los monopolios.

Luchamos por la pluralidad de voces. Y cada vez son más los argentinos comprometidos con una Argentina con calidad institucional.

Luchamos con convicción en defensa de nuestras ideas. Ideas históricas del Peronismo que se actualizan en este nuevo escenario nacional e internacional.

No nos perdonan por defender principios e ideas progresistas y de cambio social. Nuestro país nunca creció en doscientos años de historia como desde el año 2003 a la fecha. Tenemos más de 11 millones de argentinos dentro del sistema de Seguridad Social. Estamos creciendo a una tasa superior al 7% anual. Bajamos aún más la pobreza, la desocupación, la indigencia y el empleo informal.

Seguimos construyendo puentes, rutas, pavimento urbano, escuelas, hospitales, viviendas, agua potable, cloacas, puertos y energía que representan una verdadera reparación histórica por años de espera y retraso.

Por primera vez en doscientos años logramos durante siete años consecutivos un crecimiento acumulado del 64% de la economía, la casi triplicación de las exportaciones, el aumento de las reservas y la reducción del 160 % de deuda respecto al PBI hasta el 25 % en términos de endeudamiento neto. Logramos superávit fiscal primario, financiero, comercial, en cuenta corriente, aumento de reservas y desendeudamiento. Asimismo, recuperando nuestra más profunda concepción peronista de la justicia social, logramos incluir a 3,8 millones de niños, adolescentes y jóvenes y más de 2,5 millones de nuevos jubilados al sistema de Seguridad Social.

Hoy la oposición no tiene ideas ni programas alternativos. No tiene liderazgo y no tiene la responsabilidad de preservar un modelo que ha generado crecimiento económico con inclusión social y mejor distribución del ingreso.

Nosotros sentimos vergüenza ajena cuando nuestros opositores políticos acatan órdenes y estrategias pergeñadas por grupos concentrados con sospechas de clara y manifiesta violación a los derechos humanidad y de cometer delitos de lesa humanidad.

Por todo esto, apoyamos decididamente a nuestra Presidenta, reivindicando la plena necesidad de mantener el rumbo económico para crecer y generar empleo privado formal, ejecutar más inversión pública y generar las condiciones para mayor inversión privada en el marco de condiciones laborales dignas.

Es necesario que los argentinos hagamos un ejercicio de memoria para recordar dónde estábamos en el 2003 y dónde estamos ahora.

Logramos más inclusión social y mejor distribución del ingreso aumentando la participación de los trabajadores en la renta nacional. Logramos después de más de una década sin paritarias, pasar de 100 a 1500 convenios colectivos de trabajo. Logramos multiplicar por 7 el haber jubilatorio mínimo. Logramos aumentar sustancialmente el salario mínimo, vital y móvil que es el más alto de América Latina. Después de más de una década de congelamiento y rebajas salariales y de jubilaciones, devolvimos la dignidad y la esperanza al Pueblo Argentino.

Sobrevivimos a los presagios de catástrofes energéticas. Invertimos para aumentar la oferta y no cedimos en otorgar ganancias extraordinarias.

Sobrevivimos a un lock out patronal que mantuvo en vilo 130 días nuestro país con la cooperación y apoyo mediático de quienes se ruborizan cuando en ejercicio de derechos constitucionales hay conflictos salariales, y protestas populares reivindicando legítimos derechos.

Sobrevivimos a los ataques infundados. A las diatribas. A las mentiras. Pero insistimos con la verdad.

Hoy en el Bicentenario de la Patria, el Justicialismo está de pie. Defendiendo las mismas banderas de siempre. Con dignidad y coraje.

Fuimos capaces de hacer una patria libre, justa y soberana. Y somos capaces de defenderla.