HOMBRE DE LA CASA ROSADA (Reportaje realizado por Horacio Verbitsky publicado por Página 12 el domingo 10 de enero de 2010)

Kirchner habla de todo y de todos. Las lecciones de la derrota bonaerense, Cobos y Redrado, el INDEC, la oposición desestabilizadora, su patrimonio, Clarín y Telecom. El alejamiento de Ocaña y Saín. Crecimiento del 0,5 por ciento en 2009. ¿Bastan el PJ y la CGT para desafiar a tantos enemigos tan poderosos? Las asignaturas pendientes de su gobierno que Cristina está rindiendo. Proyectos para profundizar el modelo en 2010 y alianzas para sustentarlos. Inclusión, petróleo y matrimonio gay.

Cuando le pido que identifique los tres mayores aciertos de su presidencia, sonríe. “El principal fue animarme a abrir la puerta del despacho para entrar”, dice. Se recuerda como un presidente muy débil, en medio de una situación política, económica e institucional de “ingobernabilidad absoluta”. Ni siquiera la dirigencia política que lo apoyaba coincidía con su idea sobre el país. “Abrí una ventana. La Plaza de Mayo estaba llena. Fue la más triste que ví en mi vida, porque allí había un pueblo que demandaba trabajo, atención, que la Casa Rosada se diera vuelta y dejara de mirarlos con la nuca.” A veces las palabras no acuden cuando las precisa. Las ideas se le atropellan y la boca es un embudo muy estrecho, como el día en que habló de “un grito de aire fresco”. Su relación con sujeto, verbo y predicado no se inspira en la de Juan Perón. Le salen frases enrevesadas que a menudo quedan truncas, con los puntos suspensivos de una obra de Armando Discépolo, pero se hace entender mucho mejor que tanto pulcro abogado sentencioso. Dice que se acercó “a esa Plaza Rosada” y sintió que con el cargo había asumido todas las responsabilidades por la situación. “Tarea difícil la de ser presidente”.

Los pactos que no fueron

A los pocos días, un ministro le dijo que la Corte Suprema de Justicia se proponía redolarizar la economía si no se le brindaban “determinadas seguridades”. Por la noche lo consultó con Cristina y el Secretario Legal y Técnico Carlos Zannini. Vuelve a reír: “En aquel momento yo era el Chirolita de Cristina”. Cuando decidieron explicar a la sociedad que el gobierno no aceptaba este trato extorsivo “empezó uno de los procesos más importantes de la institucionalidad argentina”, que condujo al establecimiento de una Corte Suprema independiente, elegida con un método transparente. Pero advierte que más de una vez ha estado en desacuerdo con sus fallos y se intuye que no las tiene todas consigo sobre lo que el tribunal pueda decidir cada vez. Es que al formar esa Corte con no partidarios, como hizo Mitre un siglo y medio antes, se ató al mástil de una institucionalidad a prueba de editoriales exaltados de los herederos de su precedente y de los socios mayores.

Días antes de asumir, una visita importante le planteó que para garantizar la convivencia debían ratificarse las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

– El ex senador Eduardo Duhalde.

– Sí, pero también algunos compañeros.

Dice que el impulsor de esa especie de “acuerdo cívico militar” fue el general Ricardo Brinzoni, quien había visitado a varios gobernadores para llevarles su propuesta. Kirchner lo recibió durante un almuerzo en Comandante Piedrabuena.

– Me habló de un trabajo coordinado para sostener la institucionalidad. Le respondí que la mejor manera era que cada uno cumpliera con el rol que le asigna la Constitución. A muchos les sorprendió que en cuanto asumí lo relevé. Lo hice en defensa del gobierno que comenzaba, porque bajo su conducción las Fuerzas Armadas volvían a actuar en terrenos que no les correspondía.

– ¿Y con las leyes de impunidad?

–Pedí tiempo hasta comenzar mi gobierno, que necesitaba fortalecerse. Y cuando asumí respaldamos los juicios que se estaban realizando, como pedían los organismos y el sistema interamericano de derechos humanos, derogamos el decreto que firmó De la Rúa contra las extradiciones solicitadas por el juez Baltasar Garzón y pedimos la ratificación de la Convención Internacional sobre imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y de lesa humanidad y la nulidad de las dos leyes.

Mucho más que tres

Le hago notar que los tres mayores aciertos que mencionó se produjeron en los primeros meses de su gobierno. Son los más importantes porque sin ellos no hubiera habido institucionalidad, dice, pero limitarlo a tres le parece mezquino. “Son muchos más.” La enumeración que sigue a borbotones incluye los gemelos superávit comercial y fiscal, la renegociación de la deuda externa, el pago al Fondo Monetario Internacional para que deje de condicionar la política económica, la recuperación del trabajo con la creación de cinco millones de puestos nuevos, los 23 aumentos concedidos a los jubilados, la reapertura de las negociaciones paritarias, la fijación mediante sucesivos aumentos del salario mínimo más alto de Latinoamérica, la inclusión en el sistema provisional de un millón y medio de trabajadores pasivos que habían quedado sin ninguna cobertura. “Todo esto va vertebrando un sistema muy diferente al que recibimos y también diferente a lo que pasa ahora. A mí me tocó sacar a la Argentina del infierno. Por eso las contradicciones de esa etapa son diferentes a las contradicciones de este gobierno...

– Después hablamos del gobierno de Cristina...

Pero Kirchner no quiere interrumpir su razonamiento. Dice que las contradicciones son diferentes porque cambió el campo de alianzas. Entonces “había muchos que aún pensando diferente acompañaban porque todos querían salir del infierno, pero ahí todavía no se perfilaba la definición profunda del modelo, y ahora sí”. Cuando le pregunto por los tres mayores errores o carencias de su mandato, su respuesta se adelanta a la pregunta siguiente: las falencias de su gobierno, que reconoce, son los principales méritos del de su esposa. No parece deliberado, pero sumando ambas cosas, no hay más que aciertos. Ese es el estilo que les permitió darle a la caída electoral del 28 de junio la dimensión de un traspié, cosa que exaspera a los opositores que los daban por acabados. Una vez Cristina dijo que eran dos cuerpos con un solo cerebro.

Los medios y los fines

Kirchner no percibió que “la democratización debe ser total, más profunda”, que también era necesario consolidar “un sistema de medios absolutamente democrático y no monopólico”. Tuvo “la ingenuidad de esperar comprensión, para construir una Argentina democrática”. Después de reintegrar al sistema previsional a quienes habían quedado afuera por las privatizaciones que dejaron a tantos sin empleo, entendió que esa respuesta era parcial. También se habían privatizado “los fondos de los trabajadores, mediante las famosas AFJP, que crearon gran parte de la deuda argentina, por el buco que generaron en el presupuesto”. Se suponía que esos fondos servirían para crear un mercado de capitales, que benefició a muy pocos y descapitalizó a los trabajadores. La decisión posterior de recuperar el sistema previsional “la podríamos haber realizado nosotros, pero no lo vimos con claridad”. No parece recitar un libreto, sino buscar respuestas que aún no conoce. “A veces, es necesario ganar en homogeneidad, un proyecto tiene que ir construyendo conciencia en la gente”, tantea. Luego vuelve a terreno más conocido: “A este proyecto político lo atacan mucho más por los aciertos que por los errores”. Esos aciertos, dice, hicieron que se juntaran muchos “sin ideas y sin proyectos, sólo por tratar de revertir lo avanzado”.

“A Cristina le toca enfrentar un núcleo duro cerrado y desestabilizador, que se opone a la política de derechos humanos, más los sectores monopólicos mediáticos, a los que se suma una oposición política que destruyó la Argentina dos veces y no aporta ideas para la construcción a partir del caos que ellos crearon. Por el contrario, siempre tratan de profundizar cualquier contradicción para que todo se agrave. Eso es lo que hoy tenemos enfrente y lo que en la Argentina futura se va a debatir”.

Frente a ese cuadro, afirma que la respuesta de CFK consiste en mejorar la calidad institucional y pone como ejemplos la Ley de Medios Audiovisuales, la recuperación del sistema previsional, la asignación universal a cada hijo, el Fondo del Bicentenario. Kirchner entiende que la Asignación Universal es la medida de política social más importante que se adoptó en medio siglo. “Muchos dicen que ellos la plantearon primero. No vamos a discutirles. Si todos la querían, que la presidente la haya adoptado es un triunfo de todos. ¿No?”. También reivindica el Plan Argentina Trabaja, que mediante las cooperativas se aparta de los planes clientelistas que se dictaron en el inicio del siglo, “inclusive en algún momento de nuestro gobierno”. Es difícil compatibilizar su enfoque con los de la oposición, política, corporativa y mediática, que denuncia un atropello institucional tras otro. “Son los que trabajan para desestabilizar al gobierno. Lo que ocurre es que no nos estamos rindiendo al sistema. Llegamos para transformarlo”, replica.

Conflictos de intereses

La personificación de esa queja es el vicepresidente Julio Cobos. Kirchner pide que se tome conciencia del lastre que debe remontar Cristina, con el único “vicepresidente desestabilizador” que tuvo la democracia desde 1983, que “goza de los privilegios institucionales de un proyecto político al que traicionó y del que se plantea como alternativa”. También señala el machismo de la sociedad, al que atribuye que haya prosperado “el cuento de que yo tomo las decisiones, con el que intentan desgastarla. No la conocen a Cristina, ni a mí”.

El escollo con que chocó el actual gobierno a poco de andar fueron las patronales agropecuarias. Kirchner cree que “se podría haber comunicado mucho mejor” pero defiende la necesidad de las retenciones al comercio exterior de la soja, “tanto por la extensión de sus plantaciones y el nivel de precios como por la distribución del ingreso”. Omite nombres pero opina que “quienes trabajaban con Cristina en el tema no estuvieron a la altura de las circunstancias”. Se remite a una declaración de su esposa: “sin renunciar a las medidas en las que uno cree, desde la presidencia hay que buscar una síntesis, sin odios ni enojos”. Pero lo que se ve es un conflicto ríspido. “Que no nos asuste, muchas veces habrá conflicto de intereses. Ordenar los intereses de la sociedad significa equilibrar cargas que no lo están y eso genera conflictos”. Pero cree posible una síntesis, que no perjudique a nadie y que respete “los intereses de la mayoría de los argentinos”.

El gran examen

Cuando habla de su esposa trasunta una admiración que no se compadece con la imagen tan difundida, que la reduce a mera emanación de su voluntad. Dice que el manejo de la crisis internacional fue “el gran examen que dio Cristina”. Describe la crisis como más profunda que la de los años ’30, con el derrumbe del sistema financiero, el estallido de la burbuja especulativa simbolizada por instituciones como Lehman Brothers, emblemáticas del Consenso de Washington, y el uso del Estado como resguardo cuando todo temblaba. “Los dirigentes europeos y estadounidenses no podían comprender lo que les estaba pasando ni atinaban a aplicar el antídoto correcto, hasta que apelaron al tipo de medidas defensivas que nos criticaban a nosotros”. El razonamiento se cierra en el punto en que comenzó: “¿Se imagina si hubieran estado a cargo quienes gobernaron la Argentina en la década del ’90 o en la crisis de 2001? Hubiéramos tenido política de ajuste, descuento de salarios, descuento de ingresos a las provincias, pactos fiscales a cuenta de la coparticipación”. Y, aunque no lo diga, represión, para imponer ese programa. Agrega que “quienes hoy tanto hablan de coparticipación son los mismos que firmaron todos los pactos fiscales y llamaban a los gobernadores para que las provincias resignaran fondos”.

Reservas y deuda

La alabanza se refiere a las políticas activas para el sector automotor, el campo, la construcción, la inversión pública. Cuenta que en marzo hay 150 escuelas a inaugurar y miles de obras básicas y fundamentales para activar y para generar empleo, que comenzaron en 2008 y 2009. “Por eso la Argentina creció el 0,5 o 0,6 por ciento pero no decayó”.

– ¿En 2009?

– Sí. Decían que se iban a vender 200 mil automóviles, se vendieron 550 mil. La recaudación aumentó en los dos últimos meses del año, y en este enero que comienza, está creciendo a dos dígitos. Se exportó carne por 1935 millones de dólares, cuando decían que iba a ser necesario importar. También ingresaron 670 millones de dólares por exportaciones de lácteos. A pesar de la tremenda crisis internacional, de la sequía, del conflicto, de no haberse liquidado algunas cosechas, los resultados económicos permitieron llegar a 48.240 millones de dólares de reservas.

– Varias fuentes de la oposición dicen que se reinicia el endeudamiento.

– Eso no es serio. Estamos pagando la deuda que contrajeron los gobiernos que se sucedieron desde 1976 hasta 2003. Cuando asumimos, la deuda equivalía a más de una vez y medio el Producto Bruto, ahora apenas pasa del 40 por ciento.

¿Qué es una derrota?

Reformulo su planteo de esta manera: desde 1983 hasta 2003 rigió un pacto de gobernabilidad. Los intereses hegemónicos que emergieron de la dictadura autorizaron la subsistencia de gobiernos electos, siempre que no afectaran sus negocios y que ajustaran sobre las espaldas de los trabajadores. Kirchner rompió este acuerdo en 2003. Pero entonces, ¿cómo se explica que su candidatura haya sido derrotada por nadie el 28 de junio?

– Hubo varios factores. El conflicto por la 125 produjo una confusión en la sociedad, que poco a poco se fue aclarando. Después empezamos a remontar desde muy atrás. Había sectores que de verdad querían que el gobierno se cayera...

– ¿Querían?

– Y siguen queriendo. Dirigentes con nombre y apellido lo han dicho en público.

Cree que parte de la confusión fue que se atribuyera a factores internos la pérdida de poder adquisitivo de sectores medios y medios bajos, que no lo relacionaron con la crisis internacional. También computa la zozobra que provocó la pandemia de gripe A. Pero considera central debatir si su construcción política fue correcta, porque percibe alguna desconexión entre el mensaje a la sociedad “y aquellos que tenían que instrumentarlo, que a veces pensaban más en sus intereses individuales que en los del proyecto nacional. Sin proyecto nacional es imposible que haya un proyecto provincial y menos proyectos municipales. Lo estamos discutiendo, nos autocriticamos”. También incluye en el análisis lo que llama “el cerco mediático para desgastarnos y limarnos”, y los recursos ilimitados de la campaña de quienes resultaron ganadores cuyo gasto “fue astronómico” y del que no debieron rendir cuentas. Aunque dice que “fuimos la primera minoría del país, por más de 6, 7 puntos”, no intenta minimizar el fuerte simbolismo de la derrota en la provincia de Buenos Aires. “Nos ganó la derecha”, señala.

La incidencia del INDEC

Le doy mi opinión sobre la incidencia de la situación del INDEC. El maquillaje de las cifras devaluó toda palabra pública y el enmascaramiento de la inflación dificultó ver ese sufrimiento de los sectores medios-bajos y bajos y demoró una medida como la Asignación Universal, que debería haberse tomado mucho antes.

Kirchner interrumpe, con esa actitud de peleador que tanto irrita como admira:

– Pero se tomó...

Trato de terminar el razonamiento:

– ...y en cambio se prefirieron los acuerdos con sectores oligopólicos, que bajaban dos o tres artículos por unos días, mientras subían todos los demás, y dos o tres semanas después subían también los precios acordados.

No coincide. Por un lado, defiende el cambio de un sistema armado para un esquema neoliberal donde crecían los servicios y desaparecía el resto. También señala que había funcionarios del INDEC cercanos a las consultoras, aunque no quiere generalizar porque la mayoría le parecen decentes. Pero además observa que en el momento de las elecciones la caída de la actividad había hecho que los precios se mantuvieran o cayeran. ¿Y el efecto de la negada inflación anterior sobre la credibilidad oficial?

– Se puede discutir. Pero lo importante es lo que se está haciendo ahora. El gobierno no se ha encerrado como si se sintiera dueño de la verdad absoluta. Se está haciendo un trabajo conjunto con las universidades nacionales, que permitirá crear un sistema que quede fuera de toda duda. La presidente ha elegido ese camino para buscar la solución definitiva.

Aún así, no niega la posible influencia del INDEC en el resultado electoral. “Sería absurdo de mi parte. Nunca hay una sola causa que determine un resultado”. Pero insiste en ponderar los otros elementos que mencionó.

Llamados de atención

Pienso en la depresión y el repliegue de Alfonsín después de la derrota de 1987, en las maniobras de Menem después de la de 1997 para que lo sucediera la inofensiva oposición y no sus feroces compañeros, en la terca negación con que De la Rúa fingía que la derrota de 2001 no lo afectaba porque no había sido candidato. La reacción de Kirchner no se parece a ninguna de ellas. Acepta el resultado en forma autocrítica, pero no lo siente como un drama (la oposición dice que actúa como si no hubiera ocurrido). Se ríe cuando recuerda sus malos resultados en varias elecciones en su provincia, donde después se impuso.

– La política es así. A veces hay derrotas que son llamados de atención, y además de analizar por qué se pierde hay que ver con quién se pierde. Lo más grave es que no perdimos con una fuerza progresista sino con el pasado, con los años ’90. No hay más que ver lo que están haciendo en la Ciudad de Buenos Aires. El Jefe de Gobierno dice que nosotros estamos terminados, y él todavía no empezó. A nosotros nadie nos puede quitar el valor de que hemos sabido gestionar, administrar. Este señor no ha podido mantener una sola decisión, y ha tomado las más agraviantes. Lo grave es que nosotros perdimos con eso y nuestro análisis es que ocurrió por no haber profundizado y corregido las cosas que teníamos que corregir. Por eso se tomaron todas las medidas que se tomaron después del 28 de junio.

Le menciono tres proyectos de reforma que él no aprobó: la fiscal en la que trabajó Felisa Miceli, la de la Ley de Entidades Financieras de Carlos Heller y la de la Carta Orgánica del Banco Central que presentó Mercedes Marcó Del Pont.

– Hubieran sido profundizaciones del modelo y, por ejemplo, hubieran evitado el problema con Redrado.

– Nos quedamos sin Felisa.

– Desde el gobierno se paró esa reforma mucho antes, porque Clarín había publicado una tapa sobre el tema.

Pero seguimos trabajando, dice, sin explicar cómo ni cuándo.

– El tema de la Carta Orgánica del Banco es una asignatura pendiente. La conversamos pero nos quedamos ahí por no alterar el funcionamiento del sistema financiero. Mercedes presentó un buen proyecto, hay que discutirlo, pero el mundo no termina hoy ni mañana, y la presidenta tiene muchas cosas más claras de lo que las tenía yo. Con Heller estamos conversando sobre este tema, nunca fue rechazado.

SURAMÉRICA HA PERDIDO A UN GRAN HOMBRE (por Emiliano Villazón -miembro fundador del Grupo Yatasto-)

La inesperada noticia y la consternación que genera, impiden explayarme en demasía. Solamente me viene a la mente que el hombre que hoy se ha ido, es el político más importante de los últimos cuarenta años y sin lugar a dudas el mejor Presidente hombre que ha tenido nuestro país desde el regreso a la democracia, inclusive esto es asumido de esta forma aún entre quienes no lo compartían ideológicamente.

El hombre que hoy se ha ido es el RESUCITADOR DE LA IDEOLOGÍA DEL VERDADERO JUSTICIALISMO, que durante tantos años había estado oculta. Pero viva, siempre viva. El justicialismo que más me contiene, el de Evita y el Juan Perón de la primera (¿y segunda?) presidencia. Ese justicialismo de la justicia social, de la independencia económica y de la soberanía política, pero no solamente en la teoría y en el discurso, sino principalmente en la acción política y social cotidianas.


Ese movimiento social y político de John William Cooke, de la Resistencia Peronista, de la Gloriosa JP, de los Muchachos Peronistas, de los Descamisados, ese que ofrendó sus mejores cuadros a la democracia, cuando miles de estudiantes, trabajadores, intelectuales, dirigentes barriales, políticos y hasta miembros de las diferentes comunidades religiosas fueron arrebatados impunemente por el terrorismo de Estado. En fin, ese “Hecho maldito del país burgués”.

El hombre que hoy se ha ido es el mismo que al asumir el cargo de Presidente en el 2.003, entre otros puntos manifestó:

“Avanzaremos simultáneamente en forma cuidadosa y progresiva creando las condiciones para producir más y distribuir lo que efectivamente se produzca” (La tan controvertida Resolución 125 y el voto “no positivo” quedarán en la historia de nuestro país como prueba del cumplimiento efectivo de lo prometido);

“Terminaremos con la Argentina donde el hilo se corta por lo más delgado y en eso actuaremos con energía, porque no es posible una economía sin esfuerzo y no alcanzará para ayudar a los desprotegidos si no hay cumplimiento impositivo. Quien no cumple sus obligaciones impositivas le resta posibilidades de ascenso social a los demás. La evasión es la contracara de la solidaridad social que exigiremos” (Éstas palabras, claramente indicaban que era necesario crear en nuestro país un sistema impositivo progresivo. El proyecto de Reforma de la Ley Penal Tributaria que en marzo de este año ha ingresado a la Cámara de Senadores es una prueba más del cumplimiento efectivo de lo prometido);

“Nuestra prioridad en política exterior será la construcción de una América Latina políticamente estable, próspera y unida con base en los ideales de democracia y justicia social” (La “Contracumbre”, denominada “Encuentro de los pueblos”, de noviembre de 2.005, en el estadio Mundialista de Mar del Plata y su activa participación en los recientes episodios de Honduras y Ecuador, son una prueba más del cumplimiento efectivo de lo prometido);

“Vengo a proponerles un sueño: Reconstruir nuestra propia identidad como pueblo y como Nación”;

“Vengo a proponerles un sueño, que es la construcción de la verdad y la justicia. Vengo a proponerles un sueño, el de volver a tener una Argentina con todos y para todos”;

“Quiero que seamos un país serio. Pero además quiero también un país más justo”;

El hombre que hoy se ha ido es el mismo que en su discurso ante los asistentes al 58º Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, en setiembre de 2003, manifestó:

“El más grande riesgo es el ensanchamiento de la brecha existente entre ricos y pobres. Países centrales y países periféricos no son escalas de un ejercicio intelectual. Tampoco una cuestión de ideologías. Muy por el contrario, reflejan una realidad lacerante en términos de pobreza y exclusión social sin precedentes. Nuestra prioridad debe ser lograr que la globalización opere para todos y no para unos pocos”;

“La defensa de los derechos humanos ocupa un lugar central en la nueva agenda de la República Argentina y por ello insistimos en apoyar de manera permanente el fortalecimiento del sistema internacional de protección de los derechos humanos y el juzgamiento y condena de quienes los violen. Todo ello con la cosmovisión de que el respeto a la persona y su dignidad deviene de principios previos a la formulación del derecho positivo y reconocen sus orígenes desde el comienzo de la historia de la humanidad”;

El hombre que hoy se ha ido es el mismo que el día 25 de mayo de 2.006, al dar su discurso en la Plaza de Mayo dijo:

“Venimos con toda nuestra voz y nuestra fuerza para construir la Argentina de la justicia y de la dignidad. Ustedes y yo debemos hacer lo mismo: oídos sordos a tantos agravios, ésta es la Plaza del amor y de la reconstrucción argentina. Queremos una Patria para todos, queremos una Patria para todos los argentinos y argentinas”;

“Mi sueño es ayudar a construir una Argentina cada vez más plural, una Argentina que consolide la reconstrucción, una Argentina donde los trabajadores, los empresarios, los intelectuales, todas las fuerzas libres de la sociedad puedan construir el espacio que necesitamos. Tenemos que recuperar esa vocación de cambio, esa vocación transgresora que tuvo durante muchísimo tiempo la sociedad argentina”;

“Queridos hermanos: dicen que me peleo mucho, y no es que me pelee mucho, es que negocio poco con ciertos intereses; hay algunos intereses que me quieren ver de rodillas y yo voy a honrar el juramento ante el pueblo argentino: siempre de pie, siempre luchando, siempre peleando por la Patria”;

“No me importa que me amenacen, como lo hicieron ayer diciendo en un acto chiquitito que hubo, que si tuvieran una bomba me la pondrían. No me interesa, porque me juego por mi pueblo, me juego por la Patria, me juego por una Argentina para todos y con todos”;

Se ha ido el hombre, sus ideas -que son las nuestras- siguen de pie, ahora más que nunca hay que apoyar a la Presidenta, quien con todo su dolor por la pérdida irreparable que ha sufrido, deberá ser ahora más fuerte que antes, porque como decía Juan Perón: “La Patria no consiste en el tiempo limitado de nuestras vidas. Nos prolongamos en nuestros hijos como en nuestras obras. En consecuencia, aspiramos a proporcionar a las generaciones de mañana una vida más plena. Más fuerte en el respeto de sus derechos. Más feliz en el cumplimiento de sus deberes.”

Hoy nadie puede negar la realidad, que como decía Juan Perón es la única verdad. El compañero Néstor Kirchner, Secretario General de la Unión de Naciones Suramericanas ha muerto como otros grandes, ha muerto como Evita y el Che, de la única forma que enaltece: DE PIE Y LUCHANDO.

Salta, 27 de octubre de 2.010.

LA ACCLAMATIO EN EL PARTIDO JUSTICIALISTA (por Nicolás Roberto Juárez Campos -miembro fundador del Grupo Yatasto-)

1.- Nadie duda que durante doce años o más, en Salta, el Partido Justicialista y el Gobierno Provincial fueron privatizados. En Salta se había afianzado un régimen social de acumulación concentrado y excluyente, en coherencia con el Neoliberalismo de la globalización financiera.

La utopía neoconservadora de la conducción del PJ, consistía en la pretensión de barnizar las “instituciones democráticas” sin alterar la naturaleza de la factoría colonial agraria de la Provincia de Salta. Por tal razón, dichas instituciones eran sumamente frágiles y vaciadas de protagonismo popular. Trasuntaba, desde la gestión gubernamental, una Salta arcaica e inmóvil, la expresión de la divisa de Augusto Comte: “Ni reacción, ni revolución”.

La conducción del PJ estuvo en manos de una dirigencia domesticada, cuyo único horizonte eran los cargos públicos a alcanzar para usufructuar las prebendas que el régimen otorga a quienes utiliza como cómplices para encubrir la dominación y la explotación con un manto de representatividad y legitimidad democráticas. “Todos somos iguales” repetía constantemente la dirigencia pejotista, pero algunos eran más iguales que otros. Esa hipócrita "unidad”, respondía a la Escuela de Frankfurt, encabezada por el filósofo neomarxista Jurgen Habermas, que impuso hace más de treinta años a las democracias occidentales la teoría del consenso.

Ese “consenso” y “unidad” del PJ, resultante del acuerdo de los grandes partidos y los grupos económicos, transformó la genuina representación democrática y el sufragio universal y secreto en una verdadera farsa, porque venían a justificar las decisiones ya tomadas de antemano por la “concordancia”.

2.- Que el “jucarismo” intente denostar a la Lista “Urtubey-Conducción” es cobardía política, porque la interna convocada para el 21 de noviembre/2010, era la gran oportunidad del “peronismo feudal” para debatir en forma “agonista” en el seno partidario, sobre la naturaleza histórica, doctrina, tradición y lucha, del gran movimiento nacional, popular y revolucionario, nacido el 17 de Octubre de 1945.

La verdad es que el “jucarismo”, siempre estuvo afuera del peronismo, aún cuando conducía el aparato del PJ, traficando con su liturgia. Actualmente ha cometido un “sincericidio” y ha regresado a su espacio natural del conservadurismo neoliberal. Sus definiciones ideológicas con respecto a las políticas públicas, que se implementan en el Gobierno Nacional y Provincial, son tan elocuentes que no generan dudas.

La “democracia” que el PJ romerista defendió era la “procedimental”, en la cual sólo le interesa a los dirigentes políticos cumplir con el formalismo democrático, dejando de lado todo contenido de valores. El fracaso de la democracia procedimental con la consecuente crítica a los partidos políticos por ejercer la representatividad popular en forma espuria, no solo porque monopolizaron dicha representatividad, sino porque la bastardearon con las oligarquías partidarias, ha hecho surgir nuevas formas de representación políticas.

Entre esas nuevas representatividades que eligen a sus autoridades, se encuentra la vieja acclamatio, donde la voluntad pública del pueblo se expresa por aclamación popular, como consentimiento de los gobernados.  La democracia se torna así directa, eliminando toda mediación entre el pueblo y sus representantes. Recordemos aquí la aclamación de Irala, nombrado gobernador de Asunción por sus huestes en 1544 y la aclamación de Perón por el pueblo en la Plaza de Mayo, el 17 de octubre de 1945 como líder de los argentinos.

Como el pueblo existe sólo en lo público, cuanto más fuerte es el sentimiento democrático, más seguro es que la democracia es otra cosa distinta a la ecuación liberal “un hombre = un voto”. Esta institución de la acclamatio utilizada durante 1500 años en la proclamación popular de los reyes, desde Roma hasta finales de la edad media, ha sido recuperada en este comienzo del tercer milenio, desde las sociedades periféricas, sometidas al “totalitarismo democrático” de aquellos que se apropiaron de los partidos políticos, los aparatos culturales, los mass media y las empresas del Estado.

La acclamatio perdura en las elecciones gremiales, que casi siempre son precedidas por una asamblea de delegados en donde se vota por aclamación a los candidatos. La acclamatio es en los sindicatos la condición previa de la elección formal de autoridades. Con el retorno de la política, se instala en la escena suramericana una gramática que parecía olvidada, redefiniendo el papel del Estado en la regulación de las respectivas economías, asociado a ciertos modos de la participación popular que aparecían anacrónicos en la época dominante del neoliberalismo.

3.- La “democracia procedimental” anuló el debate en el PJ y al Estado lo vació de todo contenido ético, licuando sus aparatos de poder y así, vía privatización de todas las empresas públicas o vía anulación de las reparticiones estatales de planificación, logró dejar de lado los tres principios que lo constituían: la idea de bien común, como principio de finalidad; la idea de solidaridad, como principio de integración y la idea de subsidiariedad, como principio de ayuda. Quedando así reducido a simple regulador de los contratos jurídicos y a represor de los sectores descontentos. A esta reducción de la actividad estatal, la denominan “seguridad jurídica”.

El “jucarismo” se negó sistemáticamente a debatir ideológicamente en el seno del PJ, desechando lo político en nombre de las más diversas formas de reingenierías electorales (Ejemplo: ley de lemas, etc.) que respondían a las retóricas del consenso y del fin de las ideologías y que continúa reivindicando bajo nuevos ropajes “neorrepublicanos” de última hora, esos que abominan del conflicto y del disenso.

En defensa del capitalismo especulativo financiero, naturalizaba sus intereses corporativos en el Gobierno, mientras profundizaba la despolitización del PJ y la sociedad salteña, lanzándolos a los brazos de la tecnocracia, el  management empresarial y la retórica aterrorizadora de los gurús de la economía de mercado, todo ello funcional a la destrucción del trabajo, a la profundización exponencial de la desigualdad y al incremento vertiginoso de la pobreza y la marginalidad.

A partir de la conducción del compañero Urtubey en el PJ, debemos transitar el pasaje de la metáfora financiera a la metáfora fabril: decirle adiós definitivo a los yuppies de Wall Street con sus teorías de ajuste y flexibilización laboral y darle la bienvenida a los sindicatos y las chimeneas. Desde el nuevo PJ, debemos politizar la economía, inscribirla nuevamente en el interior del proyecto de transformación que significa el peronismo, que siempre supo dejarse interpelar por los sujetos de las injusticias.

El próximo 21 de noviembre, al día siguiente de celebrar el aniversario de la lucha por la soberanía nacional, los militantes estamos convocados para escribir las páginas del Libro “Azul y Blanco”, arrancándole la careta a la mascarada democrática de aquellos dirigentes que balbuceando la marchita, falsificaron la realidad con “mentiras a designio”, tal como quería Sarmiento. El Libro “Azul” del “jucarismo” fue derrotado en octubre del 2007, un libelo pergeñado para encubrir con liturgia pejotista, una complicidad con el neoliberalismo y destruir desde “adentro” al peronismo, perpetuando un statu quo colonial de factoría agraria.

A partir del 21 de noviembre de 2010, los  militantes justicialistas diremos junto a Raúl Scalabrini Ortiz: “…No es tarea fácil la que hemos acometido. Pero no es tarea ingrata. Luchar por un alto fin es el goce mayor que se ofrece a la perspectiva del hombre. Luchar es, en cierta manera, sinónimo de vivir…”.

Salta, 8 de octubre de 2010. Nicolás R. Juárez Campos.

PARTIDO JUSTICIALISTA: POSTALES DEL PARTIDO QUE QUEREMOS -Segunda Parte- (por Nicolás Roberto Juárez Campos -miembro fundador del Grupo Yatasto-)

MI DESTINO ES LA RESISTENCIA DE LAS CONVICCIONES” (ARTIGAS)
Lo que no le perdonarán nunca al peronismo los intereses proimperialistas  de adentro y de afuera es su carácter de Movimiento de emancipación nacional y continental. Porque el proyecto de independencia de ayer sigue siendo el mismo de hoy, aunque las armas agresoras se carguen ahora con pólvora cultural y económica. Es un proyecto que se define por su enfrentamiento a todas las formas y fórmulas de colonialismo y neocolonialismo, cualquiera sea el color de la bandera que enarbole. Ese es su profundo y trascendente sentido histórico.

El peronismo, como expresión contemporánea del movimiento nacional emancipador debió soportar desde sus orígenes la más formidable y persistente campaña de desprestigio, de infamia y desinformación urdida por la maquinaria imperialista. La campaña difamadora orquestada por los intereses de la antipatria se mantiene igual a sí misma desde nuestros orígenes independentistas. La corporación mediática despliega como nunca su histórico poder deformante. Ha sido fundada para esa misión y amaestrada para la faena. Su fuente de recursos es la publicación de todo aquello que obstaculice el futuro de la Nación y el proceso autoconsciente de su historia.


“… HOY ES SIEMPRE TODAVÍA...” (ANTONIO MACHADO)


En Salta, la única forma de contrarrestar la política agresiva de la oposición neoconservadora, es con una nueva conducción y organización del PJ. Cualquier peronista sabe muy bien que quien más enseñó sobre organización política y quien más reclamó la organización e institucionalización del movimiento fue justamente su fundador y jefe.

Durante mucho tiempo las autotituladas dirigencias justicialistas han mantenido ex profeso la desorganización del Movimiento con la intención de “armar” un partidito que cumpliera las funciones de aparato electoral y pudieran controlar. Así les fue a los traficantes de Perón.


Actualmente, con el compañero Juan Manuel Urtubey, estamos ante la posibilidad de construir una verdadera conducción política, fiel al mensaje y ejemplo del más grande argentino del siglo XX.

En la construcción de la nueva autoridad del Movimiento hay que empezar por el principio, esto es, por el pensamiento de Perón. El General ha dejado en nuestras manos todo lo que un pueblo puede esperar de uno de sus mejores hijos: 1) Nos deja un ejemplo de vida heroica, modelo para la juventud; 2) Una obra revolucionaria que transformó una colonia en Nación soberana; 3) Un proyecto nacional, fruto de cuarenta años de servir al país y reflexionar sobre su destino; 4) Su pensamiento político, como guía irrefutable que alumbre nuestra marcha hacia la victoria de Argentina y Suramérica.


El florentino Maquiavelo advertía a los nobles Médicis que il rimanente lo dovemo fare noi. Y así será.


DE AQUELLOS POLVOS, ESTOS LODOS


En la última década el PJ se convirtió en un partido de lotófagos. Cuenta Homero en La Odisea, que en su accidentado regreso a casa, una tempestad lo arroja, junto a sus compañeros, a la playa de una tierra ignota. 


Para su sorpresa los lugareños los reciben con gran deferencia, ofreciéndoles compartir su alimento, una planta llamada loto. Sin saberlo, están en el país de los lotófagos. Quien ingiere este alimento olvida el pasado, pierde noción de quien es, de donde viene y hacia donde se dirige. Por ello los compañeros de Odiseo se niegan a zarpar, se encuentran sin proyectos, sin lazos, sin pasado. Han caído en el olvido.


La dirigencia travestida de los últimos años, intentó en el PJ borrar el pasado y la experiencia revolucionaria del peronismo, rompiendo definitivamente sus lazos con éste. Para lograrlo instrumentó “unidades” o “reconciliaciones” electorales, que se basaban en la inexistencia de la memoria y en el olvido de su historia.
La nueva conducción del Partido, como Odiseo, debe obligar a los compañeros a salir de ese estado de sopor, de ese conformismo, de esa falta de memoria.


LA PRIMERA DERROTA ELECTORAL


Para comenzar a recuperar nuestra memoria histórica es relevante reflexionar sobre la derrota peronista en las elecciones democráticas del 30 de octubre de 1983, hecho inédito en su historia.


El peronismo fue derrotado tres veces: el 16 de setiembre de 1955 por “la Fusiladora”, el 24 de marzo de 1976 por “El Proceso” y en Octubre de 1983 por el radicalismo.

El “misterioso” Gorriarán Merlo dijo desde México que el triunfo había sido “contra el fascismo”,  mientras el ex Secretario de Hacienda de Martínez de Hoz, Juan Alemán, explicaba en la edición del 14 de noviembre de 1983 del diario Ámbito Financiero: “… la destrucción de la clase obrera y la transformación de un gran número de trabajadores en vendedores ambulantes fueron las causas del triunfo de Alfonsín…”. Al final  cerraba el comentario, atribuyéndose el mérito, con un “…de nada, Don Raúl…”. Afirmación correctísima ya que el golpe cívico-militar de 1976 desarticulo en lo económico el aparato productivo que se había iniciado con la política de sustitución de importaciones y destruyó al movimiento obrero argentino.

Un país sin fábricas, reprimarizado, era un país políticamente mucho más seguro. No sólo reprimieron a la militancia vinculada a las organizaciones armadas, sino toda forma de resistencia obrera; defenderse de la patronal y atacar al gobierno era una misma cosa, y recibían idéntica respuesta. Y esta versión liberal del modo de producir se impuso por el terror directo sobre la clase obrera industrial. En Plaza de Mayo, cuando triunfa Alfonsín, los jóvenes radicales cantaban:” Paredón, paredón/ a todos los negritos que votaron a Perón…”. Había sido derrotado el Justicialismo y con él la mejor política social que es el empleo y la inclusión.

Comenzó la apología del “voto inteligente” y la sorprendente afirmación de que “el pueblo no se equivoca”. Sin embargo Neustadt advertía a los vencedores sobre la existencia de seis millones de peronistas “químicamente puros”, advertencia que no fue desoída ya que días más tarde, desde las marquesinas del liberalismo, partía la propuesta del bipartidismo como reaseguro de la estabilidad del sistema democrático.


El inefable golpista Mariano Grondona, en tono catedrático, solía explicar: “…siempre hay dos partidos, uno democrático, que respeta las libertades y otro justiciero… justicialista… pero en serio” (léase: no peronista; hoy “Peronismo Federal”).

La ilusión mejor guardada (la derrota electoral del peronismo) alcanzó materialidad efectiva. El peronismo era- desde esa perspectiva- el principal responsable de la debacle nacional y para resolverla bastaba con la “construcción de un objeto nuevo: una “democracia republicana y liberal”, sostiene el historiador liberal Luis Alberto Romero[1]. Para el académico lo ocurrido en  1983 contiene el corte histórico decisivo, un punto y aparte, y no la continuidad del ciclo iniciado en 1976.


LA DEMOCRACIA REPUBLICANA Y LIBERAL


En realidad, es la misma concepción que informa la línea histórica Mayo-Caseros, según la cuál  Mayo no se hizo para construir una Nación como un fin en sí misma, sino como un simple medio para conseguir lo que más tarde Caseros consolidó: la creación de un sistema institucional  que encuentra su razón de ser, como toda la concepción de la “intelligentzia”, en la célebre máxima “Civilización o barbarie”.

Según esta concepción el fin último no es la Nación sino las instituciones: la República, la Constitución, la democracia liberal, etc. Así lo expresa claramente la frase de Esteban Echeverría, que figura al pie de su estatua: “…Los esclavos o los hombres sometidos al poder absoluto no tienen Patria, porque la Patria no se vincula a la tierra natal, sino al libre ejercicio de los derechos ciudadanos…”. De esta forma lo nacional se encuentra subordinado a lo institucional. Y la traición a la Patria no deviene de negar su soberanía, sino de alterar el orden institucional. Es el eterno divorcio que siempre ha existido entre el marco institucional y el país real. Las dos Argentinas que señalaran Alberdi (el viejo), Scalabrini Ortiz, Monseñor Zaspe y hasta Eduardo Mallea.

En Europa y otras ecúmenes, lo institucional se encuentra subordinado a lo nacional, es decir que la Nación se organiza mediante las instituciones, es fin y no un medio, al revés de lo que sostienen nuestros iluminados. 


De acuerdo a esto, no es difícil comprender las razones por las cuáles los golpes de estado se inician con el surgimiento de los movimientos nacionales: con Yrigoyen primero y Perón después. Es decir, cuando el sistema liberal tambalea ante el proyecto del Movimiento Nacional.


Y más claro resulta aún comprender las causas por las cuales todavía se niega la existencia legal de la Constitución sancionada en 1949, la única verdaderamente nacional y el golpe más certero que recibió el liberalismo. Porque la sustitución de la Constitución Liberal por la Nacional impedía al régimen la asimilación del peronismo y su neutralización, como hiciera con el radicalismo, a la vez que organizaba el sistema institucional de acuerdo con las exigencias del país real.

Así las cosas, en esta nueva etapa, los peronistas debemos sumar esfuerzos para que el país institucional y el país nacional no marchen paralelos, porque ello no es asegurar la estabilidad, sino negar el pleno ejercicio de la soberanía, es decir, atentar contra la vigencia de una democracia participativa y postergar el destino nacional.

Cierta prensa amarilla y reaccionaria salteña, responsabiliza al Compañero Urtubey de haber “destruido” a otros partidos al conformar el Frente en Octubre/2007, entre ellos al Partido Renovador. Esta interpretación antojadiza, considera que la idea de país nacional encierra la fórmula de  partido único, y que por lo tanto conduce al totalitarismo (otra vez la opción falsa: “soberanía o libertad”, “lo colectivo- la masa informe- o lo individual- privado y exquisito”, “democracia o sindicatos”, etc.).

Por supuesto no se hace ninguna alusión al hecho de que el país nacional está estructurado bajo la forma movimientista (participativa, por lo tanto democrática), que es policlasista, que reconoce la contradicción primordial de Nación/ Imperio y que el nacionalismo de un país oprimido, no es igual que  el nacionalismo de un país opresor, etc.

Contra la moda que reivindica el parlamentarismo europeo como la panacea de las nuevas democracias en Latinoamérica, yo coincido con el politólogo argentino Ernesto Laclau, que defiende la necesidad de presidencialismos fuertes. Para las democracias latinoamericanas, dice: “…soy partidario de la reelección presidencial indefinida. No en el sentido de que vayan a elegirse presidentes de por vida, sino que éstos puedan presentarse a elecciones una y otra vez. Porque cuando la voluntad colectiva de cambio se ha aglutinado alrededor de ciertos significantes, imágenes y nombres, la discontinuidad de ese proceso puede llevar a la reconstrucción del viejo régimen sobre la base de diluir el poder en una serie de comités y corporaciones de distinto tipo…”.

APRENDAMOS DE NUESTROS PENSADORES


Un Movimiento, como el nuestro, sempiternamente acusado de “culto de la personalidad” en lo referente a Perón y Evita, suele soslayar con injusticia a algunos de sus más preclaros servidores, como si no hubiesen contribuido decisivamente a su corpus doctrinario, a su praxis en el gobierno y la legislación, y su continuidad evolutiva. Es correcto señalar a Arturo Sampay, como el padre jurídico de la Carta Magna de 1949, como Alberdi lo fue de la de 1853, y uno de los mayores jurisconsultos argentinos del Siglo XX.

Es importante que la nueva conducción del PJ rescate al compañero Arturo Sampay, quién durante el primer peronismo fue no “el poder” sino, con más propiedad, “el saber”, detrás del “trono”.


Con la discusión actual sobre los dos modelos político-económicos en pugna en Argentina, verificamos que lo valioso siempre retorna; que la esencia prevalece sobre lo accidental y que no sólo la organización “vence al tiempo”, sino también la idea de permanente vigencia, y la figura que nos lega un paradigma de carácter y conducta al servicio de causas justas y nobles.

Hoy Arturo Sampay no dudaría en reeditar su concepto del ‘55, y nos diría que la ecuación histórica que está en juego no es: “El Espíritu Santo o Perón”, sino “Peronismo industrialista o la vuelta de la Argentina del Centenario”.

NO ROMPE PLATOS EL QUE NO LOS LAVA


Pensar la historia es tarea difícil. Pero pensar en ella para transformar la vida de los hombres, es más difícil aún. Para la nueva conducción del PJ será un imperativo ético y su práctica política. Debemos acortar la distancia entre el pensar y el hacer, comprometer el pensamiento con la vida. Los peronistas debemos multiplicar en nuestros corazones  los panes. Pensar la historia es pensar la política. La historia no se repite mecánicamente, lo que supervive, en todo caso, es el símbolo de las luchas populares, lo que quedó inconcluso en esa historia. Ella nos incita a cumplir lo incumplido, como diría Sabina: “Que gane el Quiero la guerra del Puedo”.

La historia de los últimos 20 años, nos muestra que el orden liberal- conservador que rige a partir del derrumbe de la bipolaridad Capitalismo vs. Comunismo, estableció un Mundo Unipolar bajo la égida de los ideales liberales en economía y conservadores en política.

En ese contexto, el peronismo que - como movimiento político- no es liberal ni conservador, se transformó - como partido político - en un partido de “oportunistas” que a contrapelo de los ideales movimientistas y contestatarios sostenidos por Juan D. Perón, se sumó al orden liberal- conservador a partir de 1989 con la asunción de Carlos Menem, modelo repetido en Salta por el PJ y por el gobierno provincial, conducidos por Juan Carlos Romero.

A nivel nacional Duhalde convalida lo propuesto por el gobierno socialdemócrata de De la Rúa, su antecesor, que forma parte por vocación – y no como el peronismo por extrañamiento de sí – del proyecto mundialista del “capitalismo casino”.

Sin embargo, a pesar de la hegemonía de la globalización financiera las respuestas y rechazos se multiplican, no sólo por el estado de injusticia social, sino  porque el modelo liberal- conservador no respeta las diferencias. Y como en Argentina la diferencia política la establece el peronismo como movimiento de masas, no puede existir política nacional viable con la exclusión del movimiento peronista. He aquí la explicación, del imperativo histórico de los compañeros Kirchner y Juan Manuel Urtubey, de conducir el PJ nacional y provincial.

SE CANTARA EN LOS TIEMPOS SOMBRÍOS/ TAMBIÉN SE CANTARA SOBRE LOS TIEMPOS SOMBRÍOS...” (B. BRECHT)

La conducción anterior del PJ no disentía con la oposición más que en puntos secundarios, integrando una especie de “totalitarismo democrático”, porque compartían la misma ideología que tenía como dios monoteísta al Libre Mercado.

Todo conciliábulo hecho a espaldas de los ideales del peronismo, afecta a la gobernabilidad política del Estado y torna inverosímil su realización. Entre las categorías permanentes de análisis de la metapolítica tenemos la “colonización cultural a través de los mass media” y en contraposición,  la de la movilización popular”, concepto tan caro a la naturaleza del peronismo heredado del 17 de octubre de 1945, como contenido ideológico insustituible de su práctica política.

Es que el peronismo de Perón y Evita, manejaba otro sentido de democracia diferente a la versión demoliberal conservadora. Recordemos las palabras de Perón ese memorable 17 de octubre: “Esta es la verdadera fiesta de la democracia, representada por un pueblo que marcha a pie durante horas para llegar a pedir a sus funcionarios que cumplan con el deber de respetar sus auténticos derechos…”.

El pueblo movilizado y militante realiza sin intermediarios la gestión democrática por antonomasia: hacer saber, por acclamatio, a sus gobernantes que es lo que quiere. Perón le otorga a la movilización una dimensión política como pueblo en marcha”, que crea en los gobernantes las condiciones para la decisión justa. En el nuevo PJ, debemos comprender que la movilización tiene ese sentido profundo y único.

Con la restauración de la “movilización popular” y  enarbolando la idea del valor del disenso en el debate ideológico partidario, derrotaremos a los teóricos del consenso vacío de sentido. Para abrir una brecha en el dogma consensual del PJ, es fundamental ejercer la libertad intelectual y realizar la deconstrucción de la falsa “unidad”, esa empresa de superchería montada por los ideólogos del consenso antiperonista. El mimetismo con el orden liberal- conservador, en el PJ salteño, fue de tal magnitud, que reinaba el no-pensamiento y el vacío.

EL CONTINENTALISMO SURAMERICANO

El peronismo debe ganar la durísima batalla cultural requerida para iluminar un nuevo sueño colectivo y organizar una nueva clase dirigente, porque triunfar en la pulseada por la construcción de una nueva subjetividad garantizara la transformación molecular de la conciencia colectiva argentina.

Los suramericanos, estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo tipo de Estado, resultante de los procesos de integración regional que será el único protagonista real del siglo XXI en la construcción de un orden multipolar: el Estado continental industrial.

Pero los tiempos turbulentos que corren nos exigen inéditas formas de repensarnos para estar a la altura de los acontecimientos históricos. Juan Domingo Perón percibió, previó y proyectó desde una asociatividad dinámica entre la idea y la praxis la teoría del continentalismo, como fase previa al universalismo en el proceso evolutivo histórico.

El continentalismo suramericano de Perón es el aporte teórico-práctico más compacto por su vigencia en el campo de las relaciones internacionales para reconstruir un camino de desarrollo endógeno desde nuestras capacidades reales, sin desconocer la globalización y materializar en el mapa del mundo, como afirmó Juan Pablo II, el “continente de la esperanza”.

Salta, 7 de Octubre de 2010. Nicolás R. Juárez Campos.


[1] “Veinte años después: un balance” en “La historia reciente. Argentina en democracia”, Marcos Novaro y Vicente Palermo. Edhasa, 2004