“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”
(Augusto Monterroso)
El periodista Santiago O’Donnell tuvo oportunidad de acceder a ellos, y en el libro “ArgenLeaks” (los cables de Wikileaks sobre la Argentina, de la A a la Z) nos cuenta sobre los cientos de miles de cables militares y despachos diplomáticos que llegaron a Julian Assange, fundador del sitio seguro para hackers, llamado “Wikileaks” y que se encargó de difundirlos por el mundo.-
En las páginas 305/309 el periodista describe la visita del embajador estadounidense Lino Gutiérrez a la Provincia de Salta en Marzo del 2005 y detalla algunos aspectos de la conversación mantenida con el entonces gobernador Juan Carlos Romero: “Durante su carrera política, Juan Carlos Romero demostró un fuerte alineamiento con las políticas de Washington…En su reunión con el embajador, el ex candidato a vice de Menem se mostró como un admirador de los Estados Unidos…”.-
Agrega el periodista que en la reunión “…Romero se declaró a favor del ALCA (Tratado de libre comercio regional impulsado por los Estados Unidos y desestimado por los países del Mercosur en la cumbre de Mar del Plata de 2006)..El gobernador Romero criticó las políticas “estatistas” del gobierno central y dijo que él creía en el libre mercado…”. Al contrario del gobernador, en la despedida, el diplomático incluyo elogios para el gobierno nacional de Néstor Kirchner.-
¿Qué significa este “alineamiento” político e ideológico de Juan Carlos Romero con los EEUU? ¿Su “admiración” por el país del norte implica execración por la integración latinoamericana? ¿No es contradictorio “creer ciegamente en el libre mercado” o “admirar” la belicosidad imperial de los EEUU y autoproclamarse “justicialista”?.
Si los peronistas podemos admirar su lucha por la Independencia del yugo inglés, identificarnos -en la Guerra de Secesión- con el triunfo del norte industrializador y el accionar político de Abraham Lincoln, no podemos olvidar que en los últimos 30 años hubo cambios muy profundos en la economía planetaria, especialmente en los Estados Unidos, donde la tasa de inversión en los sectores productores de bienes y servicios ha caído en forma sistemática y hoy sólo el 10% de su población económicamente activa trabaja en la industria.
El fin del sueño americano?
Una de las causas de esta situación fue la apertura internacional de sus empresas que buscaron mayores utilidades, reduciendo sus costos laborales en países con mano de obra prácticamente esclava. Los segmentos de los procesos productivos “más intensivos en trabajo” y menos susceptibles de automatización quedaron radicados en los países periféricos, cuyo crecimiento quedó subordinado a la expansión de sus exportaciones.-
Entre el modelo capitalista norteamericano y el europeo hubo grandes diferencias. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial en Europa se impulsaron los denominados Estados de Bienestar, mientras EEUU le dio prioridad al empleo. Por eso la tasa de desocupación fue más baja y la protección social muchísimo menor que en Europa. Pero en los últimos 30 años la economía norteamericana casi no ha creado nuevos puestos de trabajo.-
Es que el capital financiero, voraz e impaciente, invierte en activos financieros para obtener utilidades rápidas y no en la producción o la industria. Esta situación ha mantenido estancado el salario real, minando un soporte esencial del credo norteamericano: el capitalismo se encarga de dar trabajo y por lo tanto el bienestar colectivo depende del empleo.-
Es importante advertir que desde 1994 EEUU cambió el método de cálculo de la desocupación, eliminando de la medición a las personas que llevan más de un año desocupadas. Esto significa que la desempleo declarado del 9 y 10%, en realidad supera el 20%, similar a que registra España.
Ante la crisis de los países centrales a mediados de los ’70, el neoliberalismo ofreció una respuesta congruente con los intereses del gran capital: desmantelamiento de la intervención estatal (logro de las luchas obreras en los países centrales y de las luchas populares y nacionales en la periferia) con la justificación “científica” de la capacidad de los mercados para autoregularse y asegurar el máximo crecimiento en escala mundial, producto de la óptima asignación de la inversión posibilitada por el libre desplazamiento de los capitales hacia localizaciones y actividades más redituables.-
Esta crisis consistió básicamente en la caída de la tasa de ganancia y era consecuencia directa de la necesidad de invertir más capital para obtener un determinado aumento de la producción, atribuible al agotamiento de las tecnologías desarrolladas en los años 20 y la inmediata posguerra.
Asimismo, la combatividad de la clase obrera en un contexto de baja desocupación, había logrado incrementos salariales superiores a los de la productividad y esto se tradujo en una elevación de la tasa de inflación, ya que los mayores costos no pudieron ser trasladados enteramente por el capital a los precios, por la creciente competencia internacional y la recuperación de las economías alemana y japonesa.
Se inicia por lo tanto una etapa de alta inflación y escaso crecimiento, en la que los intentos para superarla mediante la expansión del gasto público y del déficit fiscal, fracasaron rotundamente, porque los remedios keynesianos están configurados para crisis originadas en la insuficiencia de la demanda, pero la crisis de los ’70 reflejó una insuficiencia en la generación de excedente por el capital y, por ello requerían políticas de otro tipo.-
Dime tus intereses y te diré quien eres!!
La élite dirigencial capitalista tenía la posibilidad de articular una coordinada acción estatal para elevar la productividad del capital y evitar que la reducción de la inversión generase una caída del ritmo de crecimiento de la productividad del trabajo y del empleo.
Sin embargo, con el ascenso de Thatcher en el Reino Unido y de Reagan en los EEUU a comienzos de los 80, adoptó la teoría que defendía un grupo de neoliberales liderado por Friedrich Hayek: que la limitación de los mecanismos del mercado constituía una amenaza a la libertad económica y política y que era necesario “el aumento de la participación de los beneficios en el producto”, esto implica el aumento de las distribución de dividendos y la compra masiva por las empresas de sus propias acciones para elevar su cotización en bolsa y la reducción de los costos salariales mediante la disminución del personal ocupado.-
Estos economistas veían el origen de la crisis en el excesivo poder del movimiento obrero, lo que ha socavado las bases de acumulación capitalista y que ha llevado los gastos sociales del Estado a un nivel insostenible, generando una “inflación” y un “estancamiento” cuya reversión exige la contracción del gasto social, el cese de la intervención del Estado en los mercados. Esto implica el restablecimiento de una tasa “natural” de desempleo (es decir un hambriento ejército industrial de reserva) y reducciones de los impuestos sobre las ganancias y las rentas a fin de restituir una “saludable” desigualdad.-
Se instrumentó entonces una política monetaria restrictiva para disminuir la presión inflacionaria a través de la caída de la demanda, con el consiguiente aumento del desempleo, desregulación de los mercados (incluido el laboral con la polivalencia funcional y la precarización) y ampliando el campo de inversión para el capital privado.
El control de gran parte de éste capital por inversores financieros (fondos de pensión, fondos mutuos de inversión, etc.) con exigencias de elevada rentabilidad en corto plazo, implicó la aplicación de una política centrada en la maximización de los ingresos de los accionistas, asegurada por la gran presión de los países centrales, a través del FMI, el Banco Mundial y las corporaciones mediáticas, para obstaculizar e impedir toda política destinada a proteger el mercado interno y que pudiera condicionar el accionar de las empresas transnacionales. El resultado fue una elevación de las desigualdades salariales, un descenso en la tasa de sindicalización, inseguridad laboral, deterioro de la seguridad social y mayor desigualdad en la distribución del ingreso, con una fuerte concentración en el 1% de la población con mayores ingresos.
El desmantelamiento de las políticas nacionales fue también impulsado por los sectores dominantes locales - como el “jucarismo” en Salta - ansiosos por aprovechar las oportunidades de especulación generadas por la abundante oferta de fondos externos.
América del Sur y una porción sustancial de Asia permaneció en la vieja división internacional del trabajo como productora de alimentos y materias primas. Esta dinámica, periódicamente sacudida por crisis financieras que afectan regiones enteras, siempre tuvo como eje la economía norteamericana en razón de sus dimensiones, la importancia de su mercado financiero, su mayor crecimiento desde los años ’90 respecto de los países centrales y su gigantesco déficit comercial, que la han transformado en una verdadera aspiradora de la producción mundial y, en especial, de los productos industriales provenientes del Este de Asia.-
A su vez, el crecimiento de esa región asiática impulsó la demanda de materias primas y alimentos provenientes del resto de la periferia. Desde los años ’90 el crecimiento de China es la principal contribución al crecimiento de la economía mundial y es una transformación sustancial de un orden internacional que experimentará importantes cambios con la actual crisis.
Esta es resultado de la política monetaria adoptada por la Reserva Federal de los EEUU a partir del 2001 para salir de la recesión y de las fallas de las regulaciones que aseguran transparencia en los mercados financieros. Pero esta explicación es insuficiente, porque si bien las bajas tasas de interés facilitaron el boom en el mercado inmobiliario, no explican el bajo nivel de ahorro de los hogares y su ya elevado grado de endeudamiento. Tampoco explican las razones por las cuales la Reserva Federal no procuró frenar la burbuja, análisis que haremos en otra oportunidad.
El desempleo ha crecido exponencialmente en los últimos años en los EEUU y se ha estancado el salario real. Desde 1973 hasta 2007 el 1% de las familias más ricas americanas se apropió del 60% del crecimiento de la riqueza y el 90% de los norteamericanos consiguió el 9%, por ende, la resultante fue el achicamiento del mercado interno por la drástica reducción de la demanda.-
Ahí surgió una orgía desregulatoria fenomenal, permitiéndoles a los bancos algo que estaba prohibido desde 1933: que aún teniendo depósitos asegurados pudieran hacer inversiones de riesgo. Entonces se lanzaron alegremente a ofrecer créditos hipotecarios baratos, a pesar de que las propiedades que los respaldaran valiesen muy poco. La gente se endeudo mucho y se generó demanda.
Si bien a los sectores más vulnerables de la sociedad norteamericana les va peor que nunca, sus victimarios lograron cuantiosos “rescates” del Gobierno de Obama que son usados, en una medida significativa, para darles a los ejecutivos las “bonificaciones” más altas de la historia. El Premio Nobel de economía Paul Krugman asegura que “…Wall Street es culpable del peor desastre económico y político de la historia americana..” .
Los países centrales son escenarios del agotamiento del capitalismo financiero como sector dominante de la economía mundial, que persiste en las mismas fórmulas privatistas que ya fracasaron.
Se dibujan en el planeta dos mundos en perspectiva. El que propone la continuidad neoliberal-conservadora es empíricamente inviable y el otro mundo posible, basado en la solidaridad, la igualdad y la autodeterminación de los pueblos, detrás del cual caminan pueblos y gobiernos suramericanos. El capitalismo presenta crisis de sustentabilidad, pero no de hegemonía cultural e ideológica y la batalla de ideas es el gran escenario de disputa. Frente a la decadencia imperial, nuestra América del Sur se levanta digna y orgullosa.-
Cuando Juan Carlos Romero gobernaba la Provincia de Salta el poder político estaba de rodillas frente a los poderes concentrados nacionales y transnacionales. La Ley de Presupuesto se aprobaba primero en el FMI y, posteriormente, en el Parlamento. El Poder Ejecutivo, durante el menemismo, se convirtió en administrador de negocios del capital financiero y el Legislativo era una escribanía legalizadora de las políticas neoliberales que generaron las crisis mundiales de los años ’70 y la actual. La conducta del senador nacional se explica por el desarraigo que tienen ciertas minorías “ bien” y “pensantes”, que no es lo mismo que decir “bien pensantes”.
La Argentina que añora con nostalgia el senador nacional es la de las “relaciones carnales” con EEUU. El modelo neoliberal- conservador que él defiende estalló en nuestros países a fines del siglo XX y a comienzos del XXI y el caso argentino es paradigmático, porque luego de 25 años de aplicación consecuente de las políticas neoliberales, a través de gobiernos dictatoriales o constitucionales, el resultado fue patético. Se expandió en forma inédita la pobreza, el desempleo, la desigualdad y el desmantelamiento del aparato productivo. De cada 10 niños y jóvenes, casi el 75% estaba, en 2002, por debajo de la línea de pobreza y de indigencia.-
Afirma el profesor de economía política Julio C. González “..en la actualidad EEUU constituye una nación con 9.000.000 de kilómetros cuadrados y con una población de 250.000.000 de habitantes. Su territorio, de atlántico y granjero, devino bioceánico, minero, industrial, tecnológico y altamente científico… La Argentina de país minero y bioceánico se transformó en agropecuario y atlántico. El territorio quedo reducido a 2.000.000 de kilómetros cuadrados…”. –
El senador nacional antes que reivindicar al actual EEUU imperial, tendría que reflexionar que ese país se constituyó en nación defendiendo un nacionalismo que hace a la identidad de una sociedad, a la conciencia de pertenencia y de un destino común, adoptando políticas de fortalecimiento de su propia densidad e integradoras hacia adentro. Ese es el sentido del nacionalismo que está presente siempre en el desarrollo socioeconómico de un país. Actualmente se puede ver con transparencia en los países emergentes de Asia.-
Lo mismo pasa hoy en América del Sur: en Argentina los grandes logros que hemos tenido en ciencia y tecnología con los proyectos del INVAP e incluso los avances en la producción agropecuaria son frutos del buen nacionalismo. Son cosas que se hacen desde adentro del país desde la idea de un proyecto nacional, popular y democrático a futuro y para ello se necesitó un Estado Nacional integrador, con políticas de despliegue del potencial y de inclusión social, no un Estado neoliberal.-
El siglo XXI nos plantea el desafío de superar nuestras divisiones y construir un proyecto común de presente y de futuro. En Salta se ha reconfigurado el papel del Estado, no ya concebido como junta de negocios del privilegio, sino como un ámbito de gobierno que interviene para asegurar la dignidad de la población, especialmente de sus sectores más postergados. Nos queda todavía reflexionar sobre la conveniencia de orientar el modelo productivo hacia una estructuración planificada y estratégica de nuestro desarrollo en la región y en el país.-
Nos enseña el legendario caudillo blanco uruguayo Wilson Ferreira Aldunate, “El Güilson”(1919-1988):”… No hay modo de ser patriota de patria chica, sin ser, por eso mismo y simultáneamente, patriota de la gran patria común latinoamericana…”.
Nicolás R. Juárez Campos.
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