LA PRESIDENTA CRISTINA KIRCHNER EN SALTA CONDENÓ AL NEOLIBERALISMO (por Nicolás Roberto Juárez Campos -miembro fundador del GRUPO YATASTO-)

INSTITUCIONALIZAR LA PROFUNDIZACION DEL MODELO PRODUCTIVISTA
1.-  El 28 de Marzo de 2011 la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, al inaugurar la Cerámica Alberdi en la ciudad de Salta dijo: “… Tenemos el compromiso de transformar la libertad en la igualdad…. San Martín, Belgrano y Güemes no querían la libertad para sentirse libres, porque libres sin educación y sin trabajo, tampoco sirve. Libertad para la igualdad, deben ser las dos grandes consignas del Bicentenario… Yo creo que una de las grandes virtudes de este modelo , es no solo haber generado un proceso de industrialización, sino haber advertido que se iban a desplazar las fronteras productivas…Cuando los daños son materiales, podemos repararlos. El problema es cuando falta la educación y el trabajo por mucho tiempo. Esas cosas cuestan repararlas... Por eso insisto tanto en que debemos profundizar e institucionalizar este modelo que nos dio trabajo…”.-
El corazón del discurso de la Presidenta está en consonancia con el pronunciado en Huracán el 11/3 ante una juventud entusiasmada que le pedía la reelección. Allí afirmó que la próxima etapa de la política nacional estará marcada por la institucionalización del proceso nacional y popular, que se producirá a través de la hegemonía cultural y valorativa. Es decir, la profundización del modelo productivo, inclusivo y solidario, no sólo se hace con un afán transformador, sino fundamentalmente con un espíritu institucionalizador.
La Presidenta afirmó – valga el galimatías - que la única posibilidad de evitar que en el futuro se pueda retroceder en los objetivos conquistados es la profundización del modelo, que se producirá institucionalizando esa misma profundización. La institucionalización requiere de un aumento del profesionalismo político de los militantes y los cuadros políticos que lleven adelante el proceso de profundización y transformación. Se necesita pasión militante pero también perfeccionamiento individual y colectivo. Bien decía Héctor Oesterheld que el héroe es colectivo.-
Pero sobre todas las cosas el discurso en Salta retoma la denuncia de la “Línea histórica Mayo-Caseros” según la cuál Mayo no se hizo para construir una Nación como un fin en sí misma, sino como un medio para conseguir lo que más tarde Caseros consolidó: la creación de un sistema institucional, que encuentra su razón de ser - como toda concepción de la “intelligentzia”- en la célebre máxima “Civilización o barbarie”.-
Según esta concepción el fin no es la Nación, sino las instituciones: la República, la Constitución, la Democracia liberal. Así lo expresa claramente la frase de Esteban Echeverría que figura al pie de su estatua: “…La Patria no se vincula a la tierra natal, sino al libre ejercicio de los derechos ciudadanos...”. De esta forma lo nacional se encuentra subordinado a lo institucional. Y  la traición no deviene de negar su soberanía, sino de alterar el orden institucional. Recordemos el escándalo de los defensores del avión norteamericano - y su cargamento no declarado - por la “audacia” y el “atrevimiento” de nuestro gobierno, sin advertir ni un instante que las visitas habían intentado violar nuestras leyes y burlar nuestra soberanía. Es el eterno divorcio que siempre ha existido entre el marco institucional y el país real. Las dos Argentinas que señalaran Juan Bautista Alberdi, Raúl Scalabrini Ortíz, Monseñor Zaspe y hasta Eduardo Mallea.-
En Europa y en otras ecúmenes lo institucional se encuentra subordinado a lo nacional, es la Nación la que se organiza mediante las instituciones, es un fin y no un medio, al contrario de lo que sostienen nuestros “iluminados” liberales argentinos. He aquí las razones por los cuáles los golpes cívico-militares se inician con el surgimiento de los movimientos nacionales: con Yrigoyen, primero y Perón, después. Es decir, cuando el sistema liberal tambalea ante el proyecto del Movimiento Nacional.-
Los liberales latinoamericanos, autoritarios en lo político y vencedores de las guerras civiles del siglo XIX, escribieron la historia oficial. Guiados por un abstracto “progreso”, diseñaron sociedades a la imagen y semejanza de las naciones poderosas de la época y copiaron sus instituciones y sus cartas magnas, sin importar que ellas respondieran a circunstancias e idiosincrasias ajenas a las raigalmente nuestras. Para ellos civilizar fue desnacionalizar.-
 Para configurar el proyecto de organización nacional consideraron imprescindible renunciar a lo criollo y a lo popular que constituían la identidad medular americana. Bregaron por la transformación de la Argentina en lo que no era, pero que ellos consideraban que debía ser. Porque no se trataba de hacer un país confortable para las grandes mayorías populares, sino de adaptarlo a las necesidades de los poderosos. Claramente lo expuso Sarmiento: “...Hemos de componer la población para el sistema de gobierno, no el sistema de gobierno para la población…Necesitamos cambiar nuestras gentes incapaces para la libertad…”.-
Resulta fácil entonces comprender la causa por la cual todavía se niega la existencia legal de la Constitución sancionada en 1949, la única verdaderamente nacional y el golpe más certero que recibió el liberalismo.
Porque la sustitución de la Constitución Liberal por la Nacional, impedía al régimen la asimilación del peronismo y su neutralización, como hiciera con el radicalismo, a la vez que organizaba el sistema institucional de acuerdo con las exigencias del país real.-
En efecto, y como apunta Perry Anderson, el neoliberalismo surgió después de la Segunda Guerra Mundial como una “reacción teórica y política vehemente” contra el Estado de Bienestar. Añade que su texto de origen fue “Camino de Servidumbre”, de Friedrich Hayek, publicado en 1944, que constituyó “un ataque apasionado contra cualquier limitación de los mecanismos de mercado por parte del Estado”. Su tesis (y utopía) básica, es que el mercado conforma el mejor instrumento para la asignación de recursos y  la satisfacción de necesidades.-
El neoliberalismo apuntaló la línea histórica Mayo-Caseros. Su objetivo central: promover un máximum de crecimiento económico de libre mercado y del lucro del capital privado, abatir el costo de la fuerza de trabajo y cercenar el gasto público social. Durante la primera administración Reagan, el neoliberalismo tuvo un cambio muy significativo. Se articuló con ciertas posturas neoconservadoras y surgió una nueva síntesis: Por un lado, se dio un ensamble del ideario neoliberal con valores democráticos, típicamente neoconservadores (mientras que en el neoliberalismo clásico siempre ocuparon un lugar subordinado). Se vigorizó la noción de “capitalismo democrático”, no habría democracia sin capitalismo, aunque no siempre las sociedades capitalistas son democráticas.
El neoliberalismo es la etapa superior del liberalismo, en que los monopolios y los oligopolios traban la libertad del mercado, arrojan de él a los pequeños competidores e imponen sus reglas en todos los órdenes: el económico, el cultural , el político y –muy especialmente- el comunicacional. El liberalismo nace en Inglaterra con la derogación de las corn laws (leyes de cereales), entonces es casi una creación tan argentina como el dulce de leche, porque gracias al trigo generoso de la “abundancia fácil” que se vendió a bajo precio a los industriales británicos, se posibilitó que éstos y proletarios terminaran con la aristocracia terrateniente.-
2.-  El discurso de Salta pulveriza al “neoliberalismo” que ha sustentado ideológicamente al modelo exclusivamente agroexportador y, sobre todo, a las grandes finanzas. Dijo efusivamente Cristina: “mercado interno más exportación”. Sabemos, que Argentina formo su modelo oligárquico-exportador con un fuerte contenido rentístico, fundado en la renta de la tierra.
Esa filosofía se traslado luego a las clases medias e impidió que el país ingrese en el desarrollo industrial, al mismo tiempo que Canadá o Australia. Argentina recién lo hace en la década del 30, solo porque se vio obligada a sustituir importaciones. Los estancieros, cuando se cayó el modelo agroexportador, podrían haber invertido en la industria y no lo hicieron. ¡Fueron muy estúpidos y antinacionales!-
En la Argentina, desde la Revolución Fusiladora del ’55, hasta el 25 de mayo del 2003, nuestra Guerra de Secesión, la venía ganando el sector ligado al Centenario, “granero del mundo” más valorización financiera. El proceso de industrialización que se inicia entonces es el período de mayor crecimiento de nuestra historia, más que durante el modelo agroexportador y muy superior al boom financiero.-
Lo paradójico, lo incomprensible de la Argentina, es que esa minoría haya logrado convencer a las mayorías que el modelo que más la favoreció es el que generó la decadencia del país. Ésta fue la tragedia argentina. Aquí el Norte no se dio cuenta que era el Norte.-
Para entender el fenómeno es fundamental aceptar la verdadera tarea de lavado de cerebro que -desde los ’60- realizan los medios de descomunicación , los economistas del establishment, las consultoras sobre la población, todos aquellos que en nombre del “realismo periférico”, desguazaron el país. A partir de la dictadura cívico-militar de 1976, Argentina cambia el patrón de acumulación de capitales y ahí se profundiza la decadencia económica. Y sufre una doble derrota: política, porque destruyen varías generaciones de dirigentes y cultural, porque quiebran ciertos valores del pasado productivo que movían el país.-
POLITIZAR LA CULTURA Y CULTURIZAR LA POLITICA
La derrota cultural fue decisiva. Se abandonó la mirada a largo plazo, se perdió la noción de estrategia nacional y – es sabido – que quien vive en la coyuntura está condenado a morir, porque allí se impone siempre el más fuerte. El débil solo puede imponerse con paciencia.
La Presidenta ha convocado a la dirigencia salteña a acortar la distancia entre el pensar y el hacer, a comprometer el pensamiento con la vida. El  pueblo salteño está más decidido a la transformación que cierta clase política empachada por el liberalismo conservador. Para la profundización del modelo productivo debemos lograr una estructura de cuadros y militantes que sean mejores que el resto dirigencial, en lo técnico-político y en lo ético.-
La historia de los últimos 20 años, nos señala que el orden liberal- conservador que rige a partir del derrumbe de la bipolaridad “Capitalismo vs. Comunismo” estableció un mundo Unipolar bajo la égida de los ideales  liberales en economía (en ciertas ocasiones) y (siempre) conservadores en política.-
Algunos dirigentes que formaron parte de los elencos del modelo neoliberal, por más que quieran cambiar – para subsistir - habrá que ver si tienen el coraje y se los permite su real pertenencia ideológica. Mientras la Presidenta analizaba la estrategia para recuperar el aparato productivo y desarrollar un polo de alta tecnología, estos dirigentes “estreñidos de espíritu” escucharían, acusador, en sus cabezas, el verso de Eladia Blázquez “...merecer la vida no es callar y consentir...”.
3.- Los argentinos durante mucho tiempo seguiremos padeciendo los efectos corrosivos y disolventes de la hegemonía política e ideológica del neoliberalismo sobre la democracia. Las consecuencias negativas del brutal sometimiento de la democracia al mercado saltan a la vista: los valores, creencias y actitudes requeridos para que una democracia pueda funcionar han sido corroídos hasta la médula por largos años de irresponsabilidad estatal, el continuo ataque a los valores de la solidaridad y la igualdad, el desenfrenado culto al egoísmo y a la riqueza, y el desprecio cultivado desde las más altas esferas del poder hacia todo lo que nos apartara de la lógica mercantil.-
Muchos no comprendieron, por desentendidos o mediocres, que la Presidenta fustigó en su discurso, con gran solvencia intelectual al “liberalismo” argentino y a su prefijo “neo” conservador. Cuando el neoliberalismo asesinó a sangre fría al zoon politikon de Aristóteles, personaje social y político, fundamento imprescindible de todo orden democrático, y lo sustituyó por la sórdida figura del  homo economicus de la economía neoclásica, el resultado no fue el florecimiento de todas las libertades sino la instauración de un orden despótico asentado sobre la desesperación y la desesperanza de la estafada ciudadanía democrática.
En el fragor de los mercados lo que cuenta no son los valores, sino los precios. Al fin y al cabo “Un fascista no es más es un liberal asustado...”, y más asustado aún si los medios de desinformación monopólicos se encargan de anunciar, diariamente, el apocalipsis, desde el primer noticiero de la mañana.-
El discurso de Cristina enarbolando certezas incontrovertibles, se constituye entonces, como dice el poeta español, “en un viento que viene/ a romper miniaturas y abanicos de encaje” y toda la cristalería tallada durante años por los coquetos snobs de la factoría provincial se quiebra estrepitosamente. La juventud salteña se convencerá que “habrá que desaprender todo lo malo, para poder recién después empezar a aprender lo bueno”, que no hay “ideas foráneas” que nos puedan condicionar. Arturo Jauretche lo explicaba magistralmente: “…No se trata de “incorporarnos a la civilización”, colonialmente, sino de que “la civilización se incorpore a nosotros” para asimilarla y madurarla con nuestra propia particularidad...”.-
El neoliberalismo transforma  la política en una cuestión de gerencia: sólo se trata de administrar mejor lo mismo y nada es cuestionable. Una de sus peores prácticas es el escamoteo de las discusiones de fondo y el consiguiente vacío de la agenda política. No está en discusión cuál es el proyecto de provincia deseable, ese debate sustancial no existe. Para ello, se eleva a la categoría de objetivos a los que son sólo instrumentos. No se toman como metas la homogeneidad social, la eliminación de la pobreza o la industrialización de la provincia.-
Muchos políticos locales – algunos con protagonismo nacional -  siguen presentando como objetivos supremos los que en rigor serían instrumentos o metas macroeconómicas incuestionables (que hay que cumplir y no discutir): el equilibrio fiscal, las privatizaciones, el orden, etc. Logran hacer desaparecer del temario los verdaderos objetivos y pocos se animan a salir a la palestra a reflexionar o polemizar.-
Esteban Echeverría, autor del Dogma Socialista, en una carta que le escribe a su amigo Félix Frías en 1851, antes de morir,  hace un balance del período comprendido de Mayo a Rosas y da cuenta con innegable dolor de la distancia que separaba al pensamiento liberal de la verdadera libertad de aquel pueblo, que la generación del 37 había idealizado y al que querían elevar a los niveles de “la Inglaterra o la Francia”. Sin dudas se arrepintió de aquel pensamiento todavía inscripto al pie de su estatua.- En esa carta expresa Echeverría: “…. Los habitantes de nuestro país han sido robados, saqueados, se les ha hecho matar por miles. Se ha proclamado  la igualdad y ha reinado la desigualdad más espantosa; se ha gritado libertad y ella sólo ha existido para un cierto número; se han dictado leyes y éstas sólo han protegido al poderoso...Para el pobre no hay leyes, ni justicia, ni derechos individuales, sino violencia y persecuciones injustas…”.-
Unas décadas más tarde, el teórico liberal más notable que dio nuestro país, Juan Bautista Alberdi, el autor del libro que sirvió de base para la redacción de la Constitución Nacional de 1853, escribía:” Los liberales argentinos son amantes platónicos de una deidad que no han visto ni conocen. Ser libre para ellos, no consiste en gobernarse a sí mismos sino en gobernar a los otros. La posesión del gobierno: he ahí toda su libertad. El monopolio del gobierno: he ahí todo su liberalismo…El disidente es enemigo: la disidencia de opinión es guerra, hostilidad que autoriza la represión y la muerte…”.-
Ambos pensadores, los más lúcidos exponentes del liberalismo criollo del siglo XIX, ponían el dedo en la llaga: la dicotomía existente entre una práctica política conservadora y una proclamada ideología liberal que sólo se expresa en algunos aspectos económicos. Porque la crítica liberal que plantea la “no intervención estatal” no funcionó nunca en Argentina si se trata de obras públicas pagadas - con fondos estatales – a contratistas cercanos al poder,  o de salvar a los Bancos privados, como viene ocurriendo desde 1890.-
Para los liberales argentinos estas intervenciones estatales en la economía no eran ni son vistas como tales, pero sí califican como “gasto público” a lo que los propios teóricos del Estado Liberal denominan sus funciones específicas como la salud, la educación, la justicia y la seguridad y que son denominados, incluso por los “organismos financieros internacionales”, como “inversión social”, porque el Estado recuperará cada peso invertido en una población sana y con capacidad laboral y tributaria.-
Si es Estado no cumple con estas funciones básicas, decía John Locke (1632-1704), uno de los padres fundadores del liberalismo, el pacto social entre gobernantes y gobernados se rompe y los ciudadanos tienen derecho a la rebelión. La alta burguesía europea observaba con preocupación la masa de trabajadores que surgía alrededor de las ciudades industriales y necesitaba una doctrina que explicase este hecho como inevitable. Tal doctrina fue desarrollada por el escocés Adam Smith y el británico Thomas Malthus.-
La Presidenta condenó a ese liberalismo político y económico que sustenta toda economía de factoría y convocó a los dirigentes salteños- especialmente a los justicialistas- a profundizar la construcción de un Estado Social y a cambiar la estructura del poder político, que haga posible que el Estado se transforme en un instrumento apto para gobernar la sociedad y para combatir a los males que nos agobian.
El Estado es un resultado de las relaciones de poder existentes, a la vez que un instrumento para determinar qué grupos sociales serán favorecidos en prioridad. Es indispensable un fortalecimiento del Estado en ciertas actividades; y las áreas de las que se retira y en las que el interés general esté comprometido deberán ser ocupadas por la sociedad en su conjunto y no por grupos de presión.-
La Presidenta nos alertó a pensar y desmitificar otra zoncera: Si la historia la escriben los que mienten, eso quiere decir que hay otra historia. Nos convocó a “…sentirnos orgullosos de haber nacido en estas tierras...”. Los dirigentes salteños estamos aquí para concretar metas, para soñar y realizar utopías, en sintonía con el proyecto nacional y popular que conduce la Presidenta. Es hora de politizar la cultura y de culturizar la política. Es hora que la dirigencia salteña haga suya una frase del gigantesco fundador de pueblos, José Martí: “…El amor a la patria es el odio invencible a quien la oprime. Es el rencor eterno a quien la ataca. Y calle el pedante vencido; que no hay patria en que pueda tener el  hombre más orgullo que en nuestras dolorosas repúblicas americanas...”. -
Nicolás R. Juárez Campos
Salta, 4 de abril de 2011.

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