EL GENERAL SAN MARTIN: UN PROTOPERONISTA (por Nicolás Roberto Juárez Campos -miembro fundador del Grupo Yatasto-)





1.- En este nuevo aniversario del fallecimiento del General San Martín (17 de agosto de 1850), es importante recordar lo que afirmaba Arturo Jauretche: que la falsificación de la historia es una “política de la historia”, que el revisionismo histórico también lo es y que debe ser una política combatiente, porque solo quiere crear las condiciones en que se pueda ser ecuánime y no consiste en desnudar a un santo para vestir a otro.

Es fundamental rescatar al San Martín político, al revolucionario hispanoamericano cuyo objetivo central, frustrado y grandioso, fue el de crear una América hispánica unida, democrática e independiente. El pueblo argentino necesita conocer su propia historia, como es necesario a los que quieren mantenerlo en el pasado, impedir que la conozca.

En la Orden del 27 de julio de 1819, San Martín afirma: “…Compañeros del Ejército de los Andes: La guerra se la tenemos que hacer como podamos: si no tenemos dinero; carne y tabaco no nos tiene que faltar. Cuando se acaben los vestuarios andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios, seamos libres y lo demás no importa…..Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje”. Lo primero a decidir como argentinos, es si queremos ser libres o esclavos, y a partir de ello tendremos una política, una economía y una cultura, etc.

Después de los golpes cívico-militares de 1930 y 1976, el establishment político-económico de la Argentina Granero del mundo, pone un fuerte acento en los próceres militares y en los aspectos militares de los próceres, especialmente de San Martín, dejando de lado lo político del general. En 1933, durante el gobierno del general Agustín P. Justo, se creó el Instituto Sanmartiniano en el seno del Círculo Militar y sus fundadores pidieron que los 17 de agosto, fecha que todavía no era feriado, se dedicara cinco minutos de recogimiento para recordar al guerrero. En 1937 la fecha se declara feriado y se empieza a consolidar el mito del San Martín Libertador.

Nuestra historia oficial comienza a destacar la decisión sanmartiniana de no comprometerse con los  conflictos de su patria, debido a que cuando San Martín regresa desde Bruselas a Buenos Aires, en 1829, se niega a entrar en las luchas civiles. Pero se oculta que antes, en 1812, había protagonizado como Jefe de Regimiento de Granaderos la destitución del Primer Triunvirato; había apoyado a Álvarez Thomas al derrocar a Carlos de Alvear como Director Supremos; había pedido ser gobernador de Mendoza; y en Lima se había autoproclamado Protector del Perú, pese a que las instrucciones del Senado de Chile le indicaban que el poder político debía ser asumido por un peruano.

2.-También se silencia, que el encuentro entre Sarmiento y San Martín, en Francia, fue muy conflictivo, porque cuando hablan de Rosas, a quien el sanjuanino odiaba y el Libertador apreciaba, éste destaca su mérito en la defensa de la soberanía nacional durante los bloqueos, cuando los criollos enfrentaron corajudamente a la escuadra anglo-francesa.

San Martín tuvo siempre el coraje de oponerse al poder porteño, a los doctores unitarios, y su apoyo a Don Juan Manuel de Rosas no era retórico, sino que se movía por las cancillerías europeas, donde tenía mucho prestigio, defendiéndolo. Debemos recordar que San Martín vivía en Francia y estaba defendiendo a su patria en un conflicto armado con Francia, arriesgando su expulsión, a diferencia de varios unitarios (Echeverría, Florencio Varela, Alberdi, etc.) que observaban los hechos embarcados en la flota francesa y hoy honramos con calles y monumentos.

Más tarde San Martín le escribe a Rosas y al expresarle sus respetos y felicitaciones le dice: “Ahora los gringos sabrán que los criollos no somos empanadas, que se comen así nomás sin ningún trabajo”. Quizás por este hecho San Martín dispuso en su testamento que el sable que lo acompaño en todas sus campañas fuera entregado a Juan Manuel de Rosas, por la satisfacción que tuvo “…como argentino, por la firmeza con que aquel general sostuvo el honor de la república contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla..”.

3.- Un momento fundamental en la vida de San Martín fue su insubordinación en Rancagua. Su negativa a desandar con el Ejército de los Andes el camino hasta Buenos Aires para defenderla del acoso de los caudillos López y Ramírez, nunca le será perdonada y será sometido a una persecución permanente y difamatoria de Buenos Aires, sobre todo por parte de Alvear y de Rivadavia, como también por la Logia Lautaro, que en ese momento estaba al servicio de los intereses británicos. Precisamente por su rebeldía ante Buenos Aires, marchó a Lima con un ejército con bandera chilena y con fondos de la misma nacionalidad.

La desobediencia de San Martín fue una decisión sabia, al no brindar su ejército para la represión interna. Pueyrredón propicia la invasión portuguesa de la Banda Oriental para combatir a Artigas y le ordena a San Martín que regrese con su ejército y encabece la represión de los orientales. El general le escribe a Artigas y le expresa: “Paisano mío, hagamos un esfuerzo y dediquémonos únicamente a la destrucción de los enemigos que quieren atacar nuestra libertad. No tengo más pretensiones que la felicidad de la patria. Mi sable jamás se sacará de la vaina por opiniones políticas, salvo que éstas sean a favor de los españoles y de su dependencia…”.

Lo más importante era finalizar la guerra de la Independencia contra España. En la Provincia de Salta, San Martin, Belgrano y Güemes planifican la estrategia  continental en Yatasto. Algunos historiadores liberales tejieron una red de infundios en contra de San Martín, porque argumentan que lo de Rancagua es una actitud radicalmente transgresora de la disciplina militar, pero nuestra guerra libertadora hubiera fracasado de no haber sido por esa decisión política. Es un interesante antecedente del cuestionamiento a la “obediencia debida”, porque San Martín se niega a obedecer aquellas órdenes que considera ilegítimas.

Don José llega al encuentro con Bolívar en Guayaquil (26/27 de julio de 1822) muy debilitado, no tenía respaldo ni siquiera vínculos con Buenos Aires a causa de estas desobediencias.  En Buenos Aires dominaba Rivadavia su gran enemigo. El libertador se retira porque no tiene apoyo de su patria. En una carta que le escribe a O’Higgins desde Bruselas, San Martín sostiene que ni siquiera el exilio logró calmar el encono de Rivadavia en su contra y se queja de que se vale de los periódicos para calumniarlo. Cito textual: “… Sus carnívoras falanges se destacan y bloquean mi pacífico retiro. Entonces fue que se me manifestó una verdad que no había previsto, a saber: que yo había figurado demasiado en la Revolución para que me dejasen vivir con tranquilidad…Me escribieron de Buenos Aires que por su disposición (de Rivadavia) se dieron los artículos asquerosos que aparecieron contra nuestra honradez y reputación en los periódicos de Buenos Aires..”.

4.-  Los historiadores Hugo Chumbita, José Ignacio García Hamilton, Benjamín Vicuña Mackenna (chileno), Felipe Pigna, Pastor Obligado, Mitre y Vicente Fidel López, sostienen que San Martín era hijo de una india guaraní y del  rico marino español Diego de Alvear, que llegó al Río de la Plata en 1776 . Según la versión, la criatura habría sido entregada al matrimonio Juan de San Martín y Gregoria Matorras para que la criaran. Posteriormente, Diego se casó y tuvo varios hijos legítimos, entre ellos, Carlos de Alvear, que vendría entonces a ser medio hermano de José. Recordemos que los dos viajan juntos desde Londres a Buenos Aires, en el barco George Canning, e integraban la Logia Lautaro de la que Alvear era el jefe. Hay una carta de Diego de Alvear en la que dice que van para allá “mis hijos”, para colaborar en la Revolución.

A las corporaciones, los apropiadores del pasado, los que lo falsifican para que el pueblo no lo aprenda ni aprehenda, a los representantes de la Argentina granero del mundo, a los “dueños” de la historia y la tierra, les molesta que don José pudiera ser hijo de una “cabecita negra”. Alberdi sostenía: “Los liberales han establecido un despotismo turco en la historia en nombre de la libertad”. La falsificación del pasado es una “política de la historia” y forma parte de la colonización pedagógica.

Actualmente el historiador Hugo Chumbita; Ramón Santamarina, descendiente de Carlos de Alvear y Diego Herrera Vegas, un genealogista que posee el original de la “Cronología de mis antepasados” de Joaquina de Alvear y Quintanilla de Arrotea (hija de Carlos de Alvear), han solicitado al Senado de la Nación que se practique un análisis de ADN sobre los restos de San Martín.

El político San Martín es un líder que genera una línea de pensamiento que de algún modo se iba a emparentar con el pensamiento peronista ligado al nacionalismo. Aspiraba a aplicar los principios progresistas del liberalismo a su propia patria continental: independencia política, proteccionismo, liberación de los indios, unidad nacional, educación popular, la emancipación de los esclavos, libertad de imprenta, la inviolabilidad del domicilio, las garantías individuales, la división de poderes y la abolición de la inquisición, la censura previa, los azotes en las escuelas y las torturas policiales.

La caída del partido morenista y la oscura muerte de su jefe en alta mar había dejado en Buenos Aires un vacío político que sólo colmará San Martín al llegar en 1812. Advierte que la revolución recién iniciada entrará en agonía si no se traduce en actos destinados a ganar el apoyo de las amplias masas populares del interior y destruir con medios militares el foco central de la reacción absolutista en Lima.

El pensador Horacio González considera que San Martín “necesita una camada de nuevos investigadores que lo vuelvan a agitar como mito. Bolívar los tiene. Creo que San Martín tiene que ser puesto nuevamente en la mesa del debate. Hay una necesidad de una revisión que lo coloque como parte de la memoria argentina al rigor de nuevas interpretaciones. Toda época necesitaría un nuevo San Martín. Y hay momentos de su vida que permitirían acceder a esas nuevas aristas de historicidad…”.

El Arzobispo de la oposición conservadora Hugo Biolcati, en su discurso de la Sociedad Rural de Palermo Soha, junto a los “patrones camperos”  y  a los dirigentes del “peornismo de Pro”, reivindicando el Primer Centenario como “un momento colosal” y el papel de los terratenientes en la historia argentina, confirma que la línea histórica Mayo-Caseros sigue imperando sobre la sensibilidad y los imaginarios culturales, tergiversando los hechos históricos, porque para sus representantes y bufones hacer un país es hacer cifras. Nosotros creemos que hacer una país es hacer hombres para que, a su vez, los hombres hagan el país y lo integren a la Gran Nación Suramericana.

Salta, 17 de Agosto de 2010.

Nicolás R. Juárez Campos.

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